Autoridades auxiliaron a 28 personas, incluidos menores de edad, luego de que el conductor del autobús huyera
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La búsqueda de empleo fuera de Chiapas volvió a colocar a jornaleros agrícolas en una situación de vulnerabilidad luego de que 28 personas, entre ellas menores de edad, fueran abandonadas en la delegación Maneadero, Baja California. El grupo había salido bajo la promesa de obtener trabajo en el sector agrícola, pero el viaje terminó convertido en un episodio de incertidumbre después de que el conductor del autobús escapara mientras fingía cargar combustible.
Las víctimas, originarias en su mayoría de comunidades chiapanecas, viajaban vinculadas a una empresa identificada como “Viva Orgánica”. Tras descender de la unidad, el autobús desapareció del lugar y dejó al grupo sin dinero, alojamiento ni información clara sobre el empleo prometido. Fueron corporaciones de seguridad y autoridades municipales quienes intervinieron para brindar asistencia y coordinar el retorno de las familias.
El caso volvió a exhibir la fragilidad laboral que enfrentan miles de trabajadores agrícolas chiapanecos que migran hacia el norte del país. Datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social indicaron que más de 82 mil personas de la comarca participan cada año en actividades agrícolas fuera de sus municipios de origen. Informes oficiales también señalaron que cerca del 63 por ciento de los jornaleros chiapanecos carecen de contrato formal, mientras que alrededor de 41 mil menores viven en hogares vinculados al trabajo agrícola temporal. A ello se sumó que en la entidad concentró uno de los mayores índices de movilidad laboral rural del país.
La presencia de menores dentro del grupo abandonado reactivó preocupaciones sobre los mecanismos de reclutamiento utilizados para trasladar mano de obra agrícola. Apenas en noviembre de 2025, elementos de la Secretaría de Marina rescataron frente a las costas de Sinaloa a jóvenes que eran trasladados hacia Baja California Sur para realizar labores del campo, un antecedente que dejó expuesta la falta de vigilancia sobre este tipo de traslados laborales.
Detrás de estos recorridos existe una cadena de necesidades económicas que obliga a familias enteras a aceptar ofertas sin garantías suficientes ni supervisión adecuada. La precariedad en comunidades rurales y la falta de empleos permanentes mantienen abierta una ruta de migración agrícola que, lejos de ofrecer estabilidad, pone a trabajadores chiapanecos frente a escenarios de abandono, explotación e incertidumbre laboral.











































