La baja bancarización, informalidad laboral y limitada conectividad dificultan el avance de pagos en línea en municipios chiapanecos
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La dependencia del uso de efectivo para completar transacciones en la adquisición de combustibles ha frenado por completo la iniciativa federal de migrar a pagos digitales. Algunos consumidores y gasolineros no adoptan esta nueva modalidad, quienes hacen visible su desconfianza ante las operaciones bancarias de esta índole. Las demarcaciones rurales son las que más se resisten, puesto que su arraigo a las billetes y monedas es fuerte.
Chiapas se ha caracterizado por figurar como una de las regiones con menor integración financiera digital del país, dado que, cerca del 80 por ciento de la población realiza sus transacciones en efectivo y deja en claro que la informalidad laboral prevalece en la entidad, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Solo el 32 por ciento de los hogares chiapanecos posee acceso a Internet y la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, afirmó que eso se traduce a mayor desconocimiento de los beneficios de los pagos electrónicos.
La transición hacia terminales bancarias y aplicaciones móviles enfrenta otro obstáculo menos visible, relacionado con la dispersión territorial. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores reportó que la comarca mantiene menos de cuatro sucursales bancarias por cada 100 mil habitantes, una de las proporciones más bajas del país. En comunidades alejadas, retirar efectivo implica traslados de varias horas hacia cabeceras municipales.
Datos oficiales del Instituto Federal de Telecomunicaciones señalaron que más del 40 por ciento de las localidades chiapanecas presenta conectividad móvil irregular, condición que complica la operación y representa pérdidas, retrasos y conflictos con usuarios acostumbrados al pago inmediato.
A pesar del impulso federal hacia la digitalización financiera, el ritmo de adaptación en la entidad avanza con lentitud debido a condiciones económicas acumuladas durante décadas, marcada por carencias sociales que prevalecen y marginan del sistema bancario a las familias con menor capacidad de adaptación ante nuevos medios digitales.











































