El día a día de estas comunidades transcurre entre el acarreo manual, la captación improvisada y la compra de pipas o garrafones
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas vive una de las contradicciones más profundas y dolorosas del México contemporáneo; si bien el estado alberga una tercera parte de los recursos hídricos de todo el país, la realidad de sus habitantes dista mucho de la abundancia. Un revelador informe colaborativo titulado Chiapas por el Agua 2024, coordinado por la asociación civil Cántaro Azul, encendió las alarmas al revelar que solo el 37.8 por ciento de la población chiapaneca cuenta con acceso diario al líquido vital. Esta alarmante cifra posiciona a la entidad como el segundo estado con menor cobertura de agua a nivel nacional.
La investigación expone de qué manera la escasez y la falta de infraestructura se agudizan de forma dramática en las localidades rurales. Ante la ausencia de una red de distribución eficiente, miles de familias se ven obligadas a resolver el desabasto por su propia cuenta. El día a día de estas comunidades transcurre entre el acarreo manual, la captación improvisada de agua de lluvia en cubetas o botellas, y la compra de pipas o garrafones que impactan directamente en la economía familiar.
Esta carga, señala el documento, no se distribuye de manera equitativa, son las mujeres, las niñas y los niños quienes asumen la responsabilidad física de caminar varios kilómetros para abastecer a sus hogares.
El informe denuncia que muchos menores se ven obligados a faltar a la escuela para cumplir con estas extenuantes jornadas de acarreo desde manantiales, ríos y lagos.
El problema en la comarca no es únicamente la cantidad de agua, sino su preocupante calidad. El estudio recuerda que un monitoreo conjunto realizado por Cántaro Azul y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) detectó que el 60 por ciento de los sistemas distribuyen agua contaminada con materia fecal, superando por 20 puntos porcentuales el promedio nacional del 40 por ciento.
La crisis sanitaria se ve agravada por la inoperancia de la infraestructura existente, aunque en los últimos 15 años se han construido cientos de plantas de tratamiento de aguas residuales en la geografía chiapaneca, menos de 10 de ellas operan bajo el cumplimiento real de las normativas vigentes, en las zonas rurales, detalla el informe, los procesos de cloración son prácticamente nulos y no existen mecanismos para potabilizar el recurso durante la temporada de lluvias.
Las consecuencias de consumir agua contaminada las pagan los sectores más vulnerables. Chiapas registra la tasa más alta de enfermedades gastrointestinales en menores de cinco años en todo México. De hecho, desde 1990 y hasta 2022, el estado ha mantenido de forma ininterrumpida el primer lugar nacional en muertes por enfermedades diarreicas en este grupo de edad; para 2022, la tasa de mortalidad infantil por esta causa casi triplicó la media nacional.
A la par del desorden ecológico y la proliferación de asentamientos irregulares y empresas mineras que destruyen humedales, el informe pone el dedo sobre la llaga presupuestal. Las inversiones públicas en infraestructura hídrica han sufrido un recorte en los últimos 15 años: pasaron de mil millones de pesos anuales a menos de cien millones de pesos en la última década.
Este recorte del 90 por ciento, sumado a la dispersión de atribuciones entre diversas dependencias, mantiene paralizado el avance institucional.
Frente a este panorama, y recordando que la región es el estado con mayor pobreza del país (con el 67.4 por ciento de su población en vulnerabilidad y un 28.2 por ciento en pobreza extrema según datos oficiales), la Agenda Chiapas por el Agua 2024 hace un llamado urgente a los actores públicos y académicos.
La organización enfatiza que ninguna de las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 de la ONU está en vías de cumplirse en la entidad, por lo que resulta impostergable diseñar un plan hídrico integral basado en la democracia, la participación ciudadana y una gobernanza que garantice, finalmente, la justicia hídrica y un acceso digno al agua.











































