Cientos de personas amputadas en el estado enfrentan un panorama crítico para recuperar su movilidad.
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Para una persona que ha sufrido la pérdida de una extremidad, una prótesis representa mucho más que un dispositivo médico; es la llave para recuperar su autonomía, regresar al mercado laboral y reconstruir su proyecto de vida, sin embargo, en Chiapas, acceder a esta oportunidad es un privilegio reservado para muy pocos. El elevado costo de los materiales, la excesiva dependencia de la importación de componentes y, sobre todo, la escasez de especialistas altamente capacitados convierten esta necesidad de salud en una meta casi inalcanzable.
El técnico ortoprotesista David Alejandro Ruiz Escobar, encargado del área de ortopedia de una clínica especializada en la entidad, señaló que el imaginario colectivo suele simplificar erróneamente este proceso. Conseguir una prótesis no se limita a comprar un aparato y colocarlo; se trata de un camino médico, técnico y psicológico que puede prolongarse por casi un año.
La personalización es absoluta en la ortopedia técnica, no existen dos cuerpos iguales, por lo que cada dispositivo debe diseñarse a la medida exacta del muñón del paciente para evitar llagas, infecciones o malformaciones óseas.
“La fabricación de este tipo de prótesis son las más complejas que hay”, afirmó Ruiz Escobar, al explicar que el desarrollo pasa por múltiples etapas de prueba antes de entregar el producto final.
El especialista detalló que, antes de verter la resina o utilizar materiales definitivos, es obligatorio crear moldes temporales para evaluar la respuesta del cuerpo al caminar o sujetar objetos. “Nosotros fabricamos de dos a tres cuencas (sockets) antes de llegar a la prótesis de fibra de carbono, es un proceso sí o sí necesario”, abundó. Esta meticulosa fase de ensayo y error garantiza que el paciente no rechace el dispositivo debido al dolor o la incomodidad.
El factor financiero es, sin duda, el obstáculo más grande para las familias chiapanecas. Una prótesis mecánica de gama media-alta, elaborada con materiales duraderos y funcionales, tiene un costo estimado de entre 90 mil y 125 mil pesos. Este monto, de por sí elevado para el ingreso promedio en la región, incluye las consultas de ajuste, la fabricación y los meses de terapia ocupacional indispensables para aprender a usarla.
Sin embargo, cuando el nivel de amputación o la actividad del paciente exigen tecnología de punta, el costo se dispara de forma astronómica.
“Una prótesis como la que nosotros estamos aportando tiene un valor de 125 mil pesos… Una prótesis mioeléctrica ronda entre un millón y un millón doscientos mil pesos”, advirtió el ortoprotesista.
Estas últimas, que funcionan mediante sensores que leen los impulsos eléctricos de los músculos del paciente, son prácticamente un sueño imposible en un estado con altos índices de marginación.
A este escenario se suma la falta de proveeduría nacional. Para armar un dispositivo de calidad, los talleres locales deben recurrir al extranjero, “se tuvieron que mandar a traer componentes de Alemania y de Estados Unidos. Si queremos darle una prótesis, se le tiene que dar la mejor que esté en nuestras posibilidades”, explicó Ruiz Escobar, lo que incrementa significativamente el tiempo de entrega y encarece los costos debido a los aranceles y el transporte.
Aunque Chiapas cuenta con técnicos capaces de realizar trabajos de alta complejidad, la cantidad de especialistas en biomecánica y rehabilitación sigue siendo alarmantemente baja para la demanda real del estado. Además, el éxito de la inversión no recae únicamente en la calidad del aparato, sino en la disciplina del usuario durante la etapa posterior.
Ante la falta de políticas públicas robustas y programas gubernamentales de cobertura amplia para el sector, la sociedad civil y las clínicas privadas intentan mitigar la crisis mediante esquemas de donación, aunque sus esfuerzos resultan insuficientes ante el tamaño del problema.
“Tenemos una lista de espera de aproximadamente 27 pacientes. Por más que tengamos la capacidad económica, no podemos satisfacer ese vacío; por eso realizamos una donación anual”, concluyó Ruiz Escobar.










































