May Rosas
La paz que empieza a florecer en Chiapas
Hay momentos en los que los datos fríos de las estadísticas logran contar una historia profundamente humana, esa historia es la que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar llevó esta semana al Colegio de Defensa Nacional, donde se reunió con alumnas y alumnos de la Maestría en Seguridad Nacional, además de integrantes de las Fuerzas Armadas de Brasil, Argentina y Guatemala. En un recinto que ha visto desfilar a presidentes de México con sus análisis más sesudos sobre el devenir nacional, el mandatario chiapaneco presentó el marco constitucional que sostiene las acciones del Gobierno de la Nueva ERA y expuso los avances concretos en seguridad pública que hoy distinguen a su entidad.
La invitación fue cursada por el secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo, en un gesto que refleja la sintonía entre el Gobierno estatal y las instituciones castrenses. Ante un auditorio que incluyó a generales del Ejército, la Fuerza Aérea, la Guardia Nacional e integrantes de la Secretaría de Marina, Ramírez Aguilar agradeció al director del Codenal, el general de a la piloto aviador José Ernesto San Román Águila, y reiteró una convicción que ha guiado su administración: la coordinación, la cooperación y la confianza con las Fuerzas Armadas resultan esenciales para consolidar la paz y construir un Chiapas más seguro y próspero para todas y todos.
Detrás de esa frase institucional hay un trabajo silencioso y persistente que ha comenzado a dar frutos. Los números del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no dejan lugar a dudas, entre enero y octubre de 2025, Chiapas logró una reducción del 58.7 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos, lo que la colocó en el segundo lugar nacional en disminución de este delito, únicamente debajo de Zacatecas. La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó estas cifras en enero pasado al señalar que Chiapas experimentó una baja del 58.6 por ciento en homicidios dolosos, no es un dato menor, es, tal como lo han destacado diversos análisis, la segunda disminución más notable del país.
Pero la transformación no se queda en los homicidios, la percepción ciudadana, ese termómetro intangible, pero certero de la vida cotidiana, también ha dado un giro impresionante. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2025 del INEGI, Chiapas pasó del último lugar entre los estados cuyos habitantes confiaban en que la seguridad mejoraría, con apenas un 16.2 por ciento en 2024, al primer lugar nacional en 2025, con un 44.8 por ciento de la población convencida de que las cosas van por buen camino, un salto de más de 28 puntos porcentuales en apenas un año, ese cambio habla de algo más profundo que las cifras: habla de familias que vuelven a transitar sus calles con menos miedo, de comercios que recuperan la confianza para abrir sus puertas, de niños que pueden jugar en sus parques sin el fantasma de la violencia.
El escenario actual contrasta brutalmente con el pasado reciente, entre 2020 y 2025, el estado acumuló tres mil 231 víctimas de homicidio doloso, con un pico alarmante de 894 en 2024, pero en 2025 esa cifra cayó a 369; la violencia no desapareció de un día para otro, pero la tendencia se ha revertido, Chiapas se ha posicionado entre las cinco entidades con menor tasa de violencia letal del país, liderando junto a Yucatán, Tlaxcala, Coahuila y Durango un grupo que ofrece una luz de esperanza en medio de un panorama nacional todavía desigual.
¿Cómo se logró este cambio?, la respuesta está en una estrategia integral que combina firmeza y sensibilidad, el Gobierno de la Nueva ERA implementó un enfoque interdisciplinario que privilegia el diálogo y la negociación, respeta a plenitud los derechos humanos y ha incrementado la confianza ciudadana en las instituciones, se crearon cuerpos de élite como la Fuerza de Reacción Inmediata Pakal, se dignificaron los salarios de los elementos de seguridad, se adoptaron herramientas tecnológicas y se desplegaron operativos sostenidos en zonas prioritarias, pero quizá el elemento más decisivo ha sido la coordinación con las Fuerzas Armadas, cuyo trabajo en Chiapas ha sido calificado por el propio gobernador como clave para consolidar la paz.
Los resultados tangibles de esta colaboración son evidentes, en julio de 2025, Chiapas alcanzó el primer lugar nacional con la menor tasa de delitos diversos, registrando apenas 11.48 casos por cada 100 mil habitantes frente a una media nacional de 130.68. En mayo de ese mismo año, el SESNSP reportó que la entidad tuvo la tasa más baja del país en delitos del fuero común, con solo 884 carpetas de investigación iniciadas, y entre enero y noviembre de 2025, se abrieron 760 carpetas de investigación por diversos delitos, una cifra que refleja una incidencia delictiva contenida y en descenso.
Por supuesto, nadie puede cantar victoria de manera anticipada, la violencia en México es un fenómeno complejo que muta, se desplaza y encuentra nuevos cauces cuando se le cierran las rutas conocidas, el propio informe del SESNSP advierte que más de la mitad de los homicidios del país se concentran en apenas siete entidades, lo que revela una distribución desigual del problema y confirma que la pacificación avanza a ritmos distintos. Chiapas enfrenta aún desafíos estructurales profundos: desigualdad, pobreza, presencia criminal latente y, sobre todo, la necesidad de consolidar la confianza ciudadana más allá de los números. La reducción del homicidio es un avance enorme, pero no es el cierre de un capítulo, es, más bien, el comienzo de otro.
Aun así, lo que ha ocurrido en Chiapas en menos de dos años merece una pausa para la reflexión, pocos estados han logrado una transformación tan acelerada en indicadores de seguridad; a conferencia magistral en el Colegio de Defensa Nacional no fue un ejercicio de mera protocolización, fue, más bien, una rendición de cuentas ante los ojos más exigentes del país y fue también un mensaje a los oficiales brasileños, argentinos y guatemaltecos que escucharon atentosque México tiene historias de éxito que contar, experiencias que pueden exportarse y lecciones que merecen ser estudiadas.
El verdadero reto para Eduardo Ramírez y su equipo será sostener esta tendencia, que el 2025 no sea una anécdota estadística, sino el punto de partida de una ruta sostenida, que la paz que empieza a florecer en Chiapas eche raíces profundas, más allá de los reflectores y las conferencias. La seguridad, al final del camino, no se mide únicamente en porcentajes o en carpetas de investigación, se mide en la mirada tranquila de una madre que camina con su hija por el parque, en el comerciante que ya no cierra su negocio al atardecer, en el niño que puede ir a la escuela sin el peso del miedo, esa es la verdadera prosperidad.
Gracias querido lector, con gusto recibocomentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…




















































