El fenómeno de los “challenges” digitales trasciende la pantalla para convertirse en una amenaza a la seguridad
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Lo que inicia como un “challenge” de pocos segundos en TikTok o Instagram está escalando a amenazas reales en la infraestructura escolar de México. El fenómeno de los retos virales, que abarcan desde la ingesta de fármacos controlados hasta la simulación de actos violentos y mensajes intimidatorios, ha puesto en alerta máxima a las autoridades educativas. El país enfrenta hoy el desafío de contener una tendencia que mezcla la búsqueda de pertenencia digital con riesgos físicos y psicológicos irreversibles.
A nivel nacional, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha detectado un incremento en mensajes intimidatorios pintados en paredes escolares y difundidos en grupos de WhatsApp, replicando conductas observadas en otros países. La preocupación es profunda: mientras en Estados Unidos la violencia escolar es una crisis sistémica, en México el temor es que la falta de atención convierta estos hechos en tragedias cotidianas que pasen inadvertidas por la opinión pública.
Para los estudiantes, la amenaza no es teórica. Una alumna consultada destacó la vulnerabilidad del sistema:
“En Estados Unidos está muy sonado todo el tema de los disparos… no digo que no pueda pasar porque pasó en una institución educativa en Ciudad de México y solo pasó como una noticia desapercibida”.
Esta percepción de inseguridad se alimenta de la velocidad con la que se propagan las “cadenas” digitales, las cuales, según padres de familia, merman la capacidad de los jóvenes para construir resiliencia.
“Pienso que son prácticas muy negativas porque en vez que los chicos generen acciones resilientes… generan daño personal hacia ellos mismos y hacia los demás”, comentó un padre de familia preocupado por el efecto dominó de estos retos.
En el sureste mexicano, la Secretaría de Educación de Chiapas emitió recientemente un comunicado urgente para frenar la propagación de mensajes en bardas y planteles. Aunque las cifras oficiales, defendidas por Ever Salazar Ruiz, Comisario de Prevención del Delito, sugieren una disminución del 53 por ciento en los índices de violencia general en el estado, la realidad dentro de los planteles exige una vigilancia constante.
“No tenemos incidencias directas de estos retos hasta hoy, pero la prevención no se puede descuidar”, afirmó Salazar Ruiz. Sin embargo, los estudiantes señalaron una brecha crítica: la falta de diálogo constante en el currículo escolar. Sienten que la respuesta institucional suele ser reactiva y no preventiva desde la formación básica.
“Esos temas no son muy relacionados en las instituciones… no le toman tanta importancia y son temas que se ven desde la niñez”, señaló una estudiante.
Ante las recomendaciones de organismos de Derechos Humanos, la estrategia de seguridad en Chiapas está sufriendo una metamorfosis. El polémico operativo “Mochila Segura” ha dejado de ser un acto de inspección policial para convertirse en un ejercicio de corresponsabilidad parental.
El Comisario Salazar Ruiz explicó el cambio de enfoque.
“El enfoque no debe ser alterar los derechos de la niñez, sino de cuidado… ahora los padres de familia son los primeros respondientes. Ellos deben ser los primeros en revisar las mochilas en las casas; debemos iniciar esta cultura desde la salida hasta la entrada”.
La psicología detrás de estos retos revela que el diseño de las redes sociales juega un papel crucial. Los algoritmos de recomendación suelen exponer a los adolescentes a contenidos de riesgo debido a que generan un alto engagement (interacción).
El reto de “el que se duerma al último gana” (uso de clonazepam) ha provocado intoxicaciones masivas en escuelas de Veracruz, Ciudad de México y Nuevo León en años recientes.
Según datos del INEGI, el 90 por ciento de los adolescentes en México tienen acceso a internet, pero menos del 30 por ciento de los padres supervisan activamente el contenido que consumen sus hijos, lo que facilita la infiltración de estas “cadenas” de riesgo.
La batalla contra la violencia viral no se ganará solo con patrullajes. Requiere el fortalecimiento del tejido familiar y una educación socioemocional que enseñe a los jóvenes a distinguir entre la popularidad digital y la integridad física. Mientras los retos de TikTok sigan evolucionando, la vigilancia en casa y la instrucción temprana en las aulas parecen ser las únicas vacunas efectivas contra el contagio de la violencia en la era del algoritmo.











































