Expone las fallas del sistema de atención y la urgencia de políticas públicas efectivas, especialmente entre jóvenes y hombres
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
FOTOS: ALEJANDRO LÓPEZ
El grito de auxilio silencioso que resuena en los hogares chiapanecos se ha vuelto ensordecedor. Detrás de las estadísticas oficiales, que registran un incremento sostenido en los casos de suicidio y trastornos mentales, se esconde una realidad que el sistema de salud y las autoridades locales apenas comienzan a dimensionar. Las cifras del 2025 y lo que va del 2026 no solo revelan una tendencia preocupante, sino que dibujan el mapa de una crisis que amenaza con profundizarse si no se toman medidas estructurales urgentes. El llamado de la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, Marcela Castillo Atristain, quien documentó 31 casos de suicidio solo en agosto de 2026, es la punta del iceberg de una problemática que exige una intervención integral.
De acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado (FGE), entre enero y junio de 2026 se contabilizaron 149 suicidios en la entidad, sin embargo, esta cifra se ha incrementado de manera acelerada. Para julio del mismo año, la FGE reportó que el número de casos sumaba ya 184 suicidios en los primeros siete meses del año, este dato es especialmente alarmante si se compara con el cierre del año 2025, cuando se registraron 240 suicidios en total. La proyección para 2026 sugiere que, de mantenerse esta tendencia, la cifra anual podría superar ampliamente la del año anterior, consolidando una curva ascendente que no muestra signos de desaceleración.
PERFIL DE LA CRISIS: HOMBRES JÓVENES EN LA MIRA
El perfil de las víctimas es un factor que enciende todas las alarmas. Los datos de la Fiscalía General del Estado revelan un patrón demoledor: ocho de cada 10 víctimas de suicidio en Chiapas son hombres; durante el primer semestre de 2026, de los 149 casos, 119 correspondieron al sexo masculino y solo 30 a mujeres, esta brecha de género, que se mantuvo en 2025 (193 hombres contra 47 mujeres), plantea interrogantes sobre los factores de riesgo y la presión social que enfrenta la población masculina en el estado.
El psicólogo Carlos Alegría Rivera, del Centro Estatal de Trasplantes del Estado de Chiapas, explicó que el suicidio es un fenómeno multicausal donde inciden factores psicológicos, familiares, sociales y económicos. “Es una cifra que cada vez va siendo más alarmante y lo que sigue siendo más alarmante aún es propiamente que las edades van tendiendo a disminuir. Estamos en una edad promedio de 17 a 19, 20 años, que por lo regular llegan a acceder a un intento de suicidio y algunas veces estos se llegan a consumar”, declaró en entrevista.
Los números respaldan sus palabras; la población más afectada es la de adultos jóvenes, durante el primer semestre de 2026, 83 de los 149 suicidios ocurrieron en personas de entre 20 y 39 años. La desagregación por grupos de edad muestra que el grupo de 20 a 29 años concentró 42 casos, seguido por el de 30 a 39 años con 41 casos. Aún más preocupante es la cifra del grupo de 10 a 19 años, que registró 24 suicidios en el mismo periodo.
EL PESO DE LA DEPRESIÓN: CHIAPAS ENTRE LAS MÁS AFECTADAS
El suicidio es la consecuencia más trágica de una crisis de salud mental que se expresa también en otros indicadores. Chiapas se posiciona como una de las entidades con mayor afectación emocional en el país. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025 del INEGI, el 15.1 por ciento de la población de 18 años y más en la entidad presenta indicios de depresión, lo que coloca al estado en el quinto lugar a nivel nacional. Esta cifra contrasta con la media nacional y refleja un problema de salud pública que se encuentra infradiagnosticado y mal atendido.
La depresión y la ansiedad no distinguen entre clases sociales, pero sus efectos son más devastadores en contextos de desigualdad y falta de acceso a servicios de salud. El psicoanalista Erwin López Ríos señaló que la demanda de atención a la salud mental es alta, pero los servicios son insuficientes, con tiempos de espera que pueden superar los dos meses.
RESPUESTA INSTITUCIONAL: ACCIONES AISLADAS FRENTE A UNA EMERGENCIA
En respuesta a la creciente presión social y las alarmantes cifras, las autoridades han comenzado a tomar medidas. A principios de agosto de 2026, el fiscal general del Estado, Jorge Luis Llaven Abarca, anunció el despliegue de más de 100 servidores públicos para reforzar las acciones de la Fiscalía en las regiones Istmo Costa y Soconusco, como parte del Plan Estratégico “Prevenir para el Buen Vivir”. Esta estrategia busca focalizar los esfuerzos en la atención de delitos como feminicidio, violencia familiar y, de manera destacada, el suicidio. El fiscal también informó que la mayoría de los suicidios se concentran en los municipios de Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y Palenque.
Por su parte, la presidenta de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, Marcela Castillo Atristain, ha sido una de las voces más activas en el ámbito legislativo. Con una trayectoria en temas de juventud y habiendo impulsado programas de salud mental durante su gestión al frente del Instituto Municipal de la Juventud y del Emprendimiento en Tuxtla Gutiérrez, Castillo Atristain ha hecho un llamado a reforzar las políticas públicas en la materia. “Sabemos de los casos y sobre todo en las juventudes. Los números marcan que la tendencia es que los hombres son los más afectados”, declaró, subrayando la necesidad de redoblar esfuerzos desde el ámbito legislativo y gubernamental, particularmente en el mes de visibilización de la prevención del suicidio en septiembre.
En el plano legislativo, en 2025 se presentó una iniciativa ciudadana en Comitán para establecer un “Departamento de Educación Psicoemocional” en escuelas públicas, en respuesta a que un 34 por ciento de estudiantes de secundaria reportaban síntomas de ansiedad o depresión, según una encuesta estatal de 2023, sin embargo, la propuesta aún se encuentra en fase de análisis.
EL ROL DE LA PREVENCIÓN Y LAS ADICCIONES
La crisis de salud mental está íntimamente ligada al consumo de sustancias. Aída Guadalupe Jiménez, coordinadora de Centros de Integración para la Atención de Adicciones, alertó que el consumo de drogas en jóvenes inicia a edades cada vez más tempranas, desde los 12 años, lo que ha encendido alertas sobre la importancia de la prevención desde la infancia. Estos centros, que dependen de la Fiscalía del Estado, ofrecen atención gratuita, pero la demanda supera la capacidad instalada, que actualmente cuenta con solo cinco clínicas en todo el estado.
Los especialistas coinciden en que la clave está en la prevención y en una atención oportuna. La falta de servicios públicos es un obstáculo crítico. López Ríos destacó que en escuelas de nivel medio superior puede haber un solo orientador psicológico para cientos de alumnos, una situación que evidencia el abandono del estado en la salud mental de las juventudes.
La respuesta a esta crisis debe ser multifactorial y sostenida, no bastan las declaraciones ni las campañas aisladas, se requiere una inversión real en infraestructura de salud mental, la profesionalización de los servicios, la implementación de programas de prevención del suicidio con perspectiva de género y edad, y una campaña masiva para derribar los estigmas que impiden a las personas buscar ayuda. Chiapas se encuentra en un punto de inflexión; las cifras de 2026 son un llamado a la acción que no puede ser ignorado, la prioridad debe ser el bienestar emocional de su población, y el tiempo para actuar es ahora.











































