El cantante colombiano estrena nueva canción que refleja una etapa más madura en su proceso creativo
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
“Tengo un Despecho” aparece en un momento donde Heider Gonzalez parece tener más claro qué decir y cómo decirlo, sin necesidad de elevar el tono ni forzar una narrativa ajena. La canción se instala desde una emoción reconocible, sin excesos, con una intención que privilegia la cercanía antes que el impacto inmediato, lo que permite que la pieza se sienta directa y honesta desde su primer contacto con el oyente.
El sencillo no se siente como un intento por encajar, por el contrario, es una consecuencia natural de su proceso. Hay una línea coherente entre lo que ha vivido y lo que decide compartir, y en ese tránsito se percibe a un artista que ha aprendido a sostener su propuesta sin desviarse hacia lo fácil ni recurrir a fórmulas que diluyan su identidad creativa.
Lejos de dramatizar el desamor, la canción lo coloca en un punto más cotidiano, donde la experiencia se vuelve entendible y, sobre todo, compartida. Heider encuentra ahí una forma de diálogo con quien escucha, sin imponer una lectura cerrada, dejando espacio para que cada historia personal se cruce con lo que la canción propone sin esfuerzo.
Este lanzamiento también deja ver una visión más amplia sobre su proyecto, donde cada paso responde a una construcción pensada y no a la urgencia de destacar. Hay una intención clara de permanencia, de ir más allá de un solo tema y consolidar una identidad que no dependa de tendencias pasajeras ni de impulsos momentáneos. En ese recorrido, el sencillo funciona como un punto de inflexión que ordena lo que viene y refuerza la dirección que ha decidido seguir.
Heider Gonzalez ha profundizado en ese momento personal y creativo, en la manera en que entiende la música como un ejercicio honesto de expresión y en lo que representa “Tengo un Despecho” es una etapa que busca evolución constante y coherencia con lo que es hoy su camino artístico. También habla de la disciplina detrás de su trabajo y de cómo cada canción se convierte en una forma de entenderse mejor a sí mismo sin perder el contacto con su entorno.
Vamos a platicar un poco sobre tu nuevo sencillo, “Tengo un Despecho”. ¿Cómo te sientes al tenerlo ya disponible en plataformas digitales? “Estamos muy contentos, muy felices, porque este es un nuevo comienzo y es el primer sencillo de nuestro próximo álbum. Es una canción que trabajamos con mucho amor y mucha energía por lo que significa a nivel musical, porque es una fusión entre la música parrandera de Colombia y sonidos house de los 2000.
La conexión con el público ha sido muy interesante, porque es un sonido renovado dentro de lo que normalmente representa la música tradicional parrandera. Nos tiene muy felices ver cómo la gente lo ha recibido, porque finalmente el despecho no se llora, sino que se canta. Esa es la idea que queríamos dejar desde el inicio con este proyecto”, respondió.
Algo que mencionas es clave, la conexión con el público. Hoy en día captar la atención es de lo más difícil en la industria musical. ¿Cómo lo has vivido tú? “Sí, definitivamente es un reto porque hoy en día hay muchos sonidos muy comerciales, muchas propuestas que se repiten bastante, pero cuando uno se arriesga a hacer algo diferente también asume un riesgo real. Sin embargo, creo que ese riesgo vale la pena porque la gente, aunque uno no lo crea, termina conectando más con lo auténtico, con lo que tiene esencia, con lo que no está forzado.
Hoy estamos un poco saturados de lo mismo, entonces cuando llega una propuesta distinta la gente se detiene, la escucha, la analiza y se conecta desde otro lugar. Eso ha pasado con nosotros, ha sido un proceso muy orgánico, muy de trabajo constante, y poco a poco la canción ha ido creciendo precisamente porque la gente la ha hecho suya”, contestó.
Justamente hablaste del riesgo creativo. ¿Qué tan importante es para ti experimentar en la música? “Es fundamental, porque hoy la gente está buscando cosas nuevas todo el tiempo. Si uno se queda en lo mismo, simplemente pasa desapercibido. El riesgo creativo es parte del proceso, aunque a veces no se vea desde afuera.
Nosotros entendemos que hay una tradición muy fuerte detrás de lo que hacemos en Colombia, somos hijos de la cumbia, de la parranda, de muchos sonidos, pero al mismo tiempo hay una necesidad de traducir eso a un lenguaje actual. Para llegar a los jóvenes no puedes ignorar lo que escuchan hoy, tienes que conectar con ese mundo de beats, de sintetizadores, de sonidos más electrónicos, pero sin perder la raíz”, detalló.
¿De dónde surge esta idea de darle ese sonido de los 2000 a la canción? “La música parrandera es uno de los géneros más antiguos de Colombia, y yo desde muy niño he cantado este tipo de música. Lo que pasa es que siempre he tenido claro que hay que buscar la forma de que ese sonido no se quede solo en lo tradicional, sino que pueda evolucionar.
Además, hay algo muy interesante y es la conexión que tenemos con México a nivel musical, por los aires del requinto, de las guitarras, de esa forma de contar historias. Eso siempre ha estado presente. Y si uno lo mira en la historia, en el 2002 por ejemplo Juanes ya había hecho una fusión entre parranda y rock, y eso abrió un camino importante.
Hoy lo que hacemos nosotros es tomar esa misma lógica de fusión, pero llevándola hacia lo urbano y lo electrónico. Es una mezcla híbrida que nace de lo tradicional, pero que mira hacia el futuro, y eso es lo que nos tiene tan motivados con este proyecto”, explicó.
Mencionas mucho la idea de evolución musical. ¿Cómo has visto tú ese cambio en la industria? “Ha sido una evolución constante, muy marcada por etapas. Hemos pasado del rock al pop, luego al EDM, después al reggaetón, y ahora a nuevas fusiones como los corridos tumbados y otros sonidos que están dominando la escena.
Pero lo interesante es que la música siempre vuelve a ciclos, siempre regresa a lo emocional, a lo que conecta de verdad. Nosotros sentimos que este tipo de propuestas tienen sentido justamente porque la gente está buscando algo distinto, algo que no suene repetido”, afirmó.
¿Sientes que este proyecto va contra la corriente musical actual? “De cierta manera sí, porque no es el sonido más comercial en este momento, pero eso no lo hace menos valioso, al contrario. A veces lo que no es inmediato es lo que más crece con el tiempo.
Yo te garantizo que cuando una propuesta es auténtica y empieza a generar conexión real, la industria termina volteando a verla. Hay ejemplos de artistas que empezaron en su propio camino y hoy son referentes, y eso nos inspira mucho”, aseguró.
Pasemos a los medios tiempos con la Selección Colombia. ¿Cómo inició ese camino? “Eso arrancó en 2024, en un partido amistoso entre Colombia y Bolivia, donde tuvimos la oportunidad de hacer el primer medio tiempo. A partir de ahí empieza todo un proceso que nadie se imaginaba que iba a crecer tanto.
Luego llegó la Copa América y decidimos hacer la ‘Travesía Tricolor’, que fue seguir a la selección por Estados Unidos. Fueron más de nueve mil millas en carretera, viviendo literalmente en el carro, en hoteles de paso, en condiciones muy duras, pero con un propósito muy claro”, aseveró.
¿Qué significó esa travesía para ti? “Fue una experiencia muy fuerte, muy humana. Dormíamos en el carro, comíamos cuando se podía, viajábamos durante horas, pero todo eso tenía sentido porque estábamos construyendo algo más grande que nosotros.
Ahí entendimos lo que significa realmente conectar con la gente en su emoción más profunda, especialmente con los colombianos que viven fuera del país y que encuentran en la música un punto de encuentro con su identidad”, señaló.
Hoy ya llevas seis medios tiempos oficiales. ¿Cómo lo interpretas? “Es algo muy grande para nosotros. Hemos estado en ciudades como Miami, Nueva York, Orlando, Maryland, y cada presentación ha tenido una energía distinta, pero muy poderosa.
Es un privilegio enorme poder representar nuestra música en esos escenarios, especialmente frente a tantos colombianos que están lejos de su país y que viven esos momentos con mucha emoción”, expresó.
¿Qué recuerdas del primer medio tiempo? “Mucha adrenalina, mucha responsabilidad. Era un estadio con miles de personas, y todo era nuevo para mí.
Pero hay un momento clave, y es cuando empiezas a cantar. En ese instante todo cambia, los nervios se transforman en energía, y el escenario deja de ser un reto para convertirse en una conexión directa con el público”, mencionó.
¿Cómo manejas los nervios en escenarios tan grandes? “Es algo que uno aprende con el tiempo. Desde muy niño yo he trabajado eso de controlar el miedo.
Antes de salir al escenario me gusta observar al público desde atrás, entender la magnitud del momento sin entrar en choque directo. Eso me ha ayudado a entrenar la mente para cuando llega el instante de salir”, sostuvo.
La disciplina es la base de todo. ¿Qué papel juega en tu carrera? “La disciplina es lo que sostiene todo. El talento sin disciplina no sirve de mucho.
Cuando uno trabaja todos los días con enfoque, empiezan a pasar cosas. Es una construcción constante, no algo que ocurre de la noche a la mañana”, añadió.
También has hablado de la incomodidad como parte del proceso. ¿Cómo la vives? “La incomodidad es necesaria porque te saca de la zona de confort y te obliga a evolucionar.
Yo he vivido momentos muy duros, incluso años sin regresar a mi país, y eso me ha obligado a ver la vida desde otro lugar. Pero también me ha permitido contar una historia más real”, comentó.
¿Cómo conviertes esos momentos difíciles en algo creativo? “Entendiendo que todo tiene un sentido. La soledad, la distancia, el sacrificio, todo eso termina construyendo algo dentro de uno.“No se trata de victimizarse, sino de transformar lo vivido en energía para seguir adelante”, precisó.
¿Qué papel tiene la fe en todo esto? “Es fundamental. La fe es lo que te sostiene cuando no hay certezas.
Cuando trabajas con disciplina y con fe, las cosas empiezan a alinearse de una manera que uno no siempre puede explicar, pero sí sentir”, puntualizó.
Para cerrar, “Tengo un Despecho” propone una forma distinta de vivir el dolor. ¿Qué cambió en ti con esta canción? “Cambió la forma de ver el despecho. Entendí que no todo dolor tiene que vivirse desde la tristeza.
El amor puede fallar, pero la vida sigue, y si la vida sigue, hay que celebrarla. Por eso la canción no está hecha desde la tristeza, sino desde la energía, desde la idea de transformar el dolor en algo que se pueda cantar y compartir, no solo sufrir”, finalizó.












































