La batalla por su protección se libra en los pasillos burocráticos y en la conciencia de cada visitante
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
En las costas del Pacífico mexicano, donde el oleaje besa la arena dorada del Soconusco y la región Istmo-Costa, se libra una batalla silenciosa, pero crucial por la supervivencia de una de las especies más ancestrales del planeta. El Santuario Playa Puerto Arista, un corredor biológico de suma importancia en el estado de Chiapas, se encuentra en el ojo del huracán. Mientras miles de tortugas marinas llegan a sus costas para perpetuar su especie, la sombra de la irresponsabilidad humana se cierne sobre los nidos: cuatrimotos que surcan la arena y eventos multitudinarios amenazan con romper el frágil ciclo de vida que, con esmero, autoridades y voluntarios intentan proteger.
En una postura firme y sin precedentes, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) han levantado la voz para advertir sobre los graves riesgos que representan las actividades no reguladas en esta Área Natural Protegida. La advertencia, que resuena con especial fuerza en las comunidades costeras de Chiapas, llega en un momento crítico, justo cuando se analizan los exitosos resultados de la temporada de anidación 2026 y se vislumbran propuestas de particulares para realizar eventos masivos o permitir la circulación de vehículos motorizados sobre la playa.
Chiapas no solo es riqueza cultural y arqueológica; su grandeza se mide también en la vastedad de sus ecosistemas. Con más de 260 kilómetros de litoral en el Pacífico, el estado se posiciona como un punto neurálgico para la conservación de las tortugas marinas. Especies como la golfina (Lepidochelys olivacea), la laúd (Dermochelys coriacea) —la más grande del mundo— y la prieta (Chelonia agassizii) encuentran en playas como Puerto Arista, la Gloria y Boca del Cielo el refugio perfecto para culminar su peregrinar oceánico.
El Santuario Playa Puerto Arista es, sin duda, uno de los joyeles de la corona chiapaneca en materia ambiental. Este tramo costero no es solo un balneario turístico; es una fábrica de vida. Los datos presentados por las autoridades no dejan lugar a dudas sobre su relevancia ecológica. Durante la temporada de anidación 2025, los registros de la Conanp en la zona reportaron mil 958 nidos, 168 mil 388 huevos y 121 mil 239 crías de tortuga que lograron llegar al mar. Las cifras, por sí solas, son un poema a la resiliencia de la naturaleza.
Aún más impresionantes son los números proporcionados por la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural de Chiapas (Semahn), que, con un perímetro de monitoreo más amplio en la misma zona costera, contabilizó tres mil 257 nidos y 283 mil 254 huevos. Estas estadísticas pintan un panorama claro: el litoral chiapaneco es una de las guarderías de tortugas marinas más importantes del Pacífico mexicano, y su preservación es una responsabilidad compartida entre la federación y el estado.
LA AMENAZA SILENCIADA: EL RUIDO, LA COMPACTACIÓN Y LA LUZ
Sin embargo, este santuario de vida enfrenta peligros que no siempre vienen del mar, sino de la arena misma. La circulación de cuatrimotos y vehículos todo terreno (ATV) sobre la playa se ha convertido en una práctica recurrente que, aunque pueda parecer inofensiva para el ojo inexperto, resulta devastadora para los microecosistemas playeros.
De acuerdo con el diagnóstico técnico de Profepa y Conanp, el impacto es múltiple y letal:
1. Destrucción Mecánica de Nidos: El peso de estos vehículos puede colapsar las cámaras de incubación subterráneas donde las hembras depositan entre 80 y 100 huevos. Un solo paso de una llanta puede aplastar y condenar a cientos de embriones, borrando en segundos el esfuerzo reproductivo de una noche.
2. Compactación de la Arena: Las tortugas marinas, especialmente las crías, dependen de una arena suelta y aireada para poder excavar su camino hacia la superficie después de la eclosión. La compactación generada por el tránsito constante de vehículos endurece el suelo, atrapando a las crías bajo tierra o agotando sus reservas de energía en un esfuerzo sobrehumano por liberarse.
3. Perturbación por Ruido: El rugido de los motores de las cuatrimotos genera vibraciones en el sustrato que desorientan a las hembras durante el proceso de anidación, provocando que abandonen la playa sin depositar sus huevos (lo que se conoce como “arribazón fallida”) o que los depositen en zonas de menor calidad, como cerca de la línea de marea alta.
4. Contaminación Lumínica: La presencia de faros, lámparas y luces artificiales asociadas a eventos nocturnos masivos o al tránsito vehicular es una de las principales causas de desorientación de las crías. Al nacer, las pequeñas tortugas utilizan el reflejo de la luna y las estrellas sobre el mar para guiarse. La luz artificial las atrae hacia tierra adentro, donde mueren de deshidratación, son depredadas o atropelladas.
LA POSTURA DE CHIAPAS: TOLERANCIA CERO A LA ILEGALIDAD
Ante las presiones de particulares que buscan rentabilizar el uso de la playa con eventos masivos o renta de vehículos motorizados, la respuesta de las autoridades ambientales ha sido contundente. La Profepa, la Conanp y la Semahn han conformado un frente común para blindar el santuario.
Las dependencias subrayaron que no se otorgarán autorizaciones para actividades que pongan en riesgo a las tortugas marinas o su hábitat. En un mensaje dirigido tanto a la iniciativa privada como a los turistas, dejaron claro que la ley ambiental no es negociable. “El Santuario Playa Puerto Arista tiene una vocación de conservación prioritaria. Las cifras récord de anidación que hemos visto son fruto de años de trabajo y vigilancia. No permitiremos que intereses ajenos a la conservación echen por tierra este esfuerzo”, señalaron fuentes de la Conanp en la región.
La advertencia incluye un componente punitivo ejemplar. En caso de detectarse la circulación de cuatrimotos, la realización de eventos masivos no autorizados, o cualquier acción que contravenga la NOM-162-SEMARNAT-2012 (que establece las especificaciones para la protección de tortugas marinas), se iniciarán procedimientos administrativos de inmediato. Las sanciones pueden incluir multas económicas sustanciales, clausura de actividades e incluso el aseguramiento de los vehículos involucrados.
Más allá de las sanciones, el espíritu del comunicado conjunto apela a la responsabilidad compartida. Las autoridades hicieron un llamado explícito a la sociedad en general y, de manera particular, a los prestadores de servicios turísticos de la región de Tonalá y Puerto Arista.
Chiapas vive del turismo, pero de un turismo que debe ser sostenible. La belleza escénica de sus playas es inseparable de su biodiversidad. Un turista que visita Puerto Arista no solo busca sol y mar; busca la experiencia única de presenciar, si tiene suerte, una “arribada” de tortugas o la liberación de crías, un espectáculo que solo es posible en un entorno sano.
“La tortuga marina es nuestro principal atractivo. Si la matamos con el ruido y las cuatrimotos, matamos nuestra propia fuente de ingresos”, comentó un prestador de servicios local, consciente del dilema. El ecoturismo y la conservación deben caminar de la mano, y en este sentido, las autoridades han propuesto reforzar los programas de educación ambiental y vigilancia participativa, donde los mismos hoteleros y restauranteros se conviertan en vigilantes del santuario.
UN FUTURO INCIERTO PERO CON ESPERANZA
El equilibrio es frágil. Mientras las tortugas marinas, viajeras incansables que han surcado los océanos desde la era de los dinosaurios, siguen confiando en las costas de Chiapas para nacer, la batalla por su protección se libra en los pasillos burocráticos y en la conciencia de cada visitante.
La postura de la Profepa, la Conanp y la Semahn es un faro de esperanza en medio de la amenaza. Al priorizar la vida silvestre sobre el interés comercial de unos pocos, Chiapas reafirma su vocación de estado verde, guardián de la biodiversidad. Los más de 283 mil huevos contabilizados la temporada pasada son el argumento más poderoso para decir “no” a las cuatrimotos. Son la prueba viviente de que, cuando se protege, la naturaleza responde con generosidad.
La próxima temporada de anidación pondrá a prueba la eficacia de estas advertencias. Por ahora, la consigna es clara en el litoral chiapaneco: en la playa, la única huella que debe quedar es la de las pequeñas aletas de las crías dirigiéndose al mar, no la marca de las llantas de una cuatrimoto. La defensa del santuario ha comenzado.




















































