El especialista Raúl Ríos Trujillo advierte sobre los riesgos de delegar el pensamiento crítico a los algoritmos
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
El Internet y los dispositivos móviles han dejado de ser un lujo o una simple herramienta de trabajo para convertirse en una extensión indisoluble de nuestra vida diaria, sin embargo, esta aceleración tecnológica, que en unas cuantas décadas logró transformaciones estructurales que antes tomaban siglos, nos coloca hoy ante un escenario completamente inédito: la convivencia directa y cotidiana con la Inteligencia Artificial (IA).
Raúl Ríos Trujillo, especialista en Tecnologías de la Comunicación y docente de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), explicó que el Internet ha dejado de ser una red de computadoras para transformarse en el espejo y la cuarta dimensión de la humanidad. De acuerdo con el académico, el entorno virtual significa la conjunción de todos los saberes y de la evolución humana hacia un solo sitio, de esta manera, el ciberespacio funciona como un reflejo donde la sociedad puede observarse en un entorno inventado por ella misma, consolidando una dimensión digital que ha cambiado de forma irreversible la estructura de la vida pública y privada.
Si bien esta nueva dimensión ciberespacial ha democratizado el acceso a la información de una manera nunca antes vista, también trajo consigo la eliminación casi total de los filtros de calidad, verificación y ética que históricamente ejercían los medios de comunicación tradicionales. Al transitar de la era de los líderes de opinión profesionales al fenómeno de los creadores de contenido e influencers, el bombardeo de mensajes las 24 horas del día obliga a los usuarios a desarrollar un criterio mucho más agudo en sus pantallas.
Ríos Trujillo señaló que uno de los grandes contras del momento histórico actual es que la comunicación se ha diversificado tanto que se ha vuelto incontrolable, ello toda vez que al no existir filtros institucionales ni editoriales, la calidad de los flujos informativos tiende a ser deficiente, en consecuencia, el especialista advierte que ya no es posible confiar en la totalidad de los contenidos que se transmiten en la red, debido a que se desconocen las intenciones, el nivel de responsabilidad y, sobre todo, la ética de quienes emiten los mensajes. Ante este panorama, el académico subrayó que el peso de la balanza se traslada hacia el público: son ahora los consumidores quienes deben asumir la responsabilidad de decidir qué consumen, a qué le prestan atención y qué deciden creer.
A la par de estos desafíos en el terreno de la información y la opinión pública, el sistema educativo formal enfrenta un panorama marcadamente complejo, puesto que los primeros efectos del uso de teclados y herramientas automatizadas ya muestran un impacto cognitivo perceptible en las nuevas generaciones de estudiantes.
El docente de la máxima casa de estudios de Chiapas apuntó que los esquemas prácticos de aprendizaje están cambiando drásticamente, así, al tener acceso inmediato y simplificado a las respuestas, existe el riesgo de que disminuyan ciertos procesos de desarrollo intelectual. Acciones fundamentales como la escritura a mano o el deletreo elemental muestran dificultades en infantes que han nacido interactuando exclusivamente con interfaces táctiles y teclados, por lo que existe un peligro latente, advirtió el especialista, mismo que radica en el momento en que la sociedad delegue el trabajo del pensamiento crítico y la resolución de problemas a la Inteligencia Artificial, lo que obligará a la humanidad a un proceso de adaptación forzosa ante la pérdida de ciertas capacidades cognitivas tradicionales.











































