Evidenció el impacto de la inflación en el consumo cotidiano
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En medio de un encarecimiento sostenido de los alimentos, las familias en Tapachula han comenzado a destinar hasta 60 por ciento de sus ingresos a la compra de productos básicos, una proporción que compromete otros gastos esenciales y limita su margen de maniobra económica. Este ajuste en el gasto doméstico ocurre en un entorno donde el ingreso semanal promedio apenas oscila entre los dos mil pesos, lo que deja un margen reducido para cubrir necesidades adicionales como transporte, salud o educación.
A partir de la presión inflacionaria registrada en los primeros meses de 2026, el alza de precios en frutas, verduras y proteínas ha reconfigurado los hábitos de consumo, al obligar a las familias a priorizar cantidad sobre calidad. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indicaron que el componente de alimentos dentro del Índice Nacional de Precios al Consumidor creció 6.8 por ciento anual, mientras que el rubro de productos agropecuarios superó el nueve por ciento, lo que explica el encarecimiento acelerado de productos frescos.
Mientras productos como el jitomate, el limón y diversos chiles han duplicado su precio en periodos recientes, el impacto se amplifica por factores externos que afectan la oferta, entre ellos condiciones climáticas adversas y tensiones comerciales. En el ámbito nacional, la Secretaría de Agricultura reportó una reducción de 12 por ciento en la producción de hortalizas durante el último ciclo agrícola, lo que ha presionado los precios en mercados locales como el de Tapachula.
En un contexto donde también se encarecen proteínas y granos básicos, el precio del pollo ha registrado incrementos cercanos al 25 por ciento en semanas recientes, acompañado por aumentos en productos como azúcar, arroz y aceite. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el costo de la canasta alimentaria urbana aumentó 8.5 por ciento en el último año, lo que ha profundizado la pérdida de poder adquisitivo en sectores vulnerables.
Frente a este escenario, las familias han optado por sustituir alimentos, reducir porciones o eliminar productos de su dieta cotidiana, una estrategia que permite sostener el gasto inmediato, pero que tiene implicaciones en la calidad nutricional. Bajo esta dinámica, especialistas detallaron que el encarecimiento de la canasta básica amplía brechas sociales en una región donde el ingreso permanece estancado frente a un mercado cada vez más costoso.











































