La falta de infraestructura obliga a cientos de familias a depender de pipas durante la temporada de estiaje
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Con una red hidráulica deteriorada en casi la mitad de su extensión, Villa Comaltitlán enfrenta una crisis que ya no puede explicarse como un problema estacional, sino como una falla estructural que limita el acceso básico al agua para miles de habitantes.
Al analizar el diagnóstico oficial, el dato más contundente se ubica en el 45 por ciento de la infraestructura que se encuentra obsoleta o en condiciones críticas, lo que provoca pérdidas constantes antes de que el recurso llegue a los hogares, en un sistema que apenas cubre a dos mil 895 usuarios en 15 colonias.
La precariedad del servicio se vuelve más notoria cuando ninguna colonia cuenta con suministro continuo, esto ha obligado a más de 600 familias a depender de pipas durante el estiaje, una dinámica que incrementa costos para el ayuntamiento y coloca a la población en una situación de vulnerabilidad cotidiana.
Este escenario adquiere mayor dimensión si se considera que más del 96 por ciento de las viviendas en México cuenta con acceso a agua entubada según Instituto Nacional de Estadística y Geografía, mientras que en este municipio la cobertura efectiva dista de garantizar continuidad o calidad, lo que exhibe una brecha significativa en servicios básicos.
La crisis no solo se limita a la distribución, puesto que la planta potabilizadora permanece inactiva y el suministro se realiza sin procesos adecuados, en un contexto donde las enfermedades gastrointestinales representaron una de las principales causas de atención médica en el país, con más de cuatro millones de casos anuales reportados por la Secretaría de Salud.
A esta problemática se suma la presión demográfica de más de 30 mil habitantes y una infraestructura operada por apenas 27 trabajadores, lo que contrasta con el promedio nacional de personal en organismos operadores, estimado en cinco empleados por cada mil tomas según la Comisión Nacional del Agua, una diferencia que limita la capacidad de respuesta local.
Frente a este panorama, la meta de rehabilitar tres mil metros de tubería por año y gestionar una inversión cercana a 120 millones de pesos planteó un reto financiero considerable, sobre todo si se toma en cuenta que en México el gasto público en agua y saneamiento apenas alcanza el 0.3 por ciento del Producto Interno Bruto de acuerdo con datos del Banco Mundial, lo que condiciona la velocidad de solución para este tipo de crisis.











































