Habla sobre su nuevo proyecto, la construcción de su personaje y las experiencias que han marcado su camino artístico
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Adrián Vázquez llega al estreno de El yerno en Netflix en una etapa de plena madurez profesional. Después de más de dos décadas de trabajo ininterrumpido, su nombre se ha convertido en una constante dentro del teatro, el cine y la televisión mexicana, disciplinas en las que ha desarrollado una carrera marcada por la versatilidad y por una búsqueda creativa que lo ha llevado a desempeñarse con la misma solvencia como actor, director y dramaturgo.
Su trayectoria ha estado construida a partir de proyectos diversos que le han permitido transitar entre distintos lenguajes y formatos. Lo mismo ha formado parte de producciones cinematográficas nacionales e internacionales que de series de televisión y montajes teatrales que han dejado huella en la escena contemporánea, consolidando una visión artística que privilegia las historias cercanas a la experiencia humana y los personajes con múltiples capas.
Ahora, con El yerno, protagoniza una película que encuentra en las relaciones familiares su principal motor narrativo, la historia se desarrolla a partir de la llegada de un nuevo integrante a un hogar donde las diferencias de personalidad, las tensiones acumuladas y las expectativas de convivencia comienzan a salir a la superficie, dando forma a una trama que combina momentos de humor con situaciones profundamente reconocibles para el espectador.
Más allá de la interpretación, Vázquez ha desarrollado una comprensión integral del oficio gracias a su experiencia en la escritura y la dirección, esa combinación de facetas le ha permitido acercarse a cada proyecto desde distintas perspectivas y fortalecer una mirada que entiende la actuación no solo como la construcción de un personaje, sino también como una herramienta para explorar las dinámicas, contradicciones y emociones que atraviesan a las personas.
Con motivo del estreno de El yerno, Adrián Vázquez conversó sobre este nuevo desafío profesional, la construcción de un personaje que altera el equilibrio de toda una familia, las lecciones que le han dejado años de experiencia en los escenarios y los sets de filmación, así como la pasión que continúa impulsándolo a encontrar nuevas formas de contar historias y conectar con el público.
Adrián, qué bueno que has tenido actividad estos días con la promoción de El yerno en Netflix. ¿Cómo viviste esta experiencia desde el inicio? “Fue una experiencia muy grata desde el inicio, el hecho de haber sido considerado por Gerardo Naranjo y James Schamus para interpretar a José Sánchez representó un honor enorme y un privilegio profesional; al final, lo que hacemos es encarnar personajes y contar historias, y cuando llega un proyecto de este nivel uno lo asume con responsabilidad total y con mucha entrega”.
“Todo el proceso fue especialmente disfrutable, desde la etapa de preparación, pasando por la filmación y hasta la postproducción, hubo una sensación constante de estar dentro de algo que exigía concentración, pero también mucha pasión, es de esos proyectos que te permiten involucrarte de lleno, sin distracciones, entendiendo que cada parte del proceso suma a la construcción final de la historia”, explicó.
La actuación llegó a tu vida de una manera distinta a la de muchos intérpretes que descubren su vocación desde la infancia. ¿Cómo fue ese encuentro con el teatro? “Llegó bastante tarde, no era una vocación que tuviera clara desde niño ni algo que formara parte de mis planes iniciales. Ya estaba en la universidad cuando entré a un taller de teatro y ahí se abrió una posibilidad completamente distinta, no fue un descubrimiento inmediato, sino un proceso gradual en el que me fui involucrando hasta entender que ahí había algo que podía convertirse en mi forma de vida”.
“Con el tiempo empecé a reconocer que había una afinidad natural con contar historias y con la posibilidad de habitar otros personajes. Desde niño me gustaba hacer reír a los demás y crear pequeñas narraciones, pero no sabía cómo traducir eso en una disciplina concreta; el teatro me dio una posibilidad concreta para hacerlo”, respondió.
¿Cómo fue tomar la decisión de estudiar teatro formalmente en Xalapa? “Fue una decisión que llegó ya en una etapa más madura, tenía 28 años cuando me mudé a Xalapa para estudiar en la Universidad Veracruzana, para muchos puede parecer tarde, pero para mí fue el momento exacto en el que entendí que esto era lo que quería hacer”.
“No lo vivo como una desventaja, al contrario, creo que cada persona llega a este oficio desde lugares distintos y eso enriquece la forma de trabajar, en mi caso, esa llegada tardía me dio otra perspectiva de la vida que terminó siendo muy valiosa para mi trabajo como actor”, afirmó.
En una carrera como la tuya, donde hay momentos de mucha actividad y otros de incertidumbre, ¿cómo has aprendido a sostenerte? “Entendiendo que no hay fórmulas, cada carrera es distinta y cada proceso creativo responde a circunstancias específica, lo único constante es la necesidad de trabajar con entrega, sin importar el tamaño del proyecto o la visibilidad que tenga”.
“La pasión tiene que ser la misma en todos los casos, no puedes permitirte trabajar con menos intensidad solo porque un proyecto es pequeño, cada historia merece el mismo compromiso, y eso es algo que se aprende con el tiempo, cuando entiendes que la consistencia es parte fundamental del oficio”, contestó.
¿En qué momento de tu vida llega El yerno? “Llega en un momento muy pleno, es una película que comenzamos a filmar hace aproximadamente un año y que se estrena en una etapa en la que me siento muy estable tanto personal como profesionalmente”.
“Tengo una compañía de teatro, estoy casado y rodeado de un entorno que me sostiene emocional y creativamente. A nivel profesional, también es un momento significativo porque llevo cerca de 30 años trabajando en esto y sigo sintiendo la misma pasión que al principio”, detalló.
¿Cómo describirías la historia de El yerno? “La película sigue la historia de José Sánchez, un hombre carismático, hábil y con una gran capacidad de adaptación que le permite abrirse camino en distintos espacios de poder. Es un personaje que entiende cómo moverse dentro de las circunstancias para ir escalando posiciones hasta llegar a convertirse en fiscal de un estado ficticio”.
“A partir de ese recorrido se construye una sátira que utiliza el humor negro para hablar del poder, la corrupción y las dinámicas que existen entre estructuras políticas y criminales. Es una historia que utiliza la comedia para mostrar algo que en el fondo resulta inquietante”, narró.
¿Qué te interesó de este personaje en particular? “Me interesó la posibilidad de habitar un personaje con varias etapas de vida y con transformaciones físicas y emocionales muy marcadas. Eso siempre representa un terreno muy rico para la actuación porque obliga a construir distintas energías dentro de una misma narrativa”.
“Además, el trabajo con Gerardo Naranjo y James Schamus fue fundamental, hubo una colaboración constante y un acompañamiento creativo muy cercano. Eso hace que el proceso no sea individual, sino completamente colectivo”, sostuvo.
Después de casi tres décadas de carrera, ¿qué sigue sorprendiéndote de la actuación? “Todo. Lo mismo que me sorprendía hace 30 años sigue sorprendiéndome hoy, cada función, cada proyecto, cada personaje implica volver a empezar desde cero”.
“El teatro, por ejemplo, tiene esa particularidad de ser siempre distinto, aunque el texto sea el mismo, las condiciones cambian constantemente. El estado emocional de los actores, el público, el espacio, todo influye, eso hace que el trabajo nunca sea definitivo”, aseveró.
¿Qué ha cambiado en ti a lo largo de estos años? “La experiencia, sin duda, pero no el impulso, sigo intentando trabajar con la misma entrega y con la misma curiosidad que al inicio. Me interesa que el trabajo siga sorprendiéndome, no perder esa sensación de descubrimiento”.
“También he aprendido a entender que esto es un trabajo colectivo, no se trata de una visión individual, sino de un proceso en el que intervienen muchas miradas. Esa conciencia ha sido fundamental en mi evolución”, externó.
¿Qué preguntas siguen presentes en tu trabajo como actor? “Las preguntas esenciales, qué somos, cómo nos construimos, qué nos mueve. Son interrogantes que no tienen una respuesta definitiva y que aparecen constantemente cuando estás creando personajes”.
“También me interesa mucho cómo se expresa una naturaleza humana distinta a la mía, ese ejercicio de observación es permanente, cada personaje es una forma distinta de intentar entender al ser humano”, precisó.
¿Qué riesgos artísticos te gustaría asumir en el futuro? “Me intriga la posibilidad de dirigir cine, es algo que considero un riesgo artístico importante y que me genera mucha curiosidad, no sé si sucederá pronto o si sucederá alguna vez, pero es una idea que está ahí”, señaló.
Para cerrar, si pensaras en lo que ha cambiado en ti con este proyecto, ¿qué parte de ti dirías que quedó atrás? “Quizá la curiosidad sobre el resultado final, cuando trabajas algo con tanta intensidad, llega un punto en el que lo entregas y esa incertidumbre sobre cómo quedó deja de ser relevante, esa curiosidad se transforma en otra cosa”.
“Lo que permanece es el proceso, no el resultado. Y eso también forma parte del aprendizaje”, concluyó.










































