Omar Gasca
En la exposición colectiva ¡Guacamole!, en la galería del Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, encontramos una pieza que reúne cincopropiedades raramente presentes de modo conjunto en una obra: buena factura, sencillez (que no simpleza), discurso consistente, lenguaje contemporáneo y materiales actuales. Se intitula Habitar la ausencia y su autor es César Benítez. Consiste en una maqueta de acrílico flotada como repisa y una lampara que cuelga frente al objeto, cuya luz proyecta la sombra de una casa y la de los personajes impresos en un acetato recargado en una de las paredes. Es una “instalación”, porque a pesar de su pequeño formato se trata de un objeto que interviene y modifica el ambiente, y que, además, hace del espectador un participante activo que interactúa moviendo la fuente lumínica. La intensidad y ubicación de la sombra dependen de él, de modo que hay lugar para muchas variables provisionales de la imagen y de la forma en que se relacionan el objeto y su otrarepresentación. La sombra re-presenta la maqueta que re-presenta la casa. Re-presentar: presentar por segunda vez.
Los materiales de la pieza, de suyo fríos, inorgánicos, así como los ángulos rectos (el carácter ortogonal de la construcción), paradójicamente no se oponen al gesto, al temperamento humano, aunque tampoco lo acentúan ni lo amplifican.
Además de la limpieza de la obra, del decir algo claro a alguien, de la inteligencia puesta para comunicar la idea, la obra de Benítez dialoga con vivencias personales, con reflexiones íntimas, y constituye una suerte de conjuro, al tiempo que un retruécano con el que se quiere contrarrestar la ausencia, evidenciándola.
El autor dice: “Habitar la ausencia es un proyecto artístico que explora la experiencia íntima y material de habitar un espacio donde las personas no existen como presencia viva, sino como huella y memoria. Despojada de voces y rutinas, la casa se convierte en un organismo que respira ausencias…”.
Recordamos el ensayo Construir, Habitar, Pensar, del polémico Heidegger, que en síntesis sostiene que “habitar es ser”; que el verdadero habitar es la esencia de la existencia humana, y pensamos en La poética del espacio, el libro de Bachelard en que habla de cómo la imagen del espacio doméstico moldea nuestra conciencia y memoria. La casa es, para él, nuestro rincón del mundo y nuestra primera experiencia del universo. Casa, ser, conciencia, memoria, universo. Luego está Schmitz, para quien el hecho de habitar se configura con “atmósferas”, es decir las emociones o climas que sentimos en un espacio y que se cultivan en él.
Casa, ser, conciencia, memoria, universo, atmósferas, pero, también, sombra; no solo como zona oscura proyectada por un objeto al interceptar la luz sino, también, en el sentido de Jung, como esa parte inconsciente de la personalidad en que se guardan rasgos, deseos, impulsos y emociones que el yo consciente rechaza o no reconoce en sí mismo. La sombra, como símbolo ligado a lo fugitivo, lo irreal, lo transitorio; a la dimensión invisible de personas y cosas. La sombra como un doble. La sombra, además, como elemento protector (¿quién no la busca en el solazo del mediodía?). La sombra, claro, como muerte o, al menos, como presencia espectral. La sombra como poderoso aparato evocativo.
Y el vacío. Y la nada. En una sola frase de su novela Las olas, Virginia Woolf junta esos dos conceptos: “Ahora estoy suspendida en el vacío, sin vínculos. Estamos en la nada”.
Y la pérdida, el dolor y la soledad.
Casa, ser, conciencia, memoria, universo, atmósferas, sombra, vacío, nada, pérdida, dolor y soledad son conceptos que, juntos, parecerían necesariamente inducir un estado de pesadumbre o desánimo, o únicamente sensibilizar de modo profundo en torno a la ausencia, pero más bien aluden a una o varias situaciones que se ubican en el borde de lo innombrable, pues estimulan o afectan al sujeto de acuerdo con distintos umbrales personales.
Habitar la ausencia es, aunque el autor no se pone en el centro, una obra evidentemente autobiográfica,confesional, abierta, que, con sobriedad, con dignidad personal y creativa, huye de la grandilocuencia, la obviedad, el dramatismo y las maniobras comunes, para exteriorizar, revelar, contar, pero también crear resonancias porque difícilmente hay quien no levante la mano a la hora de pasar lista a quienes extrañan.




















































