El dúo apuesta por un debut que muestra un trabajo musical y una forma de enfrentar el miedo a exponerse
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Hay proyectos que no nacen en línea recta sino después de una conversación que se queda dando vueltas en la cabeza durante días, incluso semanas, y de eso surgió “Los Productores También Cantan”, el primer trabajo discográfico de Bellakos Strawberry, un dúo que decidió convertir una idea en punto de quiebre; asumirlo con todo lo que implica cuando ya no se trata solo de producir para otros sino de sostener una voz propia.
El lanzamiento no llegó como una simple presentación de canciones ni como un paso más dentro de una carrera, sino como la confirmación de una decisión que implica riesgo real, de esas que no se pueden maquillar con intención creativa; dar el paso de construir un proyecto propio exige algo más que técnica, exige exponerse, aceptar el juicio, convivir con la duda y aun así avanzar con la certeza de que lo que se crea merece existir.
En este EP hay una idea que lo sostiene todo, hacer sin miedo a exponerse y sin pedir permiso, lo que se escucha es el resultado de insistir en una visión hasta volverla real, incluso cuando el camino implicaba salir de un lugar cómodo, conocido y controlado, para entrar en uno mucho más incierto donde cada decisión pesa más, pero también donde todo se vuelve más honesto.
Más que un estreno el proyecto funciona como una declaración sobre lo que ocurre detrás de una idea cuando se toma en serio de verdad; no hay atajos cuando se decide construir algo propio desde la convicción, hay horas que no se ven, pruebas que no siempre funcionan, ajustes que parecen pequeños, pero lo cambian todo, y una forma de fe en el proceso que no es romántica sino persistente, de la que se sostiene incluso cuando nada asegura que vaya a salir bien.
“Los Productores También Cantan” es la evidencia de que las ideas también se defienden con entrega, con paciencia y con riesgo asumido; un trabajo que no busca justificar su existencia sino demostrarla desde el hecho mismo de haber sido llevado hasta el final, con intención clara, cuidado en los detalles y una apuesta firme por no abandonar la idea incluso cuando hubiera sido más fácil hacerlo.
Acaban de estrenar su EP y me gustaría empezar justamente por ahí, ¿cómo están viviendo este momento ahora que el material ya salió, ya está en plataformas y ya comenzaron a moverlo entre la gente? “Estamos súper contentos, la verdad, fue un proyecto al que le metimos muchísimo esfuerzo, muchísimo amor y demasiada pasión; entonces, verlo ya afuera, que la gente lo escuche, que lo haga suyo, es una sensación bien fuerte, creemos que una de las cosas más bonitas ha sido darnos cuenta de que el recibimiento no se quedó solamente en ‘apoyar a los amigos’, sino que genuinamente conectaron con las canciones.
Incluso nosotros pensábamos que el hype iba a durar unos días, como suele pasar con muchos lanzamientos. Pero después seguíamos viendo historias, videos de gente usando las canciones, amigos escuchándolas todo el tiempo y mandándonos mensajes, eso fue muy bonito porque te hace sentir que la música sí logró quedarse con las personas”, respondieron.
Y algo que también me llama mucho la atención es que ustedes realmente tienen poco tiempo conformados como dúo, ¿no? Da la impresión de que llevan mucho más trabajando juntos. “Como dúo llevamos muy poquito, literalmente casi dos meses, ya teníamos más tiempo haciendo música juntos porque uno producía y otro estaba muy clavado en escribir canciones, pero todavía no existía Bellakos Strawberry como tal, más bien era una dinámica donde insistíamos muchísimo en que uno de nosotros cantara.
Teníamos muchas maquetas, las cuales ya tenían su voz y sonaban muy bien, pero había muchísimo miedo, hasta que un día dijimos ‘órale, vamos a hacerlo’ y ahí empezó todo realmente, due como dar un salto sin pensar demasiado”, mencionaron.
¿Y el EP en cuánto tiempo nació realmente? Porque escuchándolo da la impresión de que hubo muchísimo trabajo detrás. “Hubo demasiada disciplina, pues el EP como tal salió rapidísimo, yo creo que en unos cuatro días ya estaba prácticamente armado, pero antes de eso decidimos que, si íbamos a entrarle en serio al proyecto, entonces teníamos que hacerlo bien. Queríamos shows, visuales, canciones suficientes para presentarnos en vivo y en unas tres o cuatro semanas hicimos siete u ocho rolas.
Fue una friega honestamente, antes nos tardábamos muchísimo más haciendo música, a veces un mes completo por canción, pero algo hizo clic esta vez, simplemente empezaron a fluir las ideas muy rápido y sentimos que todo tenía sentido. Era como si las canciones se estuvieran acomodando solas”, afirmaron.
Y ahí también entra algo importante que se nota mucho cuando hablan ustedes: la química. No solo musicalmente, sino como amigos. ¿Qué tanto influye eso dentro del proyecto? “Muchísimo, creemos que el proyecto avanza porque antes que músicos somos amigos; nunca hemos llegado realmente a un punto de conflicto creativo porque cuando uno propone algo, al otro normalmente le emociona igual, entonces todo avanza muy natural, sin forzar nada.
Nosotros nos conocemos desde hace mucho tiempo, nos conocimos en la prepa, pero éramos de grupitos distintos, coincidíamos porque a los dos nos gustaba la guitarra y de repente llevábamos instrumentos a la escuela y ahí convivíamos un poco, pero después dejamos de vernos durante muchísimo tiempo”, recordaron.
Y lo más loco es cómo se reencontraron. Porque tengo entendido que coincidieron años después en un trabajo completamente ajeno a la música. “Sí, estuvo rarísimo, nos encontramos en un call center y estábamos en un break afuera, cada quien, en su rollo, y de repente fue como ‘ah, tú eras el de la prepa’. Ahí descubrimos que uno de nosotros producía y que el otro seguía queriendo hacer música. Literalmente la vida nos volvió a cruzar de una manera muy improbable”, aseguraron.
¿Ustedes sí creen entonces que fue algo destinado? Porque honestamente parece una coincidencia demasiado específica. “Algunas veces lo vemos así, o sea, viéndolo desde probabilidades, era muy difícil coincidir exactamente ahí, en el mismo trabajo, al mismo tiempo, después de tantos años, entonces sí se siente como si la vida nos hubiera empujado otra vez al mismo lugar por alguna razón”, confesaron.
Hay algo del concepto que me parece muy interesante y es justamente el nombre: Bellakos Strawberry. Esa dualidad entre lo “bellako” y lo “fresa”. ¿Cómo nace esa idea? “Nace del amor al reggaetón y de querer romper un estigma, mucha gente cree que para hacer o escuchar reggaetón tienes que verte de cierta manera o pertenecer a cierto ambiente y nosotros queríamos demostrar que puedes ser quien seas, estudiar lo que estudies, verte como te veas y aun así conectar con esta música.
También nace de que honestamente nosotros no nos vemos como el estereotipo clásico del reggaetonero, por consiguiente, decidimos abrazar justamente esa contradicción y volverla parte de la identidad del proyecto, de ahí sale Bellakos Strawberry”, aclararon.
Y hay otro detalle muy poderoso dentro del EP: esa conversación con la que abre el proyecto, se siente demasiado real. ¿Fue actuada o realmente ocurrió así? “Fue real, literalmente ocurrió aquí atrás, en este mismo lugar. Estábamos intentando convencernos de cantar porque ya habíamos maqueteado una canción con una voz, uno de nosotros seguía diciendo que no, que no estaba seguro, hasta que nos dijimos esa frase de ‘te vas a arrepentir más de no intentarlo’ y ahí algo cambió”, puntualizaron.
Creo que esa intro funciona muy bien porque termina siendo una conversación sobre el miedo, sobre aventarse, sobre hacer arte, aunque uno no se sienta listo. ¿Qué tanto miedo había detrás de todo esto? “Muchísimo, en nuestro caso era miedo a exponernos, la voz es algo muy personal, mucha gente ni siquiera soporta escuchar sus propias notas de voz y uno de nosotros iba a poner canciones completas afuera para que cualquiera pudiera escucharlas; nos daba miedo fracasar y también miedo descubrir que sí podíamos hacerlo.
Pero todo eso, se hizo motivación, claro que existen inseguridades, pero sentimos que si te quedas pensando demasiado nunca haces nada. Entonces preferimos insistir, insistir e insistir hasta que el proyecto se volviera real”, agregaron.
Hay una pregunta que me parece inevitable después de escuchar todo esto: ¿qué pesa más, fracasar intentando algo o vivir preguntándose qué habría pasado? “Siempre pesa más quedarte con las ganas, fracasar por lo menos te deja aprendizaje, además, sentimos que la vida eventualmente premia a la gente que insiste mucho en algo y tal vez no de inmediato, pero sí termina pasando algo cuando eres constante y haces las cosas con corazón.
Y creemos que justo de eso habla el EP también, de aventarse, de aceptar que el miedo nunca desaparece completamente y solo cambia de forma, primero nos daba miedo cantar, luego subir la música, después tocar en vivo y ahora probablemente hay otros miedos distintos, pero aprendes a convivir con eso”, precisaron.
También me parece interesante cómo el proyecto los obligó a descubrir muchísimas otras áreas más allá de hacer canciones. Porque hoy un artista independiente prácticamente tiene que hacerlo todo. “Sí, totalmente, somos productores, cantantes, editores, community managers, diseñadores, RP, todo; hay días donde estamos grabando música y luego editando videos o pensando contenido para redes, es muchísimo trabajo, pero también es bonito porque tenemos control absoluto de la identidad del proyecto”, reiteraron.
Y cuando hablan de meterle amor al proyecto, ¿a qué se refieren realmente? Porque siento que esa palabra a veces se usa mucho y pierde significado. “Para nosotros tiene que ver con amar profundamente el proceso creativo, estar horas picándole al teclado, buscando sonidos que tal vez nadie note, pero que para ti significan muchísimo, nosotros siempre hemos visto la música primero como arte y después como negocio, lo demás llega como consecuencia.
También tiene que ver con entregarte completamente, en tiempo, dinero, energía, emociones. Nosotros literalmente estamos poniendo una parte de nosotros en cada canción y tratando de conectar con personas que quizá están viviendo cosas parecidas”, profundizaron.
Quiero cerrar con algo que me dejó pensando mucho mientras hablábamos. Hay quienes dicen que las personas no solamente viven muertes físicas, sino también muertes emocionales, creativas y personales a lo largo de su vida. Entonces, para Bellakos Strawberry, ¿qué parte de ustedes murió cuando liberaron este EP? “En nuestro caso murió una barrera, murió esta idea de que solamente podíamos ser productores y que había lugares donde no nos correspondía estar. Sentimos que retomamos una parte artística que habíamos dejado enterrada desde hace muchísimo tiempo y eso cambió completamente la percepción que teníamos sobre nosotros mismos.
Y creemos que murió la inseguridad, murió esas personas que todavía dudaban demasiado, que tenían miedo de dar pasos grandes o de confiar en el proyecto; ahorita sentimos que estamos en otro punto mental completamente distinto”, concluyeron.












































