Con experiencia en teatro y cine, la actriz sostiene una interpretación que articula la tensión emocional de un personaje en constante transformación
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Diana Sedano ha construido una trayectoria que se sostiene en la constancia más que en la búsqueda de visibilidad inmediata. Su formación en La Casa del Teatro y su paso por la Compañía Nacional de Teatro delinearon el origen de una mirada que entiende la actuación y la dirección como espacios de investigación, donde cada proyecto implica una forma distinta de leer la realidad.
En el terreno teatral, su trabajo como directora ha trazado una línea de exploración sobre las tensiones humanas y sociales. Montajes como Mujer, Caída y ¡VIOLENCIA! Mostraron una inquietud por observar lo que ocurre en los márgenes de lo cotidiano, llevando a escena conflictos que se construyen desde la fragilidad emocional de los personajes y su relación con el entorno. Ese recorrido le ha permitido consolidar una voz propia dentro de la dirección escénica contemporánea.
El cine amplió ese lenguaje hacia otras dimensiones interpretativas. En Póstumo, Sedano encarnó a un personaje que exigía una interpretación contenida, donde cada gesto sostenía una carga emocional precisa. Ese trabajo fortaleció su capacidad para habitar historias íntimas con una profundidad que no recurre a lo evidente, una cualidad que encuentra continuidad en su papel dentro de Juana.
En la película Juana, dirigida por Daniel Giménez Cacho, interpreta a una periodista especializada en la cobertura de violencia de género, una figura profesional marcada por la disciplina y la exigencia ética. El personaje avanza entre la rigurosidad de su trabajo y una transformación interna que se intensifica conforme la investigación expone las capas de un sistema atravesado por la impunidad.
Juana, estrenada en el Festival Internacional de Cine de Morelia, coloca a Sedano en el centro de una historia que articula lo periodístico con lo emocional. La película construye un recorrido donde la búsqueda de la verdad también implica un proceso de desgaste personal, y donde la protagonista sostiene el peso narrativo desde una complejidad que se va revelando de forma gradual.
La película ya recorrió festivales y ahora llegó a salas. ¿Cómo estás viviendo este momento de Juana? “Muy contenta. Estrenamos primero en el Festival de Cine de Morelia en octubre, después tuvimos funciones en el Festival de Tallinn en Estonia y en Málaga en España, además de presentaciones en México, como en el Festival de Mérida en Yucatán.
Todavía le queda un recorrido importante en el circuito de festivales, pero el 16 de abril fue el estreno en salas comerciales, y lo estoy viviendo con mucha satisfacción por la respuesta que ha tenido la película.
Es una película que no es fácil, en el mejor sentido, porque exige una atención muy particular del espectador, y eso hace todavía más valioso lo que está ocurriendo con el público. La recepción ha sido muy buena y muy generosa”, respondió.
Para quien no la ha visto, ¿qué tipo de historia es Juana? “Juana es la historia de una periodista en México, y también funciona como un homenaje al periodismo independiente. Es una mujer atravesada por el trauma, que viene de un pasado con muchas pérdidas, incluida su pareja. Es una historia que se va revelando poco a poco.
La vemos en un momento en el que ya no ejerce como periodista de investigación, está en un archivo, desconectada, como suspendida de su vida profesional y emocional.
De pronto aparece una fotografía relacionada con un feminicidio que ella investigó en el pasado, y eso la reconecta con una red de trata de niñas que sigue activa. A partir de ahí decide salir del lugar en el que está, dejar de tomar pastillas y retomar esa investigación que había quedado pendiente, hasta llegar a las últimas consecuencias.
La película también tiene una dimensión de thriller psicológico, porque acompañamos a un personaje que se va metiendo cada vez más en una investigación que la rebasa, pero al mismo tiempo la va despertando”, explicó.
El periodismo es un eje central en la película. ¿Qué te deja a ti entrar en ese mundo desde la actuación? “Sí, es un tema muy importante. Juana también es un homenaje al periodismo en México, sobre todo al periodismo de investigación. La película tiene varias funciones como conmover, generar tensión, mantener al espectador en ese estado de pregunta constante, de qué va a pasar. Pero al mismo tiempo es un reconocimiento a las y los periodistas, a esa labor de búsqueda de la verdad que en muchos casos implica riesgo, presión y una enorme responsabilidad”, señaló.
¿Qué fue lo que te hizo aceptar este personaje? “Fueron muchos factores. Primero, la trayectoria del personaje. Son de esos papeles que uno espera que lleguen en algún momento, y cuando llegan tienes que estar lo suficientemente preparado para enfrentarlos porque te demandan muchísimo como intérprete.
También fue la historia, la forma en la que conecté con ella, el arco del personaje femenino, que es muy complejo. Y por supuesto trabajar con Daniel Jiménez Cacho también fue un elemento muy importante para mí”, indicó.
¿Cómo fue trabajar con Daniel Jiménez Cacho en su ópera prima como director? “Daniel es un hombre muy generoso. Él planteó el proyecto como una colaboración, no como una estructura vertical donde alguien dicta y los demás ejecutan.
Hubo mucha apertura, me sentí escuchada en todo momento, con libertad para proponer cosas del personaje. Y al mismo tiempo había una mirada muy precisa sobre la actuación.
Daniel es uno de los mejores actores de este país, y aunque eso no garantiza ser buen director, en su caso sí hay una comprensión muy clara del lenguaje cinematográfico aplicado al personaje. Eso enriquece muchísimo el trabajo”, puntualizó.
¿Cómo trabajaste emocionalmente un personaje tan cargado sin caer en exceso o distancia? “Desde el inicio tuve claro que no tendríamos que caer en la revictimización del personaje. Es una línea muy delicada. Cuando lees el guion puedes pensar que es demasiado, pero cuando te acercas a la realidad descubres que incluso nos quedamos cortos en muchas cosas.
Para mí era fundamental encontrar el ‘sí’ del personaje, lo que la sostiene, lo que la hace levantarse cada día. En ese sentido, la relación con la madre fue clave. Es un vínculo que la conecta con un lugar más humano, más luminoso dentro de toda esa oscuridad. Sin eso, el personaje se vuelve plano, y eso había que evitarlo”, afirmó.
La película toca estructuras de poder muy profundas en México. ¿Cómo viviste eso? “Sí es incómodo. Cualquier cosa que te confronta con un dolor profundo lo es. También hay una especie de aparato social que prefiere no mirar ciertas cosas, y eso genera incomodidad. Juana lo que hace es abrir una herida cultural, y enfrentarse a esa herida siempre implica un costo emocional”, aseguró.
¿Cómo fue el proceso creativo con el elenco durante el rodaje? “Ensayamos mucho, algo que viene del teatro, que es nuestro origen. En cine se piensa que ensayar demasiado puede quitar espontaneidad, pero en realidad la repetición te da capas distintas de profundidad.
Fue un proceso muy horizontal, muy amoroso. Me sentí acompañada, escuchada y con mucha libertad para construir”, recordó.
En la película, lo personal y lo político están completamente cruzados. ¿Cómo se vive eso desde el personaje? “En Juana no existe una separación entre lo personal y lo político, todo está atravesado por lo mismo. La violencia que ella vive no ocurre en un solo plano, sino que se manifiesta en lo doméstico, en lo laboral y también en lo estructural, que es la violencia que de alguna forma atraviesa al país entero.
Eso hace que el personaje esté siempre en tensión, porque no hay un espacio donde pueda ‘salirse’ de lo que vive. Todo lo que le ocurre la devuelve a un mismo lugar. Hay una idea que se repite en la historia, que es esa sensación de que ciertas cosas son ‘lo mismo’ aunque cambien de forma o de escenario, y eso hace que el personaje esté constantemente confrontado consigo misma y con su entorno”, destacó.
¿Fue un personaje emocionalmente desgastante de interpretar? “Sí, fue un proceso cansado y desgastante en muchos momentos, pero también muy placentero desde lo actoral. La actuación tiene la dualidad de ser intensa, profunda, pero también es un espacio donde puedes habitar otras realidades con mucha entrega.
Yo pongo el cuerpo, la mente y la emoción, pero también tengo muy claro el límite entre el personaje y mi vida. Es decir, hay momentos en los que estás completamente dentro de la historia, pero al terminar puedes volver a tu realidad cotidiana.
Creo que lo importante era no caer en una solemnidad del dolor, sino habitarlo con respeto, sin exagerarlo ni distanciarlo, encontrar ese punto donde la experiencia es humana y no solo dramática”, apuntó.
Desde tu lectura, ¿Juana es un personaje fuerte o alguien que sobrevive? “Depende mucho del contexto desde el que se mire. En su caso particular, yo lo veo más como un acto de sobrevivencia que como una fortaleza entendida de manera tradicional.
Es un personaje que tiene todo en contra, que está atravesado por muchas pérdidas y por una estructura muy dura, pero aun así toma decisiones muy firmes para seguir adelante.
No es una fortaleza idealizada, es una fortaleza que nace de la necesidad de cerrar un ciclo, de encontrar sentido, de no quedarse detenida en el dolor”, sostuvo.
¿Qué te dejó este proyecto una vez terminado? “Me dejó varias cosas. Una de ellas es una fuerza que yo no tenía tan presente o que quizá había olvidado, y que este personaje me ayudó a recuperar de una forma muy clara.
También me dio más claridad sobre el tipo de proyectos en los que quiero seguir trabajando y las colaboraciones que quiero construir hacia adelante y por otro lado, me dejó una conciencia mucho más presente del periodismo de investigación, de lo que implica y de su relevancia, algo que antes no tenía tan interiorizado”, expresó.
Si miras todo este proceso en perspectiva, ¿qué parte de ti sientes que se transforma o quedó atrás? “Creo que hay una parte de mí que es más insegura, más dudosa, que siempre está cuestionándose si puede o no puede con ciertas cosas. Y creo que ese proceso con Juana me hizo mirarla de frente.
Las dudas siempre son necesarias, no las veo como algo negativo, pero sí siento que hay un punto donde esa duda puede volverse limitante.
Este personaje me llevó a confiar más en mí, en mi instrumento, en lo que soy capaz de hacer y también en la mirada de los demás hacia mi trabajo.
Siento que hay una versión de mí que quiere dejar de estar tan frenada por la duda constante y empezar a confiar más en lo que ya ha construido”, finalizó.












































