No se trata solo de acoso, sino de delitos graves que marcan de por vida a las y los agraviados
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Mientras hoy, 4 de junio, en México y el mundo conmemora el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, una fecha instaurada por la ONU para reafirmar el compromiso de proteger a la infancia, en el sureste mexicano se dibuja un panorama desolador. El estado de Chiapas, conocido mundialmente por su riqueza cultural y natural, se ha convertido en un campo minado para niñas, niños y adolescentes.
Los datos obtenidos, cruzados con informes de la Fiscalía General del Estado (FGE), organizaciones civiles como la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y el colectivo Melel Xojobal, revelan una realidad estremecedora: más de 531 casos de agresión sexual entre enero y octubre de 2025, al menos 79 homicidios de menores y una crisis de desplazamiento forzado que afecta a más de 100 mil infantes solo en lo que va del año.
Lejos de ser un mal menor, la violencia contra la niñez en Chiapas ha escalado a niveles de “infanticidio y juvenicidio” cotidiano, como lo definen los activistas, agravado por la presencia de grupos del crimen organizado en la frontera sur y por la impunidad que rodea los delitos cometidos, en su mayoría, dentro de los propios hogares.
EL LADO OSCURO DE LA FRONTERA SUR: VIOLENCIA SEXUAL SISTÉMICA
El silencio ha sido históricamente el principal cómplice de los agresores, sin embargo, las cifras de la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos Cometidos en Contra de Niñas, Niños y Adolescentes rompen ese silencio con números alarmantes.
Según el último informe proporcionado por el fiscal general Jorge Luis Llaven Abarca, entre enero y octubre de 2025 se registraron 531 denuncias por agresiones sexuales contra menores de edad, esta cifra representa un incremento del ocho por ciento en comparación con el mismo periodo de 2024, cuando se contabilizaron 490 casos.
Lo más preocupante es el tipo de agresiones que están ocurriendo. No se trata solo de acoso, sino de delitos graves que marcan de por vida a las víctimas:
-Violación: Pasó de 288 a 301 casos (aumento del cinco por ciento).
-Pederastia: El incremento más alarmante, con un 41 por ciento (de 94 a 133 casos).
-Estupro: Aumentó un 50 por ciento (de 10 a 15 casos).
El perfil de la víctima es clarísimo: son ellas.
De las 531 víctimas, 487 son niñas y adolescentes mujeres, frente a solo 58 niños, la edad más recurrente es la adolescencia media (12 a 17 años), con 342 casos, pero la barbarie no conoce límites de edad: 45 víctimas tenían entre cero y cinco años, y 158 tenían entre seis y 11 años
LOS FOCOS ROJOS
La violencia se concentra en los principales núcleos urbanos del estado. Tuxtla Gutiérrez encabeza la lista negra con 122 denuncias, seguido de Tapachula (40) y San Cristóbal de Las Casas (38). Palenque (25) y Tonalá (18) completan los primeros cinco lugares.
EL AGRESOR: “EL MONSTRUO DE CASA”
Uno de los hallazgos más perturbadores de la investigación de la FGE es el desglose del perfil del agresor, contrario a la percepción de que el peligro está en la calle, las estadísticas oficiales señalan que el principal depredador de los menores en Chiapas está dentro de su propia vivienda.
“Hoy quien ocupa el primer lugar en agresiones sexuales contra menores son los padrastros”, advirtió el fiscal Jorge Luis Llaven Abarca en una conferencia reciente. El funcionario detalló que los padres biológicos, abuelos, tíos y hermanos también figuran recurrentemente en las carpetas de investigación, lo que convierte al hogar en el espacio de mayor riesgo para la infancia chiapaneca.
Un caso reciente ilustra esta pesadilla, el pasado mes de diciembre, un policía en activo identificado como Gregorio ‘N’ fue detenido en el municipio indígena de Chanal, en Los Altos de Chiapas. El uniformado es acusado de abusar sexualmente de una adolescente y, para asegurar su impunidad, la amenazó de muerte si revelaba lo ocurrido; la menor, rompiendo el círculo de terror, logró denunciarlo, lo que derivó en su vinculación a proceso.
“Las agresiones sexuales en niñas, niños y adolescentes han aumentado un ocho por ciento, en 2024 se registraron 490 denuncias; en lo que va de 2025 ya suman 531 casos”, puntualizó Llaven Abarca.
LA GUERRA POR LA TIERRA: DESAPARICIONES Y MUERTES VIOLENTAS
Si la violencia intrafamiliar es el infierno privado, la violencia del crimen organizado es el apocalipsis público. Chiapas ya no es solo un estado de tránsito migrante; es un territorio disputado ferozmente por importantes células criminales, y los menores están pagando el precio más alto.
De acuerdo con un informe presentado en febrero por la organización Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y la Red por los Derechos de Las Infancias y Adolescencias en Chiapas (REDIAS), más de 100 mil menores de edad están siendo afectados directamente por las disputas territoriales en la frontera sur.
EL IMPACTO NO ES MENOR, LOS NIÑOS SON VÍCTIMAS DIRECTAS DE:
1. Desplazamiento forzado: Comunidades enteras de pueblos originarios (Chuj, Kanjobal, Mam) huyen de sus tierras. Los menores quedan expuestos a la intemperie, la desnutrición y la pérdida de su identidad cultural.
2. Reclutamiento forzado: Grupos criminales están utilizando a adolescentes como halcones (vigilantes) o como carne de cañón.
3. Fuego cruzado: Los niños mueren por balas perdidas.
LA ESTADÍSTICA MACABRA DE REDIAS
Un informe de noviembre de 2025 (haciendo proyecciones del año) señala que la vida de un menor en Chiapas tiene un valor efímero. Entre enero y septiembre de 2025, se contabilizaron 344 fichas de búsqueda de niños y adolescentes. Es decir, 38 desapariciones forzadas de menores cada mes. De estos, 71 (21 por ciento) continúan sin ser localizados.
Peor aún, la organización Melel Xojobal documentó que, hasta noviembre de 2025, 79 niñas, niños y adolescentes perdieron la vida de forma violenta en la entidad. La estadística es cruel: 49 fallecieron en siniestros viales (muchos vinculados a persecuciones o huidas), 10 fueron homicidios dolosos directos y seis fueron feminicidios.
Entre los casos más emblemáticos de esta barbarie se encuentra el asesinato de tres hermanas de dos, cuatro y seis años en el municipio de El Bosque, quienes murieron por presunto envenenamiento, así como el feminicidio de una niña de siete años y una adolescente embarazada en distintos puntos del estado.
La violencia no solo mata a los niños; destruye el núcleo familiar que los protege. Los datos de la Alerta de Violencia de Género en Chiapas revelan un fenómeno silencioso: la orfandad como consecuencia del feminicidio.
Hasta septiembre de 2025, se tiene registro de que al menos 21 niñas, niños y adolescentes quedaron en la orfandad porque sus madres fueron asesinadas. Son menores que, además de lidiar con el trauma de perder a su figura materna de forma violenta, quedan a merced de las redes de apoyo familiar o, en el peor de los casos, del sistema de asistencia social estatal, muchas veces rebasado.
RESPUESTA OFICIAL: ¿FOCOS ROJOS O ZONA DE DESASTRE?
Ante estas cifras, el Gobierno del estado, a través de la FGE, ha declarado que “hay focos rojos” en la entidad. El fiscal Llaven Abarca ha insistido en que el aumento en las denuncias es, paradójicamente, una buena señal: indica que las víctimas confían más en las instituciones y que la creación de una fiscalía especializada está funcionando.
Sin embargo, los activistas y las ONG’s consultadas por este medio difieren de esa postura. Señalan que, si bien hay más denuncias, la sentencia condenatoria sigue siendo una excepción. Hasta agosto de 2025, solo cinco personas habían recibido una sentencia condenatoria por delitos sexuales contra menores, y apenas 14 estaban detenidas por acoso.
Las organizaciones exigen al Gobierno de México y al estatal declarar una “emergencia humanitaria” en la región. “La violencia genera estrés crónico en las infancias. Hoy estamos en una violencia directa donde hay asesinatos, donde hay balaceras, y las autoridades han sido omisas durante 30 años”, declaró Óscar González, activista de Melel Xojobal, durante una manifestación en febrero .
El 4 de junio nos recuerda que los niños tienen derecho a vivir en paz, pero en Chiapas, un niño de cinco años tiene más probabilidades de ser testigo de una ejecución o de ser víctima de abuso en su propia cama que de recibir una educación de calidad o jugar en una plaza segura.
Mientras el mundo pone su mirada en otros conflictos, en el sureste mexicano la niñez sangra en silencio. La violencia sexual, las desapariciones y el crimen organizado están aniquilando sistemáticamente el futuro de Chiapas, la pregunta que queda en el aire, al cierre de esta edición, no es si la situación es grave, los datos la califican como catastrófica, sino si quedará alguna infancia para salvar cuando la tormenta termine.




















































