Investigadores advirtieron que la protección ambiental no ha impedido que la zona pierda
terreno frente a actividades agropecuarias
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
Los manglares pueden parecer solo árboles que crecen junto al agua, pero para las costas de
Chiapas cumplen una función mucho más importante, ayudan a contener inundaciones, protegen
las orillas y sirven de refugio para distintas especies, por eso preocupa que estos espacios sigan
desapareciendo, aunque buena parte de ellos se encuentre dentro de una zona natural protegida.
Desde los años setenta se calcula que Chiapas ha perdido entre 40 y 60 por ciento de su superficie
de manglar, según el investigador de la UNACH Vicente Castro Castro, una pérdida que no ocurrió
de un día para otro, puesto que detrás están décadas de apertura de terrenos para actividades
agropecuarias, invasiones y cambios en el uso del suelo, situaciones que deterioran estos
ecosistemas.
La presión también viene de cultivos que tienen un peso económico para la región, como la palma
de aceite, dado que en 2024 la comarca tuvo 38 mil 768 hectáreas cosechadas de palma africana,
de acuerdo con datos del sector agrícola, esto ayudó a entender por qué el problema radica en
encontrar la forma de frenar la producción sobre lugares donde antes había vegetación natural.
La Reserva de la Biosfera La Encrucijada protege 144 mil 868 hectáreas de la costa chiapaneca y
abarca zonas de municipios como Pijijiapan, Mazatán, Huixtla y Villa Comaltitlán, pero tener un
área protegida en el mapa no garantiza por sí solo que nadie pueda dañarla, sobre todo cuando
existen terrenos invadidos, incendios, extracción de manglar y personas que abren canales para
secar zonas y aprovecharlas para cultivos.
El investigador señaló que el problema también afecta el agua, dado que dentro de La Encrucijada
desembocan 17 ríos y los manglares ayudan a controlar inundaciones, retener sedimentos y
proteger la costa, por eso la pérdida de estos espacios puede afectar a más personas de las que
viven cerca de ellos, de ahí el llamado a reforzar la vigilancia y evitar que la frontera agropecuaria
gane terreno donde debería permanecer el manglar.
Desde los años setenta se calcula que se ha perdido entre 40 y 60 por ciento de su superficie de estos ecosistemas









































