A través de una alianza con rescatistas independientes, la reconocida cadena mexicana dona diariamente entre 30 y 40 kilos de alimento
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
En las mañanas chiapanecas, cuando los primeros aromas a pollo asado y especias comienzan a salir de las cocinas, un movimiento silencioso, pero profundamente transformador tiene lugar a las afueras de las sucursales gastronómicas. Lo que en la industria comercial suele etiquetarse fríamente como “merma”, en las manos adecuadas se ha convertido en el banquete más esperado del día para decenas de perros en situación de calle y vulnerabilidad extrema en la región.
La cadena de pollos rostizados de origen tapatío ha consolidado un inspirador programa de responsabilidad social y economía circular solidaria, mediante el cual dona un estimado de 30 a 40 kilogramos diarios de alimento apto para el consumo canino. Taquitos, costillitas, alitas y piezas de pollo que no alcanzaron el aparador comercial son cuidadosamente reunidos para alimentar a los peluditos sin hogar que deambulan por colonias populares y zonas marginadas de la capital y sus alrededores.
Esta iniciativa no nació de un frío escritorio corporativo, sino del diálogo empático entre la iniciativa privada y la ciudadanía comprometida. La idea tomó forma cuando un grupo de defensores e independientes del bienestar animal tocó las puertas de la empresa buscando alternativas para sostener los elevados costos de alimentación en sus recorridos diarios de rescate.
Actualmente, una red conformada por entre tres y cuatro rescatistas independientes se encarga de realizar la recolección estratégica del producto en las sucursales para trazar rutas alimentarias cotidianas. Gracias a este esfuerzo logístico coordinado, la ayuda llega de manera oportuna a caninos vulnerables no solo en Tuxtla Gutiérrez, sino también en municipios conurbados como Ocozocoautla (Coita), Berriozábal y la histórica Chiapa de Corzo, aprovechando la sólida infraestructura de la franquicia que hoy suma 25 sucursales activas en la región.
Amairani Ocaña, encargada del área de marketing de la empresa, reflexiona sobre el cambio de paradigma que supuso esta alianza dentro de la operatividad diaria de la empresa. Según explica la vocera, en el rubro restaurantero los sobrantes de cocina representan un reto complejo que muchas veces concluye lamentablemente en el contenedor de basura.
“En ocasiones uno como empresa no sabe qué uso darle a la merma y por lo regular la tiramos. A nosotros nos buscaron personas independientes que se dedican a este tipo de apoyo. Los perritos son los más felices de comer Pollo todos los días; para evitar el desperdicio, podemos darle un excelente uso social y dar el ejemplo a otras marcas”, destacó Ocaña.
La donación diaria abarca una amplia variedad de productos emblemáticos de su menú preparado. Alimentos como taquitos, costillas y alitas, elaborados con altos estándares de calidad, se convierten en la ración proteica indispensable para animales que de otro modo pasarían días enteros sin probar bocado.
Esta empresa de pollos rostizados con sucursales en Chiapas es una empresa 100 por ciento mexicana nacida en Guadalajara, Jalisco, que ha echado raíces profundas en suelo chiapaneco no solo por su sazón comercial, sino por su constante vocación comunitaria. Las acciones en pro de la fauna callejera forman parte de un historial altruista más amplio que incluye colaboraciones constantes con albergues caninos, entregas extraordinarias de alimentos en hospitales públicos y apoyos directos a sectores en vulnerabilidad.










































