El Festival Gastronómico en Tuxtla Gutiérrez promueve el valor cultural, nutricional y económico de esta planta ancestral
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
El aroma inconfundible del chipilín volvió a reunir a decenas de familias chiapanecas en el Festival Gastronómico del Chipilín, este encuentro de sabor e identidad se consolidó como un espacio clave donde cocineras tradicionales, emprendedores y especialistas destacaron la profunda relevancia cultural, nutricional y económica de una de las plantas silvestres más representativas de la cocina y la vida cotidiana en el estado de Chiapas.
El evento, que congregó a cerca de una treintena de expositores en la capital del estado, tuvo como fin principal generar conciencia social sobre el valor de este ingrediente autóctono. El antropólogo Juan Raúl Álvarez Vázquez, coordinador de Cultura Zoque del Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura, explicó que el festival busca abrir los ojos de la población urbana para redescubrir lo que yace detrás de este arbusto tradicional.
“Aquí tenemos entre 25 y 30 expositores… buscamos que la gente vea más allá de esa planta y reconozca la importancia que el chipilín tiene en nuestra cultura cotidiana”, detalló el antropólogo.
El especialista recordó que el chipilín pertenece al grupo de los quelites, término de origen náhuatl que refiere a las plantas silvestres comestibles, estas especies crecen de manera natural en la milpa y destacan por su extraordinario aporte alimenticio, han acompañado la dieta de generaciones de chiapanecos, sirviendo de base para platillos emblemáticos como los tamales o la tradicional sopa de chipilín con bolitas de masa.
Aunque existe una percepción generalizada de que los jóvenes han perdido el interés por consumir estos alimentos tradicionales, Álvarez Vázquez sostuvo que la responsabilidad principal de mantener viva la tradición recae directamente en el núcleo familiar. Para el antropólogo, el verdadero reto consiste en reeducar desde el hogar y adaptar los canales de comunicación tradicionales a los formatos actuales para conectar con las nuevas audiencias.
“No creo que los jóvenes rechacen el chipilín; la responsabilidad está en enseñarlo desde casa y seguir transmitiendo su valor cultural y alimenticio”, puntualizó.
A la par de la cocina tradicional, el festival abrió sus puertas a productores locales que buscan innovar en la preparación del chipilín como una vía para conquistar paladares jóvenes y generar desarrollo económico en las comunidades rurales del estado.
Marilena Jiménez, hija de campesinos y emprendedora chiapaneca, explicó que el cultivo del chipilín representa el sustento económico directo de muchas familias campesinas. Ante el avance de la comida chatarra, su proyecto ha decidido diversificar la oferta culinaria creando recetas modernas y atractivas para la niñez, como pizza, palomitas de maíz y totopos elaborados a base de esta planta.
“Lo cosechamos nosotros mismos y buscamos nuevas formas para que los niños quieran consumirlo; queremos que vuelva a formar parte de su alimentación”, comentó Jiménez.
La productora alertó sobre la tremenda desventaja que supone competir contra las grandes industrias de alimentos ultraprocesados en el mercado actual, por lo que urgió a la ciudadanía a regresar a los ingredientes naturales y apoyar activamente el comercio de los productores locales.
El Festival Gastronómico del Chipilín reafirmó de esta manera que el arbusto sigue siendo un gran estandarte de la identidad chiapaneca, impulsando la economía local y la resistencia de sus tradiciones alimentarias ancestrales ante los desafíos del mundo moderno.



















































