Sheila X. Gutiérrez Zenteno
La llegada de Internet permitió el nacimiento del ciberfeminismo. Las mujeres se hicieron de un lugar en el ciberespacio y aprovecharon las tecnologías para crear canales en YouTube, sitios web o cuentas en redes sociales que les brindaron en los inicios del siglo XXI, la oportunidad de hablar abiertamente sobre feminismo, la opresión sexual que vivimos las mujeres y sus consecuencias: discriminación, violencia y sexismo. Internet se volvió un espacio de lucha y resistencia. Las mujeres organizaron espacios seguros y ejercieron su libertad de expresión.
El fenómeno de la segunda ola que se vivió en Estados Unidos entre 1960 y 1970 se replicó en el espacio virtual. El boom de las redes sociales permitió que, si alguna de nosotras preguntaba en Twitter o Facebook cuál había sido su primera historia de acoso, decenas o cientos de mujeres la compartían sin filtro alguno. La violencia que se vivía en privado se volvió parte del discurso público digital. Se construyó comunidad compartiendo libros y autoras feministas ─porque el feminismo es una teoría─ pero también tenía lugar ese feminismo construido desde lo cotidiano y la vivencia, que nacía de las experiencias en las calles o en los hogares.
Cientos de historias que llegaban al ciberespacio narraban todo tipo de abusos y violencia, la opresión sexual que las mujeres habíamos vivido por años estaba a la vista de quien quisiera verla; historias de violaciones, acoso sexual, padres deudores, violencia obstétrica, violentadores, pedófilos, pederastas, abusadores con nombre y fotografía llegaban a las redes y los tendederos del acoso en las escuelas; cifras de mujeres y niñas desaparecidas o víctimas de feminicidio se hacían públicas. El ciberfeminismo abrió una cloaca que enfrentó a una sociedad con una realidad que por décadas prefirió barrer bajo la alfombra.
Mientras las mujeres utilizaban la tecnología para avanzar en la lucha por sus derechos, una subcultura que buscaba invalidarlas se gestaba en el mundo digital. Ese grupo ─catalogado como marginal en sus inicios─ hoy ha montado toda una estructura que produce ganancias explotando la cultura aspiracional y la falta de comprensión que subyace en torno a las masculinidades, a la par, se fomenta un discurso misógino y machista que pone en riesgo los avances logrados en pro de mujeres y niñas.
LA MACHÓSFERA, UN ECOSISTEMA DIGITAL MACHISTA
En el año 2025, Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, señaló en la 69ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) que tiene lugar en la sede de la ONU, que los derechos de las mujeres se encontraban bajo asedio. Guterres habló con gran preocupación de la reducción del espacio cívico y el creciente avance de la misoginia. Lo ha repetido en diversas ocasiones. El patriarcado ha regresado con más fuerza, los índices de violencia contra mujeres y niñas van en aumento, las brechas estructurales crecen y las crisis globales aumentan a nivel mundial ─y con ello los Derechos Humanos de mujeres y niñas colapsan─. Este 2026 en la CWS 70, Guterres lo señaló de nuevo: las mujeres poseen apenas el 64 por ciento de los derechos jurídicos reconocidos a los hombres en todo el mundo. “Los derechos conquistados por las mujeres no han sido concesiones, sino el resultado de décadas de lucha liderada por generaciones de defensoras, activistas, lideresas comunitarias y movimientos de mujeres en todo el mundo”, dijo.
Y uno de esos derechos es el acceso al uso de la tecnología. Así, en el naciente siglo XXI, mientras ellas experimentaban con la libertad de crear discursos en la red para difundir los derechos por los que luchan, durante casi dos décadas un grupo de hombres ─considerados marginales─ comenzó un movimiento en plataformas como 4chan, Redditt, SlutHate y actualmente Tik Tok o hasta Twich. Así nació la machósfera.
Hay discusiones en el ámbito académico en torno a utilizar las palabras manósfera y machósfera como sinónimos. Y esto tiene que ver con la diferencia en su intencionalidad política y la carga ideológica de cada palabra.
Manósfera es la traducción y adaptación directa del anglicismo manosphere (man + sphere, inspirado en el concepto de “blogosfera”); es un término neutro que se utiliza para mapear redes e infraestructuras digitales, es decir, los espacios digitales en los que se mueven los hombres para hablar de temas que se consideran masculinos. Ejemplos de comunidades que se enfocan en trabajar masculinidades (y que vale la pena seguir) por el tipo de material y discusiones que propician son De machos a hombres en Instagram y Género y masculinidades en Facebook.
La machósfera es algo diferente. El prefijo macho evidencia que se promueve un modelo de dominación violenta. Según FundéuRAE es un concepto sociopolítico que se utiliza para denunciar la radicalización misógina, la apología a la agresión y la oposición organizada a la igualdad de derechos de las mujeres. La machósfera está constituida por comunidades en línea que promueven definiciones reducidas y agresivas de lo que implica ser hombre, así como la falacia de que el feminismo y la igualdad de género surgen a costa de los derechos de los hombres.
En la machósfera se mueven diversas subculturas o comunidades que se mueven en el espacio digital, promueven la idea de que el control emocional, la riqueza material, la apariencia física y la dominación ─especialmente sobre las mujeres─ son indicadores del valor de los hombres. Por ejemplo, mientras más parejas sexuales tengas (aunque arriesgues tu salud sexual) serás admirado por otros hombres. Por esta razón ONU Mujeres hace un llamado a no utilizar manósfera como un sinónimo porque confunde “comunidades de hombres” que probablemente buscan alejarse de los roles y estereotipos de género hegemónicos, con las “comunidades que atacan a mujeres”, esto último característica de la machósfera.
QUIÉNES SE MUEVEN EN LA MACHÓSFERA
Actualmente la machósfera es sostenida (a nivel imagen) por dos figuras: está el manfluencer que es el hombre creador de contenido cuyo discurso se basa en diseñar y vender el manual de la masculinidad hegemónica a través de las redes sociales. Estos creadores son apoyados por las denominadas pick-me girl, son mujeres que aplauden y celebran públicamente lo que los manfluencers afirman; su recompensa es ser elegidas y reconocidas por la comunidad de hombres que nutre la machósfera. Tanto el manfluencer cómo la pick-me girl promueven un discurso antifeminista.
Ambos construyen una agenda que vende a los hombres ideas de empoderamiento por encima de los derechos humanos de las mujeres, explotan la cultura aspiracional para producir ganancias mientras lucran con problemas de autoestima, salud mental, e inclusive económicos de quienes los siguen. Ambos son la “cara amable” de toda una estructura enfocada en desinformar y producir violencia, sin importar que refuerzan discursos misóginos que favorecen y reproducen la violencia, la discriminación y el sexismo contra mujeres y niñas. No son los únicos.
En la machósfera se mueven grupos que promueven con la misma fuerza discursos que fomentan el odio contra mujeres y niñas. Incels, MGTOW (Men Going Their Own Way), PUA (Pick Up Artists) y MRAs (Men’s Rights Activists) utilizan el algoritmo para difundir falacias que validan toda esa violencia estructural y sistemática contra la que se ha luchado desde el feminismo los últimos tres siglos.
Los Incels son conocidos también como célibes involuntarios. Es un subgrupo de hombres que tienen dificultades para establecer relaciones sexuales o románticas, y a menudo construyen su identidad en torno a esta supuesta incapacidad. Son hombres que afirman que no logran encontrar una pareja por culpa de las propias mujeres (y el feminismo, por supuesto). Su visión es pesimista y misógina.
El Center for Countering Digital Hate (CCDH) reporta que la subcultura Incel dejó las RRSS y se movió a un sitio independiente que se convirtió en el epicentro global del movimiento. Actualmente, el foro supera los 30 mil miembros registrados y recibe un promedio de 2.7 millones de visitas al mes.
Un siguiente grupo está conformado por hombres que exigen una separación total de las mujeres. Son conocidos como los MGTOW (Men Going Their Own Way). Los Hombres que Siguen su propio Camino consideran que el matrimonio y las citas modernas están diseñadas exclusivamente para destruirlos psicológicamente, además de explotarlos financieramente. Ante este escenario eligen aislarse de la compañía femenina tanto a nivel personal como laboral, mientras acusan a las mujeres y al feminismo de esto.
Los PUA (Pick Up Artists) es el subgrupo conformado por los denominados artistas del ligue y los gurús de la masculinidad. Son asesores de citas y creadores de contenido que enseñan tácticas de manipulación sexual y de seducción.
Estos hombres generan contenido enfocado en tratar las interacciones con las mujeres como un juego de mercado. Ellos impulsan el Valor de Mercado Sexual otorgando valuaciones a las mujeres a partir de su atractivo para el sexo opuesto. Esta teoría reduce las interacciones humanas y las relaciones románticas a dinámicas de oferta, demanda y estatus socioeconómico.
En las mujeres el valor de mercado se calcula principalmente a través de la juventud y la belleza física que finaliza a los 25 años. En los hombres, depende del dinero, estatus social, poder y la apariencia física. Según los PUA, los hombres alcanzan su pico de valor entre los 30 y 35 años, y dependerá de la acumulación de recursos económicos. Es en este grupo donde nace y se fomenta la falsa creencia de que las mujeres, por naturaleza, solo buscan emparejarse con hombres que tengan un valor de mercado superior al de ellas. Misoginia pura.
A todos estos grupos se une el de los activistas por los derechos de los hombres. Los MRAs (Men’s Rights Activists) se dedican a combatir toda ley que brinde protección o que beneficie los derechos humanos de las mujeres. Los temas que abordan tienen que ver con la invalidación de las leyes que castigan la violencia de género, también atacan y combaten de forma directa la custodia monoparental (que se le otorgue la custodia exclusiva a la madre) o cuestionan la validez de las denuncias hechas por mujeres contra violentadores acusando falsedad.
Imagine a estos grupos posteando estos puntos de vista y falsas creencias, 24 horas al día durante toda la semana en todas las redes sociales a las que tienen acceso, imagine a los PUA intercambiándo fotografías de jóvenes mujeres en traje de baño, que fueron tomadas de sus cuentas personales de Instragram para ser evaluadas por hombres que no conocen y que posteriormente buscarán contactarlas.
¿Y nos asombra la forma tan alarmante en que la violencia contra las mujeres se está incrementando? Esa violencia que se fomenta contra mujeres y niñas en las redes sale de ahí para llegar a las calles y los hogares. Cuando alguien toma como cierta la idea de que las mujeres solo somos objetos que se usan y desechan eso hará con ellas.
Es importante reiterar que los grupos en la machósfera no son foros de debate teórico que busquen mejorar la vida de los hombres, son ecosistemas estructurados con el único fin de dañar y legitimar la violencia contra mujeres y niñas (y contra quienes cuestionan estas prácticas). La próxima semana escribiré sobre cómo se organizan estas subculturas y el impacto que están teniendo en la salud mental de hombres, niños y adolescentes.




















































