El actor mexicano interpreta a Derek Taylor dentro de una historia marcada por tensión política, investigación y conflictos internacionales
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
Hay actores que entienden la actuación como un ejercicio de permanencia y otros que la convierten en una búsqueda constante de evolución. Dentro de esa segunda línea aparece Martín Peralta, intérprete mexicano que ha construido su camino lejos de los atajos y cada vez más cerca de producciones donde el nivel de exigencia obliga a sostener disciplina, precisión y una capacidad real para adaptarse a narrativas de escala internacional.
Su llegada a Man on Fire, la nueva producción de Netflix dirigida por Steven Caple Jr. y protagonizada por Yahya Abdul-Mateen II, no surge como una casualidad dentro de su trayectoria. Después de participar en series como Somos, El Rey, Acapulco y La Cabeza de Joaquín Murrieta, el actor comenzó a consolidar un perfil capaz de desplazarse entre distintos registros interpretativos sin perder naturalidad ni presencia en pantalla.
Dentro de esta ambiciosa adaptación, Martín interpreta a Derek Taylor, asistente del agente de la CIA Henry Tappen, personaje encarnado por Scoot McNairy. Su integración al universo de Man on Fire implica mucho más que aparecer en una producción de alto perfil; representa la entrada a un mercado donde la competencia exige preparación constante, dominio emocional y la capacidad de sostener escenas dentro de estructuras narrativas mucho más complejas y demandantes.
Lejos de apostar por una construcción rígida de personaje, Martín Peralta ha encontrado fortaleza en la versatilidad. Su trabajo en cine independiente, cortometrajes y plataformas de streaming le permitió desarrollar un rango interpretativo que hoy encaja con producciones donde conviven tensión política, acción y profundidad dramática. Esa combinación también explica por qué su nombre comenzó a llamar la atención fuera de México.
Con el estreno mundial de Man on Fire, Martín atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. Más allá del alcance mediático de la serie, su participación confirma la presencia de nuevos talentos mexicanos que están logrando abrirse espacio en Hollywood desde la preparación, la constancia y el trabajo que rara vez se construye de un día para otro.
Man on Fire ya se estrenó en Netflix después de casi dos años desde que la grabaron. ¿Cómo estás viviendo este momento previo al lanzamiento? “Estoy muy emocionado. Siempre pasa algo curioso cuando grabas un proyecto tan grande y luego tienes que esperar tanto tiempo para verlo terminado. Nosotros la filmamos hace casi dos años y ahora que ya está cerca el estreno, vuelve toda esa emoción de recordar cómo fue vivirlo desde dentro. También hay algo muy bonito en finalmente poder compartirlo con la gente después de tanto tiempo guardándolo”, respondió.
Más allá del estreno, imagino que también existe un ejercicio personal de mirar hacia atrás y ver quién eras cuando grabaste esta serie. “Totalmente. A veces uno se ve en pantalla y piensa ‘hoy resolvería ciertas cosas distinto’. Pero creo que eso es normal y hasta necesario. Significa que sigues creciendo. La actuación para mí funciona mucho como un ciclo constante de movimiento, de transformación. Lo rico es nunca quedarte quieto y seguir aprendiendo proyecto tras proyecto”, explicó.
También debe ser especial saber que esta producción representa uno de los proyectos más grandes de tu carrera hasta ahora. “Sí, completamente. Creo que hasta ahora es el proyecto de mayor escala en el que he participado y vivirlo fue muy enriquecedor en todos los sentidos. Desde la dimensión de la producción hasta el nivel de los actores y el equipo creativo, todo tenía una magnitud distinta. Estar ahí te obliga a crecer, a observar mucho y a confiar más en ti”, detalló.
Además, Man on Fire carga con el peso emocional de una película muy querida por el público desde la versión protagonizada por Denzel Washington en 2004. “Sí, eso también es muy interesante. Muchísima gente tiene una conexión emocional con aquella película y ahora esta adaptación plantea otra forma de contar esa historia. La serie se adapta mucho más a la actualidad, al contexto moderno, al Internet, y además el formato permite profundizar más en los personajes y en sus conflictos. Eso la vuelve muy distinta y muy atractiva”, contestó.
Tú has trabajado tanto en producciones mexicanas como en proyectos estadounidenses. ¿Qué diferencias encontraste en el ritmo de trabajo? “Sí existen diferencias muy marcadas y creo que también tienen mucho que ver con algo cultural. En México venimos de una tradición muy acelerada por las telenovelas, donde se graban muchísimas escenas al día y todo ocurre rapidísimo. El ritmo estadounidense suele ser más meticuloso; se toman más tiempo para preparar cada escena y estudiar cada detalle”, afirmó.
¿Eso cambia también la experiencia del actor frente a cámara? “Muchísimo. Por ejemplo, hace poco grabé una película con un crew estadounidense y literalmente filmamos una sola escena en un día completo. Había grúas enormes, mucha preparación visual y un nivel de precisión impresionante. Honestamente disfruto mucho trabajar así porque tienes más margen para explorar y equivocarte sin sentir esa presión constante”, argumentó.
Aunque también el ritmo mexicano debe desarrollar otras habilidades. “Claro. Trabajar tan rápido te obliga a desarrollar otros músculos actorales. Tienes que memorizar muy rápido, resolver escenas sobre la marcha y mantenerte concentrado todo el tiempo. Eso también te vuelve más eficaz y más resistente como actor. Creo que ambas formas de trabajar tienen cosas muy valiosas”, indicó.
Empezaste a actuar a los 19 años. ¿Ese Martín imaginaba verse dentro de un proyecto internacional como Man on Fire? “Es muy loco vivirlo ya en carne propia. Yo siempre le digo a mis alumnos que los actores tenemos que tener cierto nivel de locura o de fe ciega. No puedes entrar a esta carrera pensando que te va a ir mal. Yo siempre tuve esa sensación interna de que iba a llegar lejos y poco a poco empiezas a ver cómo esas cosas se materializan”, mencionó.
Hace poco también trabajaste junto a Pedro Pascal en una nueva película dirigida por Todd Haynes. ¿Cómo fue entrar a ese nivel de producciones? “Fue surreal. La película se llama ‘De Noche’ y honestamente todavía me cuesta dimensionar todo lo que pasó ahí. Todd Haynes es uno de los directores contemporáneos más importantes y trabajar con él ya era un privilegio enorme. Además, el fotógrafo de la película también tiene una trayectoria impresionante en festivales internacionales”, destacó.
¿Qué aprendiste estando tan cerca de actores con tanta experiencia? “Muchísimo. A veces no es que se sienten contigo a darte una clase, pero simplemente observar cómo trabajan ya es una lección enorme. Ver cómo se mueven en el set, cómo manejan la energía, cómo construyen una escena. Eso se aprende mirando y estando presente”, señaló.
Mencionaste algo muy interesante sobre Pedro Pascal, que su gran explosión internacional llegó cerca de los 40 años. “Sí, y creo que eso habla mucho de esta industria. A veces pensamos que todo debe ocurrir rapidísimo y no necesariamente es así. La carrera artística tiene tiempos muy raros. Hay personas que despegan muy jóvenes y otras que encuentran su momento mucho después. La paciencia termina siendo fundamental”, precisó.
¿Cómo has trabajado precisamente esa paciencia dentro de una industria tan incierta? “No ha sido sencillo. Después de grabar ‘Somos’, que había sido el proyecto más grande de mi carrera hasta ese momento, yo pensé que no iba a parar de trabajar. Y pasó exactamente lo contrario. Estuve casi dos años sin quedarme en proyectos importantes y sí me golpeó emocionalmente”, sostuvo.
¿Qué aprendiste durante esa etapa? “Aprendí que el crecimiento no es lineal. Puedes tener un momento increíble y luego atravesar un periodo muy silencioso. También entendí que no puedes poner toda tu felicidad únicamente en la actuación porque entonces dependes emocionalmente de si te quedas o no en un casting. Eso termina siendo muy desgastante. Por eso, es importante diversificar. Yo hago fotografía, locución, doblaje y doy talleres. Todo eso me mantiene activo creativamente y me ayuda a no vivir con esa desesperación constante de ‘tengo que conseguir este papel’. Creo que cuando uno se obsesiona demasiado con obtener algo, esa energía incluso puede jugarte en contra”, reiteró.
También parece que esa multidisciplinariedad termina enriqueciendo tu trabajo como actor. “Totalmente. Cada disciplina te aporta herramientas distintas. La locución, por ejemplo, te da control vocal; el doblaje te ayuda muchísimo con la intención y el ritmo; la fotografía cambia tu manera de entender el encuadre y la luz. Todo termina sumando y por eso, hoy muchos artistas ya no se limitan únicamente a actuar. Vivimos una época donde los artistas pueden escribir, producir, dirigir, actuar, hacer música o crear contenido sin que eso parezca extraño. A mí me interesa muchísimo explorar esas otras áreas porque también alimentan tu creatividad y te hacen entender mejor cómo funciona una producción”, reconoció.
Mirando tu carrera en retrospectiva, ¿sientes que hoy puedes reconocer más claramente tu crecimiento? “Sí, porque muchas veces estamos tan concentrados en lo que queremos lograr que olvidamos mirar hacia atrás y agradecer lo que ya pasó. Hoy me siento orgulloso de ese Martín que decidió dejar una vida estable para apostarlo todo por actuar”, precisó.
¿Qué tan difícil fue abandonar tu trabajo como oficinista y dedicarte completamente a esta profesión? “Fue dificilísimo. No solamente dejas un empleo; también dejas una identidad, tu ciudad y ciertas seguridades. En mi caso crecí con mi mamá, soy hijo único y me costaba mucho pensar en dejarla sola. Esa decisión me tomó años”, confirmó.
Ahora que formas parte de producciones como Man on Fire, ¿qué siente ese niño que soñaba con actuar? “Se siente como un abrazo para ese niño interior. Desde muy pequeño quería dedicarme a esto, pero crecer en ciudades pequeñas a veces hace que todo parezca lejano. Entonces mirar hacia atrás y ver que hoy estoy aquí, trabajando en este tipo de producciones, sí tiene algo muy emocional”, subrayo.
¿Qué parte de ti tuvo que transformarse para trabajar en producciones de este nivel? “Creo que principalmente la confianza. Esa seguridad frente a cámara solamente se construye trabajando muchísimo. Haciendo cortos, teatro, castings, equivocándote y acumulando experiencia. Cuando llegas a un set multimillonario con cien personas observándote, necesitas confiar en tus herramientas”, puntualizó.
Finalmente, después de este momento tan importante en tu carrera, ¿cómo te encuentras emocionalmente? “Me siento mucho más en paz que hace algunos años. Antes existía cierta desesperación por llegar rápido a ciertos lugares y hoy disfruto mucho más el proceso. Claro que quiero seguir creciendo y sí está en mis planes trabajar eventualmente en Los Ángeles o Nueva York, pero ahora trato de vivir cada etapa con más calma y agradecimiento”, finalizó.












































