El proyecto ligado al corredor ferroviario avanza con rezago en varios de sus frentes de construcción
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Cuando se revisa el estado actual del parque lineal que se construye bajo el viaducto del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec en Huixtla, el proyecto aparece lejos del ritmo que sugería su calendario oficial, dado que a casi tres meses del plazo anunciado apenas alcanza cerca del 50 por ciento de avance. La intervención urbana se extiende por tres kilómetros bajo la Línea K y fue presentada como un nuevo espacio recreativo para una ciudad que, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), supera los 57 mil habitantes.
Mientras el plan federal planteó el parque como un punto de encuentro social para la población, el recorrido actual por la zona verificó que buena parte de la obra permanece en etapas iniciales. Amplias superficies continúan en obra negra y varias planchas de concreto siguen inconclusas, de modo que los andadores, juegos infantiles y áreas deportivas todavía no aparecen en el paisaje urbano que se prometió.
Aunque la intervención se presentó como un proyecto de recuperación urbana, su desarrollo implicó transformaciones profundas en el entorno inmediato del antiguo trazo ferroviario. Cerca de un centenar de comerciantes ambulantes fueron retirados del área de la estación y del mercado municipal, además de que más de 50 familias que habitaban junto a la vía tuvieron que ser reubicadas para liberar el derecho de vía.
Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum visitó Huixtla en marzo de 2025, el parque lineal se anunció como parte de una estrategia para mejorar la imagen urbana y conectar barrios separados por la infraestructura ferroviaria. El reto adquirió mayor dimensión si se considera que solo el 44 por ciento de la población urbana del país tiene acceso cercano a parques o áreas recreativas, de acuerdo con el Inegi.
Aunque el proyecto también contempló la rehabilitación del arroyo Cuzco y un corredor recreativo entre la colonia El Relicario y los límites con Tuzantán, varios de esos componentes todavía no aparecen en el terreno. Dentro de un plan ferroviario que prevé más de mil 200 kilómetros de vías en el sureste y frente a un déficit nacional cercano a seis mil hectáreas de espacios públicos urbanos reportado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, la obra de Huixtla avanza a medio camino entre la expectativa urbana y el calendario que prometía su entrega.











































