El nivel medio superior concentró más estudiantes que dejaron la escuela en Chiapas durante el último ciclo escolar
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Aunque la reapertura de escuelas en algunas regiones ha sido presentada como un avance en la recuperación social, Chiapas cerró el ciclo escolar 2024-2025 con más de 71 mil estudiantes fuera de las aulas, colocándose como la segunda entidad con mayor deserción en el país y exhibió que el retorno físico a clases no ha sido suficiente para contener el abandono educativo.
Mientras el discurso institucional apunta a una normalización paulatina, las cifras mostraron un deterioro sostenido, al considerar que la deserción creció 19.9 por ciento respecto al ciclo anterior, en una entidad que ya arrastraba rezagos estructurales y que, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, concentró uno de los niveles más altos de abandono en educación media superior, el segmento más vulnerable a abandonar la escuela por presión económica.
Debido a que la violencia interrumpió la continuidad escolar en la zona fronteriza durante al menos tres ciclos consecutivos, el impacto no solo se tradujo en ausencias temporales, dado que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía estimó que más del 40 por ciento de estudiantes que interrumpen sus estudios por causas externas no logra reincorporarse, lo que convirtió cada cierre escolar en una salida definitiva del sistema educativo.
A medida que el fenómeno se profundizó en regiones como Los Altos, el abandono dejó de ser una decisión individual y se convirtió en una consecuencia de condiciones sociales adversas, puesto que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social ubicó a la entidad con más del 67 por ciento de su población en situación de pobreza, factor que incrementa la probabilidad de que niñas, niños y adolescentes se integren al trabajo informal desde edades tempranas.
En tanto la migración y la falta de oportunidades desplazan a estudiantes fuera del sistema educativo, los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, advirtieron que en contextos de alta vulnerabilidad hasta tres de cada 10 jóvenes en edad escolar corren riesgo de abandonar sus estudios, lo que transformó la deserción en un problema estructural que no solo compromete el presente académico, sino también las posibilidades de desarrollo social en la entidad.











































