Las defensoras advirtieron que la realidad en sus territorios no solo no ha mejorado, sino que se ha agravado en los últimos seis meses
Argenis Esquipulas/PORTAVOZ
En el marco de su Novena Asamblea, el Movimiento de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra y Nuestros Territorios ha alzado la voz para denunciar la profunda crisis que atraviesan las comunidades indígenas y campesinas de Chiapas. Reunidas en el Centro Indígena de Capacitación Integral (CIDECI-Unitierra), mujeres provenientes de las regiones Costa, Altos, Selva, Norte y Zoque, así como hermanas de Campeche, trazaron un diagnóstico alarmante sobre el avance de la violencia, la descomposición social y los graves impactos de los megaproyectos en sus formas de vida.
En un pronunciamiento conjunto, las defensoras advirtieron que la realidad en sus territorios no solo no ha mejorado, sino que se ha agravado en los últimos seis meses, evidenciando un “colapso de la Madre Tierra” y un tejido social “cada vez más roto” por la confluencia de intereses del crimen organizado y políticas gubernamentales que calificaron como cómplices.
“Honramos y agradecemos con respeto, fuerza y alegría nuestra novena asamblea”, expresaron en su documento, reconociendo la hospitalidad de las compañeras de la zona Altos tseltal, tsotsil y valle de Jobel, así como la solidaridad de las hermanas de Campeche. Agradecieron a la vida y a la comunidad CIDECI-Unitierra por brindarles un espacio de cobijo para reflexionar, compartir y acordar cómo están y qué sigue en la lucha por la vida y la dignidad común.
Sin embargo, el panorama que describen es desolador, “la realidad que se vive hoy en las diferentes regiones no ha cambiado mucho desde la última vez que nos reunimos hace seis meses; los problemas que hemos identificado han aumentado”, señalaron. El colapso ambiental y social avanza de la mano: los enfrentamientos por el control territorial entre grupos del crimen organizado y los “malos gobiernos” han fracturado la vida comunitaria, mientras el consumo de drogas y alcohol entre jóvenes y jóvenas crece sin freno, a esto se suma la “desorganización social”, alimentada por el individualismo que impulsan los proyectos gubernamentales y la creciente desconfianza que genera la violencia.
La asamblea visibilizó un escenario de violencia generalizada que va desde lo cotidiano hasta lo sistemático, en la región Costa, las mujeres describieron un entorno devastado por el calor extremo y la sequía que ha alterado los ciclos de lluvia, mientras los apagones eléctricos se han vuelto constantes, pero lo más grave, advirtieron, es el “abuso del poder, el engaño y la corrupción de funcionarios y autoridades”.
El alcoholismo y la drogadicción, denunciaron, “no para y hay mucha violencia en las casas”, en los últimos años, el tejido social se ha resquebrajado al grado de que “no se deja de hablar en el cotidiano de feminicidios y secuestros de niñas y niños”. Las jóvenes, señalaron, están cayendo en la prostitución y los embarazos a temprana edad, mientras que los jóvenes “arruinan su vida en el alcohol y las drogas”, los programas gubernamentales, en lugar de ayudar, son percibidos como un lastre: “Jóvenes Sembrando Futuro no ayuda sino perjudica más”.
La crisis económica agrava la situación, “los desafíos cada vez son más complicados por la falta de trabajo e ingresos para tener lo básico, que es el alimento y la salud”, afirmaron. Los altos costos de la canasta básica, el aumento de enfermedades y la falta de comunicación familiar, agravada por el alcoholismo y el uso de celulares, han provocado peleas, divorcios, individualismo y una “destrucción del tejido social” que parece irreversible.
En la Zona Altos tsotsil, tseltal y valle de Jobel, las mujeres denunciaron el incremento en el uso de agroquímicos que envenenan la tierra y la salud, aunque las mujeres organizadas no los utilizan, su palabra “no es escuchada ni valorada” cuando comparten el daño que causan a la tierra, el consumo de drogas y alcohol entre jóvenes va en aumento, al igual que los suicidios y la migración hacia el norte del país, un fenómeno que vacía a las comunidades de su juventud.
Las redes sociales, advirtieron, han causado cambios profundos en las actitudes y comportamientos de los jóvenes, y han aumentado el acoso sexual y la falta de respeto entre mujeres y hombres, frente a esta crisis, algunas comunidades han tomado medidas autónomas: se ha prohibido el consumo de alcohol, con multas establecidas, permitiéndolo solo dos veces a la semana en fiestas, sin embargo, la violencia persiste: “Se han notado enfrentamientos entre grupos del crimen organizado y personas torturadas”.
Los desafíos son inmensos, “vemos poco interés en la participación de las juventudes”, lamentaron, y señalaron la urgencia de talleres para impulsar el trabajo de la tierra sin agroquímicos, así como para atender el alcoholismo y la violencia sexual y de maltrato que generan.
MEGAPROYECTOS: DESTRUCCIÓN Y DESPOJO
Uno de los ejes centrales de la denuncia fue el impacto de los megaproyectos de infraestructura, particularmente el Tren Maya y la supercarretera en la zona Norte, región cho’ol y tseltal; as mujeres describieron cómo estas obras han provocado “inestabilidad del suelo”, grietas en viviendas, inundaciones por la pérdida de cobertura forestal y la desaparición de fuentes de agua que abastecen a localidades como Palenque.
“En los pequeños y medianos centros urbanos hay inestabilidad del suelo y vulnerabilidad en las construcciones de las casas, que presentan grietas en viviendas y banquetas”, detallaron, las lluvias, ahora torrenciales por la falta de selva y árboles para contener el agua de manera natural, han generado inundaciones, al mismo tiempo, “los ríos y fuentes de agua que abastecen a Palenque se están secando”, y muchas comunidades comienzan a dudar de los beneficios del Tren y la supercarretera.
“No sabemos exactamente dónde va a pasar la autopista; están destruyendo la selva, los cerros y los árboles tanto del lado derecho e izquierdo de nuestras comunidades”, denunciaron, la incertidumbre, la falta de información y las divisiones internas, provocadas por quienes reciben dinero de los programas gubernamentales, han fracturado la cohesión comunitaria. “El mal Gobierno compra conciencias a través de regalías”, afirmaron, citando ejemplos como los regalos del ayuntamiento del 10 de mayo para “tapar la boca a las familias”, o los 40 mil pesos para “mejoramiento” de tierra a cambio de copias de escrituras.
La “modernización” de Palenque, denunciaron, ha sido rápida y despiadada, ya hay centros comerciales con tiendas internacionales y universidades privadas, mientras muchos profesionales terminan trabajando como taxistas, vendiendo empanadas o migrando en busca de empleo, el consumo impuesto por el capitalismo ha endeudado a familias enteras para vestirse “como el capitalismo ordena”, los apagones eléctricos, el aumento del consumo de drogas y la pornografía, y la “turistificación” que encarece los espacios públicos, completan un cuadro de despojo y deshumanización.
En medio de este escenario, las mujeres visibilizaron la situación de las personas migrantes haitianas que trabajan en centros comerciales o restaurantes, explotadas y discriminadas, aunque señalaron con esperanza que las niñas y niños y jóvenes locales las integran sin prejuicios, a diferencia de los adultos.
“Las escuelas públicas se organizan para reflexionar y trabajar con las hijas e hijos y las familias sobre los daños de las drogas”, destacaron, al tiempo que alertaron sobre testimonios de vuelos de drones, helicópteros y aviones sobre sus territorios.
En la Zona Norte Zoque, la preocupación se centró en el ecoturismo y los geoparques impulsados sin consulta, así como en la amenaza latente de la reactivación minera por parte de la empresa Fortune Bay Corp y el decreto de Áreas Naturales Protegidas (ANP) que, denunciaron, se implementan sin procesos amplios de participación comunitaria. “Desde marzo del 2025 nos percatamos de cambios preocupantes en nuestros territorios: se restringió el acceso al volcán por varios meses, y recientemente se reaperturó, pero promoviendo iniciativas vinculadas al ecoturismo y a las propuestas de geoparques, sin que exista información clara ni procesos amplios de consulta y participación comunitaria”, señalaron.
En Chapultenango, la violencia vinculada al crimen organizado ha dejado huellas profundas, en agosto del 2025 ocurrieron asesinatos de personas de la comunidad, entre ellos una persona mayor y un menor de edad, hechos que “permanecieron en silencio debido al miedo instalado en el territorio”. Recientemente, fue localizado en el río el cuerpo sin vida de un joven de telesecundaria, amordazado, presuntamente vinculado al crimen organizado. “Nos preocupa profundamente el incremento en el consumo de estupefacientes entre la juventud, situación que afecta la convivencia comunitaria y vulnera el presente y el futuro de nuestras nuevas generaciones”, afirmaron.
Las defensoras también hicieron un llamado sobre la criminalización que enfrentan quienes se oponen a estos proyectos, las representantes de Campeche denunciaron que continúan siendo señaladas por su oposición al Tren Maya, una lucha que iniciaron en busca de justicia y que ahora las coloca en una situación de vulnerabilidad, “somos un colectivo de base al sur de Campeche, nuestra lucha inicio en la búsqueda de justicia respecto al megaproyecto mal llamado Tren Maya, donde algunos y algunas de nuestras integrantes siguen siendo señaladas y criminalizadas, tanto por el Estado como por otros actores”, expresaron.
“Nosotras como mujeres nos hacemos defensoras en el camino, luchamos por nuestra dignidad, palabra y nuestra vida”, afirmaron. Cargamos con las responsabilidades familiares y comunitarias en un sistema patriarcal y capitalista que “continúa lastimando a las mujeres, a los jóvenes y a las niñeces de comunidades indígenas y campesinas”. Denunciaron que “no es casualidad el aumento de la violencia en las comunidades, no es casualidad el desplazamiento forzado de las comunidades, no es casualidad la desaparición y asesinatos de defensores y defensoras de los pueblos indígenas del territorio, el colapso de la Madre tierra es resultado de un sistema capitalista”.
En un acto de solidaridad, las asistentes manifestaron su respaldo a las familias del Congreso Nacional Indígena (CNI) de Jotolá, quienes enfrentan despojo de tierras, amenazas y criminalización.
ALTERNATIVAS DESDE LA AUTONOMÍA Y LA ESPERANZA
A pesar del sombrío panorama, la asamblea concluyó con un mensaje de resistencia y esperanza, las mujeres reafirmaron su compromiso con la defensa de la Madre Tierra y sus territorios-cuerpo, impulsando alternativas autónomas como la recuperación de semillas nativas, la medicina tradicional y la creación de clínicas comunitarias, destacaron el trabajo de organización para la siembra de alimentos locales, el cuidado de los ecosistemas y la transmisión de saberes a las nuevas generaciones, a quienes buscan motivar para que se conviertan en guardianes de su Casa Común.
“Somos productoras, sembramos, cultivamos y cuidamos nuestras semillas nativas, árboles, plantas medicinales, cultivo de hortalizas y manejo de animales de traspatio en nuestros solares y parcelas para tener y comer alimentos más sanos y menos contaminados, para tener nuestra propia medicina”, afirmaron las representantes de Campeche. “Nos apoyamos fortaleciendo nuestras autonomías económicas a través de la venta de excedentes y elaboración de productos artesanales y naturales”.
Como organización, contribuyen con talleres para juventudes e infancias en temas de semillas nativas y especies endémicas, y han organizado encuentros para compartir experiencias.
El encuentro cerró con un ritual de sanación colectiva en Temazcalli, un “parto comunitario” que simboliza el renacer de la fuerza vital y la dignidad. “Cerramos la 09 Asamblea con un momento de sanación colectiva en Temazcalli, con un parto colectivo que honra la fuerza vital del útero común, donde nos curamos el cuerpo, el corazón, las emociones y el espíritu, soltando todos los dolores y recibiendo el poder de nuestras ancestras y ancestros, así como el amor de nuestra gran Madre Tierra, para seguir nuestro camino, nuestro rumbo, como defensoras de la Vida, con fuerza, sonriente y cómplice, y por supuesto con dignidad”, expresaron.




















































