Roberto Chanona
Personajes de Miguel Ángel, Rembrandt, Velázquez, Delacroix, Courbet, Picasso, Walt Disney, Cri-Cri, Los Pitufos y los Tamagotchi testimonian el absurdo, lo nostálgico y lo glorioso de nuestra época en la pintura neoconceptual de Nacho Chincoya, quien mezcla las influencias en un presente épico, utilizando al niño con pijama de bolitas y sandalias Crocs para mostrarnos el mundo caótico de nuestros días.
Hay expresionismo en su discurso centrado en la figura humana, tratada con un volumen casi escultórico y una gestualidad que evoca la intensidad de artistas como Joaquín Sorolla, quien aparece en uno de sus cuadros. El eco evidente del Renacimiento en las posturas de estos protagonistas dentro del lienzo contemporáneo es la pérdida y al mismo tiempo la reconciliación de su arte.
Sus obras son complejas, dialogando con la tradición pictórica clásica y la cultura pop. Están cargadas de simbolismo, como la estructura de los putti (querubines) que encarnan el amor terrenal en una peregrinación hacia un mundo de lágrimas, o los guerreros persas, romanos o griegos que representan como en la vida, una batalla perdida por adelantado. Chincoya tiene clara nuestra civilización mestiza como herederos del vacío creado por tanta información de siglos y nos lo recrea con humor y nostalgia.
Además, hay influencia surrealista en sus óleos. Los juguetes contemporáneos junto a representaciones de figuras históricas o arquetípicas crean una atmósfera onírica y distorsionada que busca otra realidad. La inclusión deliberada de tiras cómicas junto a motivos extraídos de la iconografía religiosa sugiere una apropiación posmoderna que busca romper la solemnidad de la pintura y representa una tendencia fresca en el arte contemporáneo de Chiapas.
En sus cuadros siempre hay como una línea que los divide, lograda con la división que forman los dípticos o trípticos, pero existente en la temática. Por ejemplo, en Globoflexia es a partir de una dama cubierta con un velo blanco: de un lado están el monarca, su bufón y su perro, del opuesto un enano con otros personajes, dos mundos contrarios, dos realidades que descubrirán el misterio de la mujer nívea. También se da en El pintor, entre un mundo helénico y prehispánico y otro moderno donde una escalera de madera conduce a un paisaje grafitero. Ojalá esta dualidad lo dirija pronto a la UNIDAD, en la cual radican la misión del artista y el encanto del arte.
El discurso de Chincoya me recuerda algunos versos de René Char: el destino de los hombres sándwich está escrito en caracteres para ciegos: ELECTRICISTA DE VENUS. Tengo la impresión de que poniendo al servicio la confusión que reina los versos de harina han devorado la sal del Ecuador.
Me gustaría recoger las palabras de Balam Bartolomé acerca de este artista oriundo de Tuxtla Gutiérrez: Se percibe en su obra puntuales resonancias -algunas involuntarias-, como una trompeta cerca del oído: éstas van de Jean-Michel Basquiat y Los Pasteles Verdes a Los Pitufos, Gary Baseman, Hermelinda Linda y Chico Che, pasando por Ren y Stimpy, los Magicuentos y Cri-Cri, todos tocando “El sirenito” junto a Rigo Tovar en una improvisación exaltada y eufórica, un jamming delirante.
Así pues, la de Nacho es melancolía pintada. Es la uña rascando las costras de la Imaginación. Es una limpia bofetada a la sonrisa estúpida de la pintura. Es la energía rebelde de una orquesta de mambo: la Orquesta Mil Manotas.
También quiero traer al presente las palabras de Javier Orozco Palavicini, con quien conviví durante mi estancia en Chiapa de Corzo: Ignacio Chincoya es el más destacado creador de la generación emergente de artistas plásticos chiapanecos.
En esta región de México durante todo el siglo XX ha sido rasgo común el dominio de las letras por encima de cualquier otra disciplina artística; sin embargo, en los últimos diez años las artes plásticas han tenido un notable crecimiento cualitativo y cuantitativo, hasta lograr una posición de reconocimiento social generalizado, y es en esta competitiva dinámica en la que Ignacio Chincoya consolida una posición dentro del panorama creativo local gracias a la calidad plástica de su obra.
Nacho Chincoya es un pintor prolífico, incansable y tenaz. Trabaja en eso que se nos escapa de nuestras manos y nos deja una gran nostalgia donde nuestro artista está intentando, tan solo intentando, saltar al centro del vacío ¡Su pintura es una danta que viene de parir una zorra azul!



















































