Padres y madres cuestionan la seguridad de trayectos escolares, mientras docentes y líderes comunitarios exigen claridad y justicia
ARGENIS ESQUIPULAS/PORTAVOZ
En Chiapas, uno de los estados con mayor riqueza cultural y diversidad del país, la niñez enfrenta una realidad marcada por la vulnerabilidad extrema. Lejos de los discursos oficiales sobre protección y bienestar, múltiples casos de violencia sexual, desapariciones y asesinatos de menores han encendido alertas entre comunidades, organizaciones civiles y especialistas en derechos humanos. El asesinato del niño Edwin Alexis, de 10 años, en el municipio de Unión Juárez, se suma a una lista dolorosa que evidencia fallas estructurales en la prevención, investigación y sanción de delitos contra niñas y niños.
La mañana del viernes 12 de diciembre, Edwin Alexis salió de su casa rumbo a la escuela primaria Joaquín Miguel Gutiérrez, como lo hacía cotidianamente. Vestía camisa y pants gris, tenis azules y la playera del plantel. Tomó el camino habitual que lo llevaba por la zona del río San Juan, un trayecto conocido por los habitantes de Unión Juárez. Sin embargo, el niño nunca llegó a clases ni regresó a su hogar.
Con el paso de las horas, la ausencia se transformó en angustia. Al caer la tarde, la familia reportó su desaparición y se activó una búsqueda comunitaria. Autoridades municipales, Protección Civil, vecinos, mototaxistas y guías turísticos recorrieron caminos, brechas y zonas de difícil acceso durante más de 12 horas. La noche complicó los trabajos: la falta de iluminación y lo accidentado del terreno redujeron las posibilidades de hallarlo con vida.
El operativo se reanudó al amanecer del sábado 13 de diciembre, con la ampliación del perímetro de búsqueda. Cerca de las 09:50 horas, uno de los equipos localizó el cuerpo del menor sobre la carretera Ramal–Unión Juárez, a la altura del Hotel Colonial, un punto transitado que conecta diversas comunidades del municipio. El hallazgo estremeció a la población.
Elementos de la policía municipal acordonaron la zona y dieron aviso a la Dirección General de Servicios Periciales. El cuerpo fue levantado y trasladado al Servicio Médico Forense, donde se practicaría la necropsia de ley. Hasta ahora, las autoridades no han informado públicamente las causas del fallecimiento ni las líneas de investigación, manteniendo el caso bajo reserva.
La familia de Edwin Alexis, que participó activamente en la búsqueda, permanece en silencio, a la espera de información oficial. En Unión Juárez, el impacto ha sido profundo: padres y madres cuestionan la seguridad de los trayectos escolares, mientras docentes y líderes comunitarios exigen claridad y justicia.
El caso ha reavivado una preocupación constante en Chiapas: la violencia contra menores ocurre tanto en zonas urbanas como rurales, muchas veces sin testigos, y con investigaciones que se dilatan o no llegan a una resolución clara. La falta de resultados alimenta la percepción de impunidad.
VIOLENCIA SEXUAL E INFANTICIDIOS: UN PATRÓN ALARMANTE
Organizaciones defensoras de la infancia advierten que Chiapas registra altos índices de violencia sexual contra niñas y niños, así como casos de homicidios infantiles que rara vez ocupan la agenda pública durante más de unos días. Las víctimas suelen provenir de contextos de pobreza, comunidades indígenas o zonas con débil presencia institucional.
En diversos municipios se han documentado denuncias de abuso sexual, violaciones y desapariciones de menores, muchas de las cuales no avanzan por miedo, estigmatización o desconfianza en las autoridades. Cuando los casos derivan en asesinatos —infanticidios—, la investigación se enfrenta a carencias técnicas, falta de personal especializado y, en ocasiones, a la revictimización de las familias.
Especialistas consultados señalan que la violencia contra la niñez no es un fenómeno aislado, sino el resultado de factores estructurales: desigualdad, ausencia de políticas de prevención, debilidad de los sistemas de protección y una cultura del silencio que normaliza el daño.
LAS RUTAS DEL RIESGO COTIDIANO
En comunidades como Unión Juárez, los trayectos escolares pueden implicar cruzar ríos, caminos solitarios o carreteras sin vigilancia. La rutina diaria expone a niñas y niños a riesgos que no deberían existir. La muerte de Edwin Alexis ocurrió en un punto visible y transitado, lo que ha generado preguntas incómodas: ¿cómo pudo pasar desapercibido?, ¿quién vio?, ¿quién sabía?
La investigación pericial será clave para determinar las circunstancias del fallecimiento. Sin embargo, colectivos ciudadanos advierten que la verdad no siempre llega con la rapidez ni la contundencia que exige un caso de esta magnitud.
Aunque Chiapas cuenta con fiscalías especializadas y sistemas de protección integral de niñas, niños y adolescentes, en la práctica estos mecanismos suelen activarse tarde o de manera insuficiente. La coordinación entre autoridades municipales, estatales y federales presenta fallas, especialmente en regiones alejadas de las cabeceras.
Para las familias, el proceso se vuelve un camino de desgaste emocional y económico. La búsqueda, la espera de dictámenes forenses y la falta de información clara profundizan el dolor. En muchos casos, la justicia llega tarde o no llega.
EXIGENCIAS DE JUSTICIA Y PREVENCIÓN
Tras el hallazgo de Edwin Alexis, la comunidad de Unión Juárez ha pedido esclarecimiento pleno, sanción a los responsables y medidas concretas para garantizar la seguridad de la niñez. Las exigencias incluyen mayor vigilancia en rutas escolares, programas de prevención de violencia sexual, atención psicológica a víctimas indirectas y transparencia en las investigaciones.
Defensores de derechos humanos insisten en que cada caso debe analizarse con perspectiva de infancia, evitando filtraciones, omisiones o criminalización de las víctimas. La violencia contra menores no puede tratarse como un hecho aislado ni como una estadística más.
CHIAPAS FRENTE A SU DEUDA CON LA NIÑEZ
El asesinato de Edwin Alexis no es solo una tragedia individual; es un reflejo de una deuda histórica. Mientras las investigaciones avanzan en silencio, la sociedad chiapaneca observa con indignación y miedo. La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿cuántas infancias más deben perderse para que la protección sea real?
La respuesta no está únicamente en los expedientes forenses, sino en la voluntad política, la participación comunitaria y el compromiso de no normalizar la violencia. En Unión Juárez, y en todo Chiapas, la niñez espera algo básico y urgente: vivir sin miedo y con justicia.




















































