Azucena Arreola Trinidad
Kenia es conocido en México por ser la “tierra de los mejores corredores” —ese mérito lo comparte con su vecina Etiopía—. Es el “semillero del atletismo mundial: en fondo, mediofondo y velocidad”. Lo sé, porque a mí me gusta mucho correr.
También es sabido que el padre de Barack Obama es nativo de este país africano.
Pero por lo que es más conocido Kenia en México, sobre todo entre los jóvenes, es por ser el país con uno de los ecosistemas más “valiosos del mundo”. Su vida silvestre es célebre en los hogares mexicanos porque la vemos constantemente en los canales de televisión especializados en documentales sobre la naturaleza, como lo son National Geographic, Discovery Chanel o Animal Planet.
Por eso, no es de sorprender que Kenia reciba un promedio de dos y medio de millones de turistas al año, cuyo mayor interés es observar las manadas de leones, jirafas y elefantes que viven en las extensas sabanas de la reserva natural keniana del Masái Mara.
Pero no solo la naturaleza terrestre es diversa y bella en Kenia, también lo es su franja marítima costera que se extiende por más de 500 kilómetros frente al océano Índico.
Es en Mombasa, la segunda ciudad en población de Kenia —un puerto marítimo muy importante del Índico—, donde ahora me encuentro invitada a participar en una reunión internacional enfocada en la protección de los mares: la Conferencia Nuestro Océano Kenia2026.
Es en este entorno natural, donde dio inicio ayer este parlamento ambiental con un llamado a aumentar la atención en la relación que existe entre el océano y el clima del planeta y, en consecuencia, a realizar una acción realmente global y efectiva a favor de la conservación de la salud de los todos los océanos.
Este segundo día, en la reunión se habló de la necesidad de contar con un Plan Oceánico Sostenible en el que estén involucrados todos los países del orbe, dado que proteger nuestros mares no es solo tarea de aquellas naciones que tienen litoral marítimo o de los países en cuyas costas recalan preponderantemente los residuos industriales que arrastran las corrientes marinas y las olas.
Bajo el amparo de este plan, “queremos que se involucre a todo el mundo, desde los que pueden aportar importantes recursos financieros, hasta quienes pueden contribuir con su pequeño esfuerzo individual o comunal (…) Y al hacerlo, debemos asegurarnos de que se involucre a todos en la conversación y su elaboración, como por ejemplo los pueblos indígenas, los pescadores y los pequeños prestadores de servicios”.
Por esa razón la sede de esta onceava conferencia es Mombasa, porque está pensada para escuchar las “voces de los representantes de las naciones africanas, de los habitantes de los países costeros y de las comunidades pesqueras artesanales que dependen de un océano saludable”.
En la conversación, también se puso énfasis en la necesidad de modelar escenarios para hacer proyecciones futuras, para que los gobiernos puedan anticipar los impactos específicos que puedan presentarse en los ecosistemas y pesquerías.
Además, se resaltó que “una de las cosas clave que permite un Plan Oceánico Sostenible (SOP, por sus siglas en inglés), es integrar las políticas y los planes de acción nacionales o internacionales que ya existen”, porque se dijo: no necesitamos reinventar la rueda”, tenemos que echar mano de lo que hay y aprovecharlo al máximo.
“Así que, en el marco de ese plan global, cada parte puede asumir compromisos con los sujetos interesados que estén integrados en todo el proceso. Pueden también crear plataformas para la colaboración con las industrias pesqueras, turísticas y agrícolas”.
Igualmente se mencionó que una de las labores especiales que se tienen que hacer por parte de los expertos, es acercarse y “aliarse con los responsables políticos, congresistas, ministros y gobiernos nacionales, para ayudarles a entender, por ejemplo, el tema de la acidificación de los mares y a comprender lo que ocurre con las aguas locales”, porque no le están poniendo la atención debida.
Otro tema fundamental que se está abordando en esta reunión es el relativo al cambio climático, y es precisamente en el océano Índico donde los seres humanos nos estamos enfrentando en el presente a los efectos más dramáticos del calentamiento planetario.
En esta gran zona del planeta están ubicados dos pequeños archipiélagos cuya baja altitud los hace muy vulnerables: las islas Sychelles y las Malvidas.
Con el aumento del nivel mar, estos dos archipiélagos serán los primeros en “sufrir las consecuencias del cambio climático”.
Por eso, para estos dos mini Estados nacionales es de vital urgencia que se tomen pronto las decisiones pertinentes que permitan mitigar los efectos del aumento de la temperatura a escala global.
Aún estamos a tiempo de impedir que esos dos archipiélagos queden hundidos en medio de la inmensidad del Océano Índico.
Como alguien sentenció en alguno de los paneles de la reunión: urge contar con un Plan Oceánico Sostenible porque “los compromisos solo tienen valor si se convierten en acciones reales”.
Me voy, porque antes de participar en la sesión final de esta trascendental conferencia denominada Nuestros Océanos, voy a aprovechar la oportunidad para correr temprano en las bellas playas de este hermoso país. Hasta la próxima.




















































