Azucena Arreola Trinidad
África de selvas húmedas y de gordos gongos sordos (…), agua prieta de caimanes, verdes mañanas de cocos (…), ¡Oh costas de cuello virgen engañadas de abalorios! (…), ¡Oh puro sol repujado, preso en el aro del trópico; oh luna redonda y limpia sobre el sueño de los monos!
… Sombras que solo yo veo, me escoltan mis dos abuelos (…), lanza con punta de hueso, tambor de cuero y madera (…), pie desnudo, torso pétreo (…) los de mi negro (…)
Ahora que estoy en Mombasa, Kenia, recordé la Balada de los dos abuelos del poeta cubano Nicolás Guillén.
Me tomé la licencia de abreviar y reacomodar sus versos, para solo referirme a África y su abuelo negro, ya que son la motivación de este texto.
Parafraseando al poeta Antonio Machado he de decir que llevo “en mis venas gotas de sangre” africana.
Mi abuelo materno, Agustín Trinidad, era un hombre muy moreno, casi negro, de cabello muy rizado. Víctor Arreola, mi abuelo paterno —originario de Cabeza de Toro— es también de piel morena.
No sé qué proporción de mi ADN proviene de África, pero ahora estoy segura de que una parte de mí viene de este continente.
De niña, en tono de reclamo, le preguntaba a mi mamá por qué yo era la más morena de mis hermanas, no tenía una buena autoestima infantil, por mi color de piel, menos me gustaba que me dijeran prieta, porque en la Costa de Chiapas —y en gran parte de México—, se usa para descalificar a las personas.
Ahora, estoy muy orgullosa de mis raíces, he tomado conciencia de mi negritud.
Tampoco sé, lo he de investigar con más detalle, por qué en Tonalá, Chiapas, no revindicamos con orgullo nuestro pasado negro, como sí lo hace la población afromexicana en el litoral del Pacífico de Oaxaca y Guerrero.
Las fuentes históricas coloniales regionales refieren la llegada de centenas —si no es que miles— de personas provenientes de África, que fueron traídas por la fuerza a Chiapas por portugueses, ingleses y españoles. Y aún, así —quizás porque no todos conocemos la historia— no nos auto adscribimos como afromexicanos en gran parte de las comunidades turulas (tonaltecas).
Nuestro pasado africano es evidente, está presente en muchas de nuestras costumbres, comidas, nombre de las cosas, prácticas cotidianas y nuestra gente.
Hay otra cosa muy importante que nos da identidad: el mar.
Los lugares de origen de mis abuelos, padres, hermanos, tíos y primos son comunidades mareñas, vivimos fundamentalmente de la pesca y del turismo.
Yo crecí entre el mar y el estero, comiendo jaiba, camarón y pescado, por ser de mar elegí pertenecer ala Comisión de Pesca de la Cámara de Diputados ypresidir esa comisión me trajo hoy a África.
Me da un enorme gusto tener la oportunidad de estar en Mombasa para participar en la Conferencia Nuestro Océano Kenia 2026, porque además de seguir trabajando en una tarea parlamentaria que es mi responsabilidad directa, me permite además estrechar lazos con científicos, ambientalistas, prestadores de servicios turísticos y pescadores preocupados por el presente y futuro de los mares, varios de ellos oriundos de esta parte del continenteque mira de cara al Océano Índico.
Kenia es un país “rico en herencia cultural, diversidad marina y en innovación oceánica”, su población rebasa los 50 millones de habitantes y es heterogénea, producto de la variedad de grupos étnicos y la multiplicidad de contactos que tiene con otros países y regiones del mundo.
Su capital, Nairobi, es una de las urbes más modernasdel continente africano, y es “famosa por ser la única metrópoli del mundo con un parque nacional lleno de vida silvestre a solo unos minutos de su centro financiero”.
Por su parte, “Mombasa ofrece un espacio inspirador para la acción y colaboración global, donde sus ciudades portuarias históricas, sus comunidades vibrantes y los ecosistemas marinos convergen en el borde del agua”.
La Conferencia Nuestro Océano Kenia 2026 incluye sesiones de alto nivel, debates temáticos, actividades culturales y eventos paralelos.
Entre estos últimos, en el marco de la reunión general se realizará “un Simposio de Investigación que busca crear una plataforma para que investigadores, innovadores y poseedores de conocimientos (tradicionales) compartan perspectivas científicas que puedan impulsar una acción más contundente en favor de los océanos”.
“El simposio se centrará en impulsar la investigación marina, fortalecer la colaboración interregional y ampliar el acceso a datos oceánicos, tecnología y soluciones basadas en evidencia. Destacará la innovación científica de África y el Océano Índico Occidental y fomentará la integración de la ciencia en la toma de decisiones a lo largo de la conferencia”.
Para que las personas que habitamos las comunidades mareñas de Chiapas, África y todo el planeta, podamos seguir viviendo de la pesca y de las actividades económicas ligadas a los mares, tenemos que encontrar la manera de aprovecharlos de manera sostenible.
Esa es la principal razón de la Conferencia Nuestro Océano Kenia2026 que hoy inició a las orillas del Índico.
Al llegar a Mombasa de algún modo siento que llego a casa, muchas de las cosas me son habituales: el mar, el calor, las embarcaciones, los pescadores, tengo la sensación también de que venir hasta acá es una cita pendiente con mi pasado, inimaginable ni en el más extravagante de mis sueños.
Arribo a Kenia2026 ansiosa por aprender más de la vida de los océanos y de su gente, igualmente de saber más cosas que me permitan contribuir de mejor manera a preservar la naturaleza.
De algo estoy segura, de esta conferencia emanarán muy buenas noticias en favor de los océanos y mares.
Alegre de saber además que, como dice el poeta, sombras que solo yo veo, me escoltan mis dos abuelos…
Hasta la próxima entrega.




















































