La dependencia de intermediarios y falta de acceso a mercados directos han profundizado la inestabilidad en el campo
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La caficultura en el Soconusco atraviesa una tensión que exhibe la desigualdad dentro de su propia cadena productiva, donde quienes cultivan el grano enfrentan condiciones adversas mientras otros actores concentran las ganancias. Las familias cafetaleras han visto cómo el esfuerzo invertido en cada cosecha pierde valor frente a un mercado que no compensa los costos de producción ni garantiza estabilidad.
Con más de 35 mil hogares vinculados a esta actividad, la crisis se mide en el deterioro de la vida comunitaria. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural ha documentado que Chiapas se mantiene como uno de los principales productores de café del país, aunque gran parte de sus cafetaleros percibe ingresos por debajo del umbral necesario para sostener sus parcelas, lo que obliga a recurrir a créditos o ventas anticipadas de cosecha.
En el terreno, la figura del intermediario ha adquirido un peso que condiciona los precios pagados al productor, esto crea una brecha entre el valor comercial del café y lo que recibe quien lo cultiva. Datos del Sistema Producto Café en la comarca indicaron que la mayor parte de la comercialización pasa por canales indirectos, lo que reduce las posibilidades de negociación para pequeños productores y limita su acceso a mercados más competitivos.
La volatilidad de los precios también ha incrementado la incertidumbre en cada ciclo agrícola, lo que afecta la planeación y la inversión en las fincas. El Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera ha reportado variaciones constantes en el valor del café en los últimos años, lo que impacta en la rentabilidad local. A esto se suma que la Secretaría de Economía estatal reconoció que una parte significativa de productores opera sin esquemas de comercialización directa ni certificaciones que eleven el valor de su producto.
Frente a este panorama, la exigencia de los cafetaleros se centró en transformar la lógica de distribución de beneficios dentro del sector, con esquemas que permitan acceder a mejores precios y reducir la dependencia de intermediarios. La crisis actual no solo cuestiona la sostenibilidad económica del café en el Soconusco, también pone en juego la permanencia de una actividad que ha definido la identidad y subsistencia de miles de familias.











































