Con el método Nengo Dango, el piloto José Antonio Camacho y los Bomberos de Tuxtla Gutiérrez lideran una cruzada ecológica
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En una alianza sin precedentes entre la pericia aérea y la vocación de servicio, el piloto aviador José Antonio Camacho Portillo y el Heroico Cuerpo de Bomberos de Tuxtla Gutiérrez han consolidado una de las iniciativas ambientales más audaces y efectivas del sur de México: el bombardeo de semillas o reforestación aérea.
Esta estrategia surge como una respuesta urgente ante los embates del cambio climático, la tala inmoderada y, de manera muy particular, los devastadores incendios forestales que año con año consumen la riqueza biodiversa del estado. Al unir la disciplina de los tragahumo con la pasión del capitán Camacho, las laderas áridas y los cerros cicatrizados por el fuego están encontrando una segunda oportunidad.
LA TÉCNICA JAPONESA
Lejos de ser un lanzamiento improvisado, esta iniciativa se fundamenta en una técnica agrícola japonesa de renombre mundial: el método Nengo Dango (o bolas de arcilla), popularizado por el biólogo y filósofo Masanobu Fukuoka.
El proceso es meticuloso y requiere de un gran esfuerzo artesanal. En los cuarteles del Heroico Cuerpo de Bomberos, los elementos cambian temporalmente las mangueras por palas y moldes para fabricar miles de estas esferas ecológicas.
La tierra y arcilla local, actúan como el escudo protector que evita que las semillas sean devoradas por aves, roedores u hormigas antes de germinar.
Proporciona los nutrientes orgánicos esenciales para el arranque del crecimiento una vez que caigan las primeras lluvias.
Se seleccionan estrictamente especies de la región para no alterar el ecosistema.
“No se trata de lanzar cualquier planta; sembramos la identidad forestal de Chiapas”, explican los expertos. Entre las especies elegidas destacan la caoba, el matilisguate (con sus espectaculares flores rosadas), el majestuoso guanacaste y la primavera, árboles capaces de resistir el clima local y restaurar el tejido verde original.
Uno de los mayores desafíos de la reforestación tradicional es el terreno, Chiapas cuenta con una geografía accidentada, repleta de barrancos, acantilados y cerros elevados donde el ser humano difícilmente puede llegar a pie cargando herramientas y plántulas.
Es aquí donde la aviación se convierte en la herramienta perfecta. El bombardeo aéreo permite abordar zonas críticas como el emblemático cerro Mactumatzá, una de las áreas más castigadas por los incendios forestales en Tuxtla Gutiérrez. Los incendios no solo destruyen la flora visible, sino que calcinan la capa orgánica del suelo, dejándolo expuesto a la erosión, al lanzar las esferas desde el aire justo antes o durante la temporada de lluvias, se garantiza que la humedad active la composta, permitiendo que las raíces rompan la arcilla y se fijen con fuerza en terrenos donde ninguna brigada humana podría trabajar con seguridad.
El impacto de este proyecto no es fortuito, el capitán José Antonio Camacho Portillo se ha ganado un lugar en la historia ambiental del continente al ser pionero en aplicar la técnica de reforestación aérea en América desde el año 2019. Lo que comenzó como un proyecto piloto local, movido por la preocupación de ver los bosques chiapanecos disminuir desde las alturas, se ha transformado en un movimiento de gran escala.
La reforestación aérea liderada por Camacho y los Bomberos de Tuxtla Gutiérrez demuestra que la innovación tecnológica no está peleada con los saberes de la naturaleza, sino que pueden fusionarse para devolverle la vida a la tierra.
Mientras los bomberos continúan amasando el futuro de los bosques en la tierra y el Capitán Camacho sigue calibrando sus rutas de vuelo, la ciudadanía contempla con esperanza cómo el cielo de Tuxtla Gutiérrez ya no solo vaticina tormentas, sino también una lluvia verde y frondosa que sanará las heridas de la geografía chiapaneca.











































