La combinación de explotación irregular, crecimiento poblacional y presión agropecuaria lleva al límite la capacidad del afluente
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Cuando la presión sobre los sistemas hídricos del Soconusco se intensifica en paralelo al crecimiento urbano y productivo, el río Coatán se posiciona como uno de los afluentes con mayor nivel de estrés ambiental en la región, puesto que la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) ha identificado que más del 60 por ciento de las cuencas del sureste presentaron algún grado de sobreexplotación o alteración en su caudal natural, lo que ubicó el caso dentro de una tendencia regional crítica.
Al incorporarse la extracción de material pétreo como factor determinante en la transformación del cauce, la dinámica del río se modificó de forma acelerada en un contexto donde datos oficiales de la CONAGUA estimaron que 25 por ciento del material de arrastre en ríos del sur de México es removido por actividades humanas no reguladas, lo que incrementa la pérdida de estructura natural en las riberas.
Cuando el investigador de la Universidad Autónoma de Chiapas, Vicente Castro detalló que el retiro de arena y piedra altera la impermeabilidad del suelo, el fenómeno adquirió mayor dimensión al considerar que estudios hidrológicos nacionales reportaron una reducción de hasta 30 por ciento en la capacidad de retención superficial en ríos intervenidos por extracción pétrea intensiva, lo que aceleró la infiltración del caudal hacia el subsuelo.
En el mismo escenario de presión ambiental, el crecimiento demográfico y la expansión agropecuaria en la zona del Soconusco se sumaron a la problemática, al tomar en cuenta que la CONAGUA ha documentado que el consumo agrícola concentró alrededor del 75 por ciento del uso de agua dulce en México, lo que colocó a la región dentro de un esquema de alta demanda hídrica sostenida.
Bajo un entorno donde la vigilancia institucional se mantiene limitada frente a actividades irregulares, la pérdida progresiva del Coatán se insertó en una condición más amplia, al considerar que registros ambientales federales señalaron que al menos 40 por ciento de los cuerpos de agua superficiales en zonas costeras del Pacífico sur presentaron disminución significativa de caudal en las últimas décadas, lo que proyectó la crisis hacia una escala estructural de largo plazo.











































