El reparto a domicilio creció como alternativa de ingreso en Tuxtla, pero opera sin regulación y con riesgos para los trabajadores
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Mientras el tránsito de motocicletas se volvió parte del paisaje urbano en Tuxtla Gutiérrez, el reparto a domicilio dejó de ser un servicio complementario para consolidarse como una vía de ingreso accesible, aunque marcada por la informalidad y la exposición constante a riesgos. El crecimiento de esta actividad no solo responde al avance tecnológico, también a la necesidad de empleo en un entorno donde, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más del 55 por ciento de la población ocupada en Chiapas se encuentra en condiciones de informalidad laboral.
A medida que las plataformas como Uber Eats, DiDi Food y Rappi ampliaron su presencia, el modelo de trabajo sin vínculo contractual se convirtió en la norma para quienes buscan ingresos inmediatos. Datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social indicaron que cerca del 30 por ciento de quienes laboran mediante plataformas digitales en el país carecen de acceso a seguridad social, lo que coloca a este sector en un escenario de vulnerabilidad estructural.
En paralelo al aumento de repartidores, la competencia intensificó la presión sobre los ingresos, esto genera una dinámica en la que el volumen de pedidos define la viabilidad económica diaria. La Comisión Federal de Competencia Económica ha documentado que en mercados digitales con baja regulación los precios tienden a reducirse ante la sobreoferta de prestadores, lo que impacta en las ganancias individuales y propicia esquemas de tarifas cada vez más bajas.
Bajo esta lógica de autoempleo, los costos operativos se trasladaron al repartidor, quien asume gastos de combustible, mantenimiento y equipo sin respaldo institucional. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el ingreso laboral en la comarca se mantiene entre los más bajos del país, lo que obliga a extender jornadas o diversificar horarios para alcanzar ingresos que oscilan entre 500 y 700 pesos diarios en condiciones variables.
Conforme esta actividad continúa expandiéndose sin un marco regulatorio definido, el reparto a domicilio se posiciona como un generador de empleo inmediato, aunque sostenido sobre esquemas frágiles que combinan flexibilidad con incertidumbre. La ausencia de reglas claras cuestiona la necesidad de equilibrar innovación digital con condiciones laborales que garanticen estabilidad y seguridad.




















































