Familias y especialistas exigen pasar del discurso legislativo a la apertura de oportunidades efectivas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Las calles de Chiapas se tiñeron recientemente de una energía distinta. No fue una marcha de protesta ni un evento protocolario, sino una celebración de vida. La tercera edición del desfile conmemorativo por el Día Mundial del Síndrome de Down logró reunir a cientos de familias en una jornada donde la alegría fue la protagonista. Sin embargo, detrás de los globos y las sonrisas, el mensaje central fue mucho más profundo, la necesidad de dejar de mirar al síndrome de Down como una condición que requiere “lástima” y empezar a verla como una que demanda, simplemente, oportunidades.
“La verdad es que vivimos con mucha emoción esta tercera edición; nuestras familias estuvieron y están felices, disfrutando una tarde súper contentas con sus hijos”, comentó una de las organizadoras, quien ha visto cómo el evento ha crecido año con año, consolidándose como un espacio de refugio y visibilidad para padres y hermanos que, muchas veces, se sienten solos en su camino.
Para la Fundación “Cuenta Conmigo Down Chiapas”, que ha sido el motor detrás de este esfuerzo, el objetivo es ambicioso, romper con el estigma que ha prevalecido durante décadas. Todavía existe la creencia errónea cargada de prejuicios de que el síndrome de Down es un impedimento para una vida plena.
“Es una condición genética con la que se nace”, explicaron desde la fundación. “Antes se creía que era condicionante para lograr una vida plena, pero ya se mostró que no es así. Trabajamos durísimo para cambiar este tabú que todavía persiste en la gente”.
El problema, coinciden activistas y familiares, es que la brecha entre la ley y la realidad cotidiana es inmensa. Si bien México cuenta con marcos legales robustos en materia de inclusión y derechos humanos, la implementación en la vida diaria sigue siendo una tarea pendiente. La verdadera inclusión no está en un papel, sino en la apertura de una escuela, en la oportunidad de un empleo digno y en la aceptación social en espacios públicos.
“Nos falta un poquito ser más empáticos”, señalaron los testimonios. “Aunque las legislaciones están ahí para ser inclusivos, en la práctica nos quedamos cortos. La sociedad a veces les niega el lugar simplemente por miedo a lo diferente o por ignorancia”.
Esta falta de espacios genera una invisibilidad que duele.
Los jóvenes y adultos con síndrome de Down tienen capacidades que, a menudo, son ignoradas debido a un diagnóstico. La invitación no es solo a tolerar, sino a integrar. Integrar significa entender que tienen habilidades, talentos y, sobre todo, los mismos derechos que cualquier otra persona para desarrollar su proyecto de vida.
“Los chicos, los niños, jóvenes y adultos con síndrome de Down son seres capaces de muchísimas cosas. Lo único que están esperando es una oportunidad”, afirmaron con determinación. “Hagamos conciencia y demos el lugar que merecen”.











































