A través de una expoventa especial con 125 piezas concursantes, se abre una ventana de comercio justo y rescate cultural
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En una época dominada por las pantallas digitales y el entretenimiento intangible, los juguetes tradicionales de Chiapas resisten como guardianes de la memoria histórica y la identidad cultural de los pueblos originarios. Más allá de ser meros objetos de entretenimiento, cada trompo de madera, cada muñeca de trapo y cada réplica de alfarería resguarda el conocimiento heredado de generación en generación. Con el objetivo de visibilizar este esfuerzo y generar un impacto económico directo en las familias creadoras, el Instituto Casa de las Artesanías de Chiapas mantiene abierta una expoventa integrada por las piezas que formaron parte de su más reciente concurso estatal de juguetería popular.
Las obras abarcan la totalidad de las categorías que le dan identidad al certamen: alfarería, muñecas de trapo, laca, talla en madera, instrumentos musicales y fibras vegetales.
La procedencia de las piezas dibuja un mapa de la diversidad creadora del estado, reuniendo el talento de municipios emblemáticos como Chiapa de Corzo, San Cristóbal de Las Casas, Amatenango del Valle, Chamula, Pantelhó y Suchiapa. “Uno de los objetivos principales es reconocer el trabajo que estos artesanos realizan, no solamente los ganadores, sino también todos los que participan”, señaló Calvo, enfatizando que detrás de cada juguete hay un proceso de manufactura que muchas veces toma semanas de dedicación minuciosa.
El impacto más inmediato de esta exposición se refleja en la economía interna de las comunidades participantes. En un esquema de comercio justo, el Instituto Casa de las Artesanías funge estrictamente como un puente o intermediario gratuito entre el creador y el comprador final. Los precios de venta son fijados de forma autónoma por los propios artesanos, garantizando que el 100 por ciento del ingreso económico se destine directamente a sufragar sus talleres y sustento familiar, sin comisiones ni regateos de por medio.
La oferta en las vitrinas de la expoventa destaca por su riqueza conceptual y técnica. Los visitantes pueden encontrar desde los juguetes tradicionales de madera más populares, como el yoyo y el trompo, hasta complejos títeres y marionetas con mecanismos móviles. En el sector textil sobresalen las muñecas de trapo con indumentarias comunitarias detalladas; mientras que en el rubro de la alfarería y la laca se exhiben vistosos e intrincados juegos de cocina a escala y juegos de sala miniatura diseñados para las infancias, sin olvidar los instrumentos musicales infantiles de madera, como tambores y réplicas de marimbas que emiten notas reales.
Especialistas en la materia coinciden en que estas piezas trascienden la categoría de un juguete común que se puede adquirir en cualquier cadena comercial; debido a su manufactura artesanal y su baja escala de producción, se consolidan como verdaderas piezas de colección. No obstante, el reto principal de este esfuerzo institucional radica en el aspecto pedagógico y social: sembrar en los padres de familia, educadores y en las infancias actuales el interés por interactuar con objetos que estimulen la creatividad y fortalezcan el arraigo cultural.
La juguetería popular chiapaneca se encuentra ante la encrucijada de la modernidad. Espacios de comercialización e intermediación justa como este resultan fundamentales no solo para proveer un alivio financiero a los sectores artesanales del estado, sino para asegurar que el sonido de una marimba de juguete, el giro de un trompo o la calidez de una muñeca de trapo sigan formando parte del paisaje lúdico del Chiapas del siglo XXI.











































