Más de 155 mil establecimientos operan en la entidad y la mitad se concentra en el comercio al por menor
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La economía en Chiapas se sostiene desde lo cotidiano, en la persistencia de pequeños negocios que operan a ras de calle y que, sin grandes estructuras, mantienen en movimiento el ingreso de miles de familias. Las microempresas no solo dominan en número, también han definido una forma de sobrevivencia económica donde el autoempleo y la iniciativa familiar marcan el ritmo de la actividad productiva en colonias, mercados y comunidades.
Esta base económica ha permanecido intacta durante años, al consolidar un modelo donde abrir una tienda, una fonda o un taller representa una de las pocas alternativas viables para generar ingresos. Más de 155 mil establecimientos operan en el estado y la mitad gira en torno al comercio al por menor, una señal clara de que el consumo local es el motor inmediato de la economía, sostenido por negocios que dependen del flujo diario de clientes.
El peso de estas unidades también se traduce en empleo, dado que una proporción importante de la población obtiene su sustento directo de estos espacios. En la comarca, más del 95 por ciento de los negocios tiene menos de cinco trabajadores, mientras que cerca del 70 por ciento del empleo en el comercio minorista proviene de microempresas, lo que confirma su papel central en la generación de oportunidades, aunque bajo esquemas de baja escala.
Sin embargo, este modelo convive con limitaciones estructurales que frenan su crecimiento, entre ellas la informalidad, que alcanza a más del 60 por ciento de estos negocios. A esto se suma que más del 80 por ciento de los nuevos emprendimientos surgen como autoempleo, lo que evidenció que muchos nacen como respuesta a la falta de opciones laborales formales, más que como proyectos con condiciones para expandirse.
En contraste, el valor más alto de la producción estatal se concentró en sectores muy específicos y territorios delimitados, lo que dejó ver una economía fragmentada entre la subsistencia cotidiana y los polos industriales. Esta dualidad puso a las microempresas como el verdadero sostén social del estado, aun cuando enfrentan barreras para crecer, formalizarse y acceder a mejores condiciones de desarrollo.











































