Médicos enfatizaron la importancia de diagnosticar a tiempo esta infección parasitaria transmitida por agua o verduras contaminadas
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Ante el reciente reporte de casos de ciclosporiasis en el país y la alerta epidemiológica emitida en la región norteamericana, especialistas en salud intestinal han encendido las alarmas para llamar a la población a no subestimar los cuadros diarréicos prolongados.
Esta infección, causada por el parásito microscópico Cyclospora cayetanensis, suele confundirse con frecuencia con gastroenteritis bacterianas o virales comunes, lo que retrasa un diagnóstico oportuno e incrementa el riesgo de complicaciones severas como la deshidratación aguda.
De acuerdo con la Secretaría de Salud federal, con corte al 21 de julio de 2026, se han confirmado oficialmente tres casos de ciclosporiasis en el territorio nacional. Aunque todos los pacientes han recibido atención oportuna y se reportan fuera de peligro, las autoridades sanitarias mantienen una vigilancia activa en todos los estados para detectar cualquier posible brote masivo, en concordancia con los protocolos internacionales activados tras el incremento de contagios en Estados Unidos.
El cuadro clínico provocado por Cyclospora se caracteriza por episodios de diarrea líquida y abundante, frecuentemente acompañados de dolor abdominal de tipo cólico, náuseas, vómito, pérdida del apetito, fatiga extrema y fiebre leve o moderada.
La principal vía de transmisión de este microorganismo es la ingesta de agua potable sin tratar o el consumo de frutas, hortalizas y verduras frescas que han sido regadas o lavadas con agua contaminada con materia fecal.
Especialistas en infectología explican que, a diferencia de las infecciones gastrointestinales más habituales en México como las causadas por bacterias de los géneros Salmonella, Escherichia coli o Salmonella typhi (fiebre tifoidea) la ciclosporiasis destaca por su prolongada duración. Sin el tratamiento adecuado, los síntomas pueden persistir desde varias semanas hasta más de un mes, manifestándose de forma cíclica con periodos de aparente mejoría seguidos de recaídas repentinas.
Debido a que los síntomas son prácticamente indistinguibles de otras enfermedades estomacales al inicio del cuadro, los expertos señalan que el examen clínico básico es insuficiente para identificar el origen del problema. La única vía certera para confirmar la presencia del parásito es mediante análisis de laboratorio específicos, como un estudio coproparasitoscópico concentrado o pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) en heces, los cuales no siempre se solicitan de rutina en la consulta médica de primer contacto.
En entidades del sur del país como Chiapas, los médicos advierten que la enfermedad puede presentarse a lo largo de todo el año debido al clima tropical y al consumo constante de vegetales frescos procedentes de cultivos locales. Sin embargo, un alto porcentaje de los casos pasa desapercibido dentro de las estadísticas oficiales, dado que la mayoría de los pacientes tiende a automedicarse o a asumir que se trata de un malestar pasajero, acudiendo a los servicios de salud únicamente cuando la deshidratación se vuelve crítica.
El pilar fundamental para el abordaje de la ciclosporiasis se centra en la administración de antiparasitarios específicos prescritos por un médico, aunado a una hidratación rigurosa a base de vida suero oral o soluciones electrolíticas. El grupo de mayor riesgo frente a esta infección está compuesto por lactantes, niños pequeños, adultos mayores y personas con afecciones crónicas o sistemas inmunológicos comprometidos, en quienes la pérdida acelerada de líquidos puede derivar en fallas renales o schock hipovolémico.










































