La pitahaya desafía al cambio climático en Suchiapa y conquista el mercado con innovación agroecológica
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Mientras el termómetro alcanza niveles históricos y la inestabilidad climática siembra la incertidumbre en los campos de la entidad, un grupo de productores en el municipio de Suchiapa ha encontrado en la pitahaya una veta de resistencia, resiliencia y éxito comercial. A través del uso de técnicas agroecológicas y una visión de negocios basada en el valor agregado, estos agricultores no solo plantan cara a las plagas y al calor extremo, sino que transforman su cosecha en productos innovadores que conquistan paulatinamente nuevos nichos de mercado.
La temporada actual no ha sido sencilla, los productores locales señalaron que las intensas y prolongadas olas de calor registradas durante la primera mitad del año causaron estragos en los cultivos, abortando los primeros botones florales de la estación y retrasando el ciclo habitual, no obstante, la naturaleza dio un respiro; las recientes precipitaciones pluviales trajeron consigo una recuperación favorable y acelerada de las plantaciones de cactáceas, marcando el inicio de una nueva y prometedora etapa de recolección.
Cultivar de forma sustentable en tiempos de crisis climática exige creatividad y un profundo respeto por el entorno, para los trabajadores agrícolas de Suchiapa, uno de los mayores dolores de cabeza es la presencia de la mosca de la fruta, un insecto capaz de destruir plantíos enteros al perforar tanto los botones florales como las piezas listas para corte.
Lejos de recurrir a los agroquímicos convencionales que contaminan el suelo y encarecen los costos de producción, los productores han implementado una estrategia de manejo integrado de plagas basada en métodos estrictamente naturales. Mediante la colocación estratégica de trampas caseras elaboradas con mezclas de vinagre, melaza y agua con jabón, logran controlar la población del insecto de manera efectiva sin dejar residuos tóxicos en el alimento. Esta apuesta por la producción agroecológica no solo garantiza un fruto más sano y limpio para el consumidor final, sino que preserva la biodiversidad local y disminuye la huella ecológica de la actividad agrícola.
El verdadero salto cuántico para la economía de Suchiapa ha sido la industrialización artesanal de la pitahaya, conscientes de que el periodo de vida en anaquel de la fruta fresca es corto y que la sobreoferta estacional suele deprimir los precios, los agricultores decidieron diversificar sus ingresos procesando la pulpa.
Hoy en día, el excedente de la cosecha se transforma en una atractiva línea de derivados que incluye paletas heladas, aguas frescas, jarabes y yogures cremosos que conservan el vibrante color rosado y las propiedades antioxidantes del fruto, esta estrategia de valor agregado les permite romper con la estacionalidad de la planta, manteniendo canales de comercialización activos durante los 12 meses del año y asegurando un flujo económico constante para las familias campesinas.
“La transformación nos ha permitido rescatar la fruta que estéticamente no califica para el mercado de primera, pero que tiene un sabor y nutrientes excepcionales, ahora la gente consume pitahaya todo el año”, explicaron los productores.
Tradicionalmente, la pitahaya ha cargado con el estigma de ser un producto de lujo, exótico y prohibitivo para los bolsillos de la mayoría de la población. En los supermercados y grandes cadenas comerciales del estado, el precio del kilogramo de esta fruta exótica ha llegado a rozar la barrera de los 200 pesos en semanas recientes, alejándola de las mesas trabajadoras.
Decididos a democratizar el consumo de este tesoro chiapaneco, los productores de Suchiapa han optado por esquemas de venta directa y comercio justo.
Actualmente, ofrecen el kilogramo directamente de sus parcelas a un precio promedio de 120 pesos. Con este margen competitivo, buscan derribar la percepción de que es un alimento exclusivo, fomentando la soberanía alimentaria y permitiendo que la sociedad local redescubra los beneficios nutricionales de un cultivo nativo.











































