Expertos advierten que 90 por ciento de flora urbana es exótica; mientras la temperatura aumenta hasta cuatro grados centígrados
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas alberga cerca del 30 por ciento de la biodiversidad de México en apenas el 3.8 por ciento del territorio nacional. Sin embargo, esta riqueza no cruza la frontera de nuestras ciudades. En un estado que posee más de ocho mil especies de plantas, las áreas verdes urbanas presentan un preocupante fenómeno de homogeneidad biológica: el 90 por ciento de los árboles son introducidos, principalmente procedentes de Asia y Australia.
Esta “colonización botánica”, encabezada por especies como el laurel de la India (Ficus retusa) y la benjamina (Ficus benjamina), ha creado una vulnerabilidad ecológica ante la crisis climática. Mientras las ciudades chiapanecas enfrentan un aumento en la frecuencia de olas de calor, la falta de una planificación forestal basada en la ciencia está pasando factura a la infraestructura y a la salud pública.
Uno de los mayores puntos de fricción entre la naturaleza y el ciudadano ocurre durante el estiaje. En Chiapas, la selva baja caducifolia el ecosistema predominante en zonas como la Depresión Central sobrevive gracias a la fenología, la capacidad de los árboles de desprenderse de sus hojas para reducir la transpiración y conservar humedad.
“La gente busca sombra precisamente cuando el sol es más fuerte, pero nuestras especies nativas, por ciclo evolutivo, se quedan sin follaje”, explicaron especialistas del Jardín Botánico “Dr. Faustino Miranda”. Esta desconexión lleva al ciudadano a preferir especies exóticas perennifolias (que siempre tienen hojas), las cuales, aunque dan sombra, demandan volúmenes de agua que el subsuelo urbano no siempre puede proveer, además de poseer sistemas radiculares agresivos que destruyen el 60 por ciento de las banquetas en zonas residenciales.
La presión urbana exige al árbol tareas titánicas, debe crecer rápido, dar sombra, producir frutos, resistir el monóxido de carbono y no levantar el concreto.
El error logístico más grave es el espacio. Una Ceiba (Ceiba pentandra), el árbol sagrado de los mayas que puede alcanzar los 60 metros de altura y desarrollar un tronco de hasta tres metros de diámetro, es plantada frecuentemente en jardines de cuatro por cuatro metros. El resultado es previsible, daños estructurales severos en menos de una década. La falta de asesoría técnica convierte un acto de buena fe ecológica en un problema de protección civil.
Para mitigar el efecto de las “islas de calor” fenómeno donde el concreto eleva la temperatura urbana hasta cuatro grados centígrados por encima de las zonas rurales, el Jardín Botánico propone una transición hacia especies nativas funcionales.
Especies como la Guaya (Talisia olivaeformis) o la Guayaba (Psidium guajava) se perfilan como candidatas óptimas. Son árboles de talla pequeña a mediana (entre cinco y 10 metros), con raíces menos invasivas y, en el caso de la guaya, una notable resistencia a la sequía manteniendo su verdor. Además, actúan como refugio para la fauna local, como el colibrí garganta rubí y diversas abejas nativas, esenciales para la polinización urbana.
-Especies Invasoras Comunes: Laurel de la India, Benjamina, Ficus, Casuarina.
-Especies Nativas Recomendadas (Talla Media): Guaya, Guayaba, Nanche, Cupapé.
-Impacto Económico: El reemplazo de banquetas dañadas por raíces de especies inadecuadas puede costar hasta tres veces más que el mantenimiento de un árbol nativo bien planificado.
-Servicio Ambiental: Un árbol nativo adulto puede filtrar hasta 150 kg de CO2 al año y reducir la temperatura ambiente local en hasta dos grados centígrados.











































