Las obras de infraestructura basadas en el concreto y el crecimiento urbano desmedido están asfixiando la cuenca de la capital
YUSETT YÁÑEZ/PORTAVOZ
Tuxtla Gutiérrez enfrenta una crisis silenciosa pero visible en sus cuerpos de agua, el crecimiento urbano acelerado y las obras de infraestructura basadas rígidamente en el concreto están pasando una alta factura ambiental a la capital chiapaneca. Mientras el mundo avanza hacia modelos de urbanismo sustentable, activistas locales advierten que la ciudad insiste en repetir errores del pasado que ya han sido superados y corregidos en otras latitudes del planeta.
Daniel Pineda Vera, integrante de las organizaciones ambientalistas HelioMaster y el colectivo “Menos Puentes, Más Ciudad”, explicó que la geografía de la capital la vuelve inherentemente vulnerable. Esta realidad geográfica se agrava hoy en día con el preocupante regreso de las descargas de aguas residuales directamente al Río Sabinal, el eje fluvial más importante de la mancha urbana.
“Si bien, recordemos que Tuxtla Gutiérrez es una ciudad que se encuentra en una dinámica de cuenca, todo lo que llueve en las partes altas tarde o temprano va a converger en el Río Sabinal, el problema es que hemos diseñado la ciudad ignorando esta condición natural, en lugar de adaptarnos, hemos querido someter al territorio. Es momento de voltear a ver el plano internacional y tomar ya la experiencia de otras ciudades, ¿no?”, señaló Pineda Vera.
Esta crisis no solo se limita al ámbito ambiental; posee una profunda raíz social, de acuerdo con el activista, la contaminación sostenida del Sabinal genera una desconexión emocional y urbana entre el entorno y sus habitantes. Históricamente, la ciudadanía le ha dado la espalda al río, los comercios, las industrias y las viviendas construyen fachadas que ignoran por completo el cauce, utilizándolo como un patio trasero de desechos.
Esta desconexión invisibiliza el problema ante los ojos de la cotidianidad y frena las denuncias ciudadanas, no obstante, los defensores del territorio sostienen que recuperar el espacio público y devolverle la dignidad al río abre una ventana de esperanza para la cohesión comunitaria.
“Creo que el principal problema que genera la contaminación es justamente el deslindarnos del espacio, al ver un río sucio, la gente se aleja, lo olvida, lo vuelve invisible, pero cuando recuperamos el espacio público, cuando la gente puede caminar junto al agua limpia y reapropiarse de sus riberas, la perspectiva cambia por completo, es ahí cuando nos sensibilizamos y queramos actuar sobre ellos”, afirmó el integrante de HelioMaster.
Pero el peligro actual no solo proviene de las aguas negras, Pineda Vera señaló con preocupación un error histórico que los gobiernos locales insisten en replicar de manera sistemática: la “canalización” y el embovedado de arroyos utilizando planchas de concreto.
Microcuencas críticas de la ciudad como Potinaspak, Pomarrosa, Cerro Hueco y la 24 de Junio son evidencias claras de que quitarle la vida al río destruyendo su suelo natural, su vegetación riparia y sus raíces no frena las inundaciones, al contrario, las vuelve mucho más severas y peligrosas para la población de las zonas bajas.
“Pues sucede esto, justamente que empezamos a solucionar los problemas sin considerar la naturaleza. Creemos que canalizar un arroyo con concreto va a hacer que el agua se vaya más rápido y ya, pero lo único que logramos es acelerar el flujo y aumentar el riesgo río abajo, destruimos el ecosistema que amortiguaba el golpe del agua, no es que llueva más, el régimen sigue igual; el problema es cómo recibimos esa lluvia”, advirtió el activista.
La lógica detrás de este fenómeno es a mayor pavimentación, gentrificación y crecimiento inmobiliario irregular en las zonas de recarga, menor es la capacidad de la tierra para absorber el agua de lluvia y recargar los mantos acuíferos subterráneos. Al no encontrar suelo poroso, el agua simplemente rebota sobre el asfalto, acumulándose y ganando una velocidad y fuerza destructiva que termina por colapsar los sistemas de drenaje pluvial de Tuxtla.
A pesar del panorama adverso, los colectivos aseguran que la solución técnica existe y está al alcance, aunque requiere de una voluntad política firme y de altas dosis de paciencia social. Técnicas avanzadas de reforestación rápida, tales como los “Sistemas o Selvas Miyawaki”, podrían acelerar significativamente la regeneración ambiental de Tuxtla Gutiérrez.












































