La concentración del trajo femenino en sectores precarios reduce las posibilidades de contar con protección social
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Al sostener gran parte de la actividad económica en condiciones precarias, las mujeres trabajadoras en Chiapas enfrentan un escenario donde la salud se convirtió en un recurso condicionado por el tipo de empleo, lo que se traduce en que casi ocho de cada 10 chiapanecas laboran sin acceso a servicios médicos. Esta realidad puso al estado entre los más rezagados del país en cobertura para mujeres y evidenció una brecha estructural que no ha logrado cerrarse.
A medida que aumenta la participación femenina en el mercado laboral, la calidad del empleo no acompaña ese crecimiento y mantiene a la mayoría fuera de la seguridad social, lo que deja ver una desconexión profunda entre trabajo y derechos. Datos del Instituto Mexicano del Seguro Social indicaron que poco más de 98 mil mujeres están afiliadas en la comarca, una cifra reducida frente a las más de 520 mil que trabajan sin acceso a instituciones de salud.
En ese mismo escenario, la concentración de empleo femenino en actividades de servicios limitó el acceso a prestaciones laborales que sí existen en sectores más formales, lo que condicionó la cobertura médica. Registros del Instituto Mexicano del Seguro Social mostraron que más del 80 por ciento de las trabajadoras aseguradas se ubican en el sector terciario, mientras que la presencia en industria y campo se mantiene marginal.
Con una economía marcada por la informalidad, la falta de acceso a salud se convirtió en un problema que trasciende lo laboral y alcanza la vida cotidiana de miles de familias. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo indicó que más del 73 por ciento de las mujeres ocupadas en la regióntrabaja sin prestaciones, lo que implica enfrentar enfermedades, embarazos o emergencias sin respaldo institucional ni ingresos asegurados.
En un entorno donde el acceso a servicios médicos depende del tipo de empleo y no de una garantía universal, las consecuencias se trasladan a los hogares y refuerzan ciclos de vulnerabilidad. Información de la Secretaría de Salud estatal señaló que más del 60 por ciento de las atenciones en el estado se brindaron a población sin seguridad social, lo que confirmó un sistema presionado por la exclusión laboral femenina y sus efectos acumulados.











































