Organizaciones laborales señalaron que miles de connacionales, bajo programas temporales, viven situaciones de vulnerabilidad
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En un contexto de movilidad laboral internacional que cada año involucra a miles de mexicanos, las condiciones en las que jornaleros agrícolas de Chiapas trabajan en Canadá han sido cuestionadas por un informe reciente que advirtiódeficiencias en vivienda, salud, capacitación, jornadas laborales y pagos, elementos que en conjunto delinearon un escenario de vulnerabilidad persistente.
Aunque el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales permite la salida de cerca de 28 mil mexicanos al año, con alrededor de mil provenientes de la entidad, especialistas y representantes sindicales han advertido que la experiencia laboral en el campo canadiense mantiene rezagos frente a estándares de trabajo digno, en especial en sectores agrícolas de alta demanda.
Datos de la Organización Internacional del Trabajo estimaron que más del 60 por ciento de los trabajadores migrantes en actividades agrícolas a nivel global carecen de acceso pleno a seguridad social, mientras que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha documentado que cerca del 35 por ciento de los jornaleros mexicanos en el extranjero reportó problemas relacionados con condiciones de vivienda o acceso a servicios básicos.
A esto se suma que cifras de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social indicaron que hasta el 25 por ciento de los trabajadores temporales mexicanos en el exterior enfrenta inconsistencias en el pago de horas extra o compensaciones, en tanto que reportes del Banco Mundial señalaron que la barrera del idioma incrementó en más de 40 por ciento el riesgo de abuso laboral en esquemas de migración temporal.
Bajo este panorama, organizaciones laborales han insistido en fortalecer los mecanismos de supervisión bilateral y acompañamiento consular, al considerar que la recurrencia de los mismos trabajadores en ciclos agrícolas limitó la movilidad del programa y perpetuo condiciones de vulnerabilidad, en especial en cultivos de alta exigencia como el hongo y el tabaco, donde se concentraron los mayores riesgos laborales para los chiapanecos.











































