Manuel Velázquez
Las sociedades del mundo contemporáneo, inmersas en el consumismo, la inmediatez, la superficialidad y bajo el asedio constante de la comodidad que ofrecen las nuevas tecnologías, han alterado considerablemente su dinámica en todos los aspectos, y el ámbito del arte no ha quedado exento de ese efecto. El fast art ha generado una abundancia de propuestas fáciles, rápidas y muchas veces espontáneas que ni siquiera responden a preguntas formuladas, sino a cuestiones de consumo y de lectura impuestas por el Establishment.
En el contexto de una realidad vertiginosa y contradictoria, Maribel Portela, Claudia Gallegos y Javier Guadarrama —como creadores y como espectadores— han podido observar el devenir de las artes visuales y han tomado decisiones sobre la producción de su obra desde una perspectiva ética y estética. La lógica del algoritmo, las dinámicas del mercado y los formatos de medios digitales reducen los procesos y contenidos de la producción, circulación y consumo artístico a una identidad que trivializa la cultura al limitar la pluralidad y la autonomía artística. Bajo esta lógica, “el arte es despojado de su capacidad crítica y funciona como bienes visuales adaptados para encajar en patrones de comportamiento del consumidor”.
Maribel Portela, Claudia Gallegos y Javier Guadarrama han mantenido un diálogo constante por largo tiempo y presentan coincidencias en nociones fundamentales de su quehacer artístico: la comprensión de su obra como un proceso reflexivo, de análisis personal e íntimo, de observación, que deriva en uno de transformación al plantear una construcción de sentido. Portela, por ejemplo, recurre a elementos naturales como plantas, troncos y semillas, creando una conexión con el land art y el arte povera, mientras que su práctica dialoga con la biodiversidad y la naturaleza como parte del patrimonio cultural.
Desde esa perspectiva Claudia Gallegos y Javier Guadarrama proponen al espectador, a contracorriente, obras que aún se fundan en aspectos como el ejercicio cotidiano en la valoración de la convivencia, la discusión e intercambio de puntos de vista en torno a sus respectivos quehaceres y el entorno profesional.
La contemplación o la preocupación por el oficio, como articulador del contenido en la búsqueda de una propuesta sólida, une en un diálogo a los tres artistas. A diferencia de la obra-objeto tradicional, estos artistas promueven un pensamiento sobre el carácter inconmensurable del mundo, desde recursos y procedimientos tradicionales que no han sido superados por el despliegue de las nuevas tecnologías. La producción manual y la temporalidad reflexiva que estos procedimientos suscitan siguen vigentes y generando nuevas posibilidades reflexivas.
Este es el diálogo visual entre tres artistas que, frente a la estandarización del arte en plataformas digitales y la conversión del arte en mercancía para consumo masivo, reivindican el proceso sobre el producto y el sentido sobre la inmediatez.
Maribel Portela, Claudia Gallegos y Javier Guadarrama llevan años conversando entre ellos sobre estos puntos. Desde el taller, desde la amistad. Coinciden en algo esencial: entienden su obra como un proceso íntimo de observación que se vuelve reflexión, análisis personal y, al final, transformación. Cada pieza busca construir sentido. Nos proponen un alto. Obras que nacen del ejercicio diario, de valorar la convivencia, de discutir e intercambiar miradas sobre el oficio y el entorno. Obras que defienden la contemplación y el trabajo bien hecho como forma de decir algo sólido al espectador.
Flavia celebra su noveno aniversario con la exposición Equilátero. Recorre la muestra. Déjate abrazar por las obras y brindemos juntos por nueve años de Flavia.




















































