La falta de sombra ante el calor extremo, la ausencia de usos mixtos y el abandono de la infraestructura, borran la vida comunitaria y social
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
En muchas colonias de la capital chiapaneca, las canchas de usos múltiples lucen oxidadas y los columpios permanecen desiertos, el culpable detrás de este paisaje de abandono no es únicamente el calor extremo que caracteriza a la región de la Depresión Central de Chiapas, sino un fenómeno más profundo: el diseño de espacios públicos que fueron construidos sin pensar en las dinámicas de la gente, ignorando por completo las condiciones climáticas locales y el desarrollo de la comunidad hacia el futuro.
Para el arquitecto Mauricio Lozada Toledo, líder de la organización Arquitectos Revolucionarios de México en Chiapas, un parque abandonado o subutilizado no es un hecho fortuito, sino el reflejo directo de una mala planeación urbana que ignora sistemáticamente la vida social de una comunidad. Las planchas de concreto expuestas al sol durante todo el día se convierten en islas de calor inhabitables, expulsando a los ciudadanos en lugar de integrarlos.
De acuerdo con los especialistas en desarrollo urbano, la infraestructura barrial debe cumplir con ciertos criterios mínimos para evitar convertirse en “elefantes blancos” o zonas propicias para la delincuencia. Un parque no requiere simplemente de cemento y juegos metálicos que absorben el calor; requiere de un ecosistema que invite a la permanencia.
“El éxito de un parque básicamente es que se combinen los usos, que se cree ciudadanía, que los niños puedan jugar a la pelota bajo una sombra, que los adultos mayores puedan caminar, que haya vida social”, explicó el arquitecto Mauricio Lozada Toledo, enfatizando la necesidad de diseñar con perspectiva humana.
Aunque en Tuxtla Gutiérrez existen casos de éxito rotundo que sirven como referentes turísticos y de convivencia a nivel estatal como el emblemático Parque de la Marimba o el Parque recreativo Joyyo Mayu, la realidad que se vive en los barrios y colonias de la periferia es radicalmente opuesta. Mientras las zonas céntricas concentran la atención y el mantenimiento, las áreas verdes comunitarias sufren un proceso acelerado de degradación.
Uno de los principales problemas detectados en la gestión urbana de la ciudad es la falta de continuidad y mantenimiento, es común observar la inauguración de canchas recreativas o plazas comunitarias con cortes de listón y discursos oficiales, pero estas obras rápidamente se vuelven obsoletas y peligrosas debido a que no se asigna personal municipal ni presupuesto etiquetado para su resguardo, limpieza y jardinería a largo plazo.
El reto para las próximas administraciones y planificadores urbanos locales, señala el especialista, radica en diseñar bajo los principios de la accesibilidad universal, la arquitectura bioclimática que aprovecha la vegetación nativa para mitigar las altas temperaturas y el rescate urgente de la infraestructura con la que ya se cuenta.
“Se debe hacer un programa de política pública y de proyecto para rescatar estos espacios, estos parques, e incorporar todos estos elementos que les hacen falta”, sostuvo Lozada Toledo. El líder de los arquitectos organizados critica la inercia gubernamental actual, apuntando que “actualmente solo se genera obra nueva, no se generan espacios para regenerar los que ya existen, que es algo que debería existir” de forma prioritaria en las agendas locales.
La recuperación de los parques en las colonias tuxtlecas no debe ser vista como un gasto estético o superficial de embellecimiento urbano.











































