La prevención, diagnóstico temprano y educación en hábitos saludables son claves para reducir defunciones por causas evitables
IVÁN LÓPEZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas enfrenta un escenario complejo en materia de salud, las enfermedades crónicas, como tumores malignos y cardiopatías, se han consolidado como las principales causas de muerte, mientras factores sociales y económicos inciden en la vulnerabilidad de la población. En 2024, la entidad registró 541 defunciones por cada 100 mil habitantes, lo que reflejó cómo las condiciones de vida y el acceso limitado a atención médica influyen en la mortalidad.
Aunque Chiapas mantiene tasas bajas de violencia y accidentes, con 37.5 defunciones por causas externas por cada 100 mil habitantes, la presión de las enfermedades crónicas sigue siendo alarmante. La combinación de escasa cobertura médica en zonas rurales y la prevalencia de factores de riesgo, como hipertensión y obesidad, contribuye a que tumores y cardiopatías afecten cada vez a más familias chiapanecas.
El impacto se extiende a los grupos más vulnerables, los menores de cinco años enfrentan riesgos de mortalidad por enfermedades intestinales, siendo la diarrea y la gastroenteritis las principales causas de muerte. El 10.4 por ciento de las defunciones totales en la entidad se debió a accidentes o hechos violentos, mientras que la carga de enfermedades infecciosas y crónicas reflejó desigualdades en nutrición, saneamiento y acceso a servicios de salud en todo el estado.
A nivel nacional, las cifras mostraron un incremento del 2.3 por ciento en defunciones, con 818 mil muertes en México, lo que subrayó la presión que enfermedades crónicas ejercen sobre el sistema sanitario. La comparación evidenció que, aunque la comarca se encuentra entre los estados con menor incidencia de violencia, enfrenta retos significativos en prevención y tratamiento de enfermedades complejas, lo que exige estrategias integrales de salud pública.
Los especialistas advirtieron que reducir la mortalidad por tumores y cardiopatías en la región requiere un enfoque que combine prevención, diagnóstico temprano y educación sobre hábitos saludables. La situación mostró que la salud no depende del acceso a hospitales, sino de políticas que integren alimentación, educación, detección temprana y acompañamiento médico continuo para toda la población.











































