60 por ciento de incidencias ocurre dentro del entorno familiar, mientras que el Voluntariado de la Fiscalía ha reforzado acciones de atención
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La violencia contra niñas, niños y adolescentes chiapanecos continúa siendo una de las problemáticas más sensibles en la entidad, con casos que se registran dentro del hogar y que afectan la seguridad, el desarrollo y la vida cotidiana de la niñez en distintas regiones del estado, lo que mantiene en alerta a autoridades, organizaciones sociales y familias.
En la región Altos y en la zona Istmo-Costa se ha concentrado el mayor número de casos de abuso contra menores, con más de mil 200 denuncias registradas en los últimos años por situaciones de violencia y agresiones de tipo sexual, lo que puso a estos territorios como puntos críticos donde el problema no ha logrado disminuir a pesar de las acciones de atención y prevención.
Autoridades estatales ha reconocido que lejos de reducirse, los casos han mostrado un incremento constante en estas zonas del estado, donde la pobreza, la dispersión de comunidades, la falta de servicios cercanos y el acompañamiento de las autoridades hacen más difícil la denuncia y la atención oportuna, lo que provoca que muchas situaciones de violencia no sean atendidas a tiempo o incluso no se denuncien, esto desencadena una ciclo de maltrato que nunca termina y que en muchos casos tienen un desenlace fatal.
El 60 por ciento de los casos de violencia contra menores en la entidad, ocurre dentro del seno familiar y es ejercida por personas cercanas al entorno de los infantes, por lo tanto, las estadísticas en abuso infantil se disparan y ante la falta de mecanismos de protección y seguimiento de las autoridades, han logrado posicionar a Chiapas en la lista de las demarcaciones con peor seguridad para este sector poblacional.
Ante este panorama, el Voluntariado de la Fiscalía ha reforzado su presencia en las regiones más afectadas mediante visitas a escuelas, talleres de prevención, atención psicológica y apoyo a familias con becas y asistencia alimentaria, con el objetivo de acompañar a las víctimas y reducir el impacto de la violencia en su entorno diario.











































