La brecha entre diagnóstico y tratamiento continuo sigue siendo un desafío que incide en el control del virus
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
Chiapas se sostiene con alrededor de 700 nuevos casos anuales en la cuarta posición nacional de VIH, una cifra que obliga a centrarse en la capacidad de respuesta institucional. El lugar que ocupa no solo mide incidencia, también expone la presión constante sobre los servicios de salud. En el plano nacional, el país supera los 17 mil diagnósticos anuales, lo que coloca a la entidad dentro de un grupo con alta demanda de atención.
Mientras el incremento en pruebas ha permitido identificar más casos, con más de 63 mil estudios aplicados cada año, el comportamiento de la epidemia apunta a una dinámica activa entre población joven. El grupo de 20 a 39 años concentró cerca del 65 por ciento de los diagnósticos en la comarca, lo que conecta con patrones nacionales donde la edad promedio de detección se mantiene por debajo de los 35 años. A nivel país, ocho de cada 10 nuevas infecciones ocurren en personas menores de 40 años.
Aun cuando una proporción significativa conoce su diagnóstico, el seguimiento médico constante continúa siendo una zona de presión, con apenas seis de cada 10 pacientes en tratamiento continuo. Este desfase impacta en el control del virus y en la reducción de nuevas transmisiones. En México, la cobertura de tratamiento ronda el 75 por ciento, lo que evidenció una brecha que la entidad aún necesita cerrar. La diferencia entre diagnóstico y atención efectiva se convierte en un indicador crítico para medir la eficiencia del sistema de salud.
Con la incorporación de esquemas de una sola tableta diaria, el tratamiento ha evolucionado hacia modelos más accesibles y mejor tolerados, lo que ha permitido elevar la adherencia por encima del 90 por ciento entre quienes reciben atención en instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social. En la región, más de dos mil 700 personas viven con VIH bajo este sistema, lo que representa cerca del 15 por ciento de la población atendida a nivel nacional dentro de ese instituto.
La posición del estado en el ranking nacional es un punto de partida para evaluar políticas públicas más integrales. La estabilidad en el número de casos sugiere que el problema no ha cedido, pero también que existen condiciones para intervenir con mayor precisión. En ese contexto, el fortalecimiento de campañas preventivas y la ampliación del acceso a tratamiento marcan la ruta inmediata para modificar la tendencia.












































