Roberto Chanona
Cuando vi por primera vez este grabado en madera de Franco Lázaro Gómez supe que era diferente a muchas visiones en huesos creadas por artistas de otras épocas. La noche de ronda de Franco tiene una cachucha o quepí militar. Sí, las milicias inspiraron a este creador originario de Chiapa de Corzo, nuestro primer artista moderno de Chiapas.
Esta obra, como dije, inspirada en San Pascualito, tiene un quepí de capitán. En la ronda los bueyes tiran pesadamente de sus huesos el cargamento de fusilados, muertos en combate, alborotadores, testigos, solo Franco lo sabe. Ni el cantor se salva. Esa noche, mientras los perros ladran, quien se atreva a cruzarse en su camino o la vea será aplastado. La luna y la hoz también quedan visibles para recordar el significado.
A veces imaginaba que durante la revolución se había creado esta leyenda y que Franco, nacido en 1922, quizá la había escuchado de sus padres o abuelos. Según sabemos, la tradición oral en nuestro estado es una forma de comunicar muy efectiva.
Afortunadamente, en la biblioteca de la casa encontré un libro del doctor Fernán Pavía Farrera, distinguido chiapaneco, quien siempre me sacaba de mis dudas y aún me ilustra. En San Pascualito y la carreta de la muerte nos dice el doctor en el capítulo “Desentrañando el origen de la leyenda” que su madre le contó lo que a continuación publico para entender el origen del grabado de Franco Lázaro Gómez.
En el año de 1914 se presentaron en Tuxtla las fuerzas llamadas carrancistas bajo las órdenes del general Jesús Agustín Castro; sus hombres de confianza fueron dos norteños, José C. Rangel y Salvador Corral, y el recién agregado chiapaneco Luis Espinosa, al que le dieron grado militar de mayor. El pueblo de Tuxtla no tenía recursos para mantener al general y a su ejército, que se había instalado como gobierno y comandancia militar; la caballada ocupó templos y conventos y los propietarios de los ranchos que no daban dinero eran expulsados, disponiéndose sin límites de sus bienes, cosechas y ganado. Eso dio motivo a la integración de un grupo de rebeldes que por sus silenciosos, sorpresivos y nocturnos ataques fue llamado “mapaches”, y que luchó hasta lograr el reconocimiento del general Álvaron Obregón en 1920.
En junio de 1915 partió el general Jesús Agustín Castro a Oaxaca y heredó los mandos vacantes al también general Blas Corral Martínez, quien ascendió al grado de coronel a Rangel, jefe del Estado Mayor a Espinosa y jefe político a su pariente Salvador Corral; pronto Corral, montado en impotente caballo blanco, atropelló y expolió a humildes vendedoras soques, llegadas diariamente desde la ranchería Copoya hasta los empedrados del mercado, e inició la persecución en contra de San Pascualito por toda la ciudad; por esas acciones mereció completar sus apellidos ante la opinión popular: Corral Uñas.
Cierto día, muy de mañana, una anciana soque acudió al flamante Palacio de Gobierno a denunciar la desaparición de su único hijo durante la noche, en que había asistido a una “coronación” y no volvió al jacal. Fue conducida hasta el secretario Rangel, que se encontraba en “acuerdo” con Espinosa y Corral; temerosa, entre sollozos y lamentos, la indita expuso su pena, suponiendo que su hijo había sido “agarrado por la leva” y ahogada en llanto suplicaba que se lo devolvieran porque era su único sostén. Rangel preguntó a Corral Uñas, quien negó toda participación y dijo desconocer tales hechos; interrogado Espinosa, cínicamente respondió: “Señor, ¡se lo llevó la carreta de San Pascualito!” Sorprendido, Rangel insistió: “¿Cómo es eso?” Espinosa afirmó: “Sí, señor, anoche después de las doce de la noche pasó la carreta de San Pascualito con el horroroso esqueleto puyando a los bueyes. ¡Iba arreando trasnochadores! ¡Eran tan espantosos los rechinidos de las ruedas y los golpes sobre las piedras que me sacudieron fríos! ¡Me apuré a encerrarme a piedra y lodo!” La incrédula madre fue confortada por Corral Uñas mediante suaves palmadas en la espalda: “Lo sentimos mucho, madrecita, pero ya no se puede hacer nada… Ya se lo llevó la carreta de San Pascualito y no tiene remedio… Y la leva”, continuó, “encubierta por la carreta fantasma”.
Entonces todas mis dudas quedaron resueltas de un golpe. El grabado Noche de ronda de San Pascualito es una denuncia a todas esas operaciones encubiertas por militares corruptos en tiempos violentos de Chiapas. Lo increíble fue que los tres personajes que se habían burlado del pueblo y de San Pascualito tuvieron funestos finales: Rangel fue fusilado en 1929 en el norte, Luis Espinosa muerto en 1926 en absurdo duelo y Corral Uñas cayó en la miseria, ignorado completamente por el pueblo.




















































