May Rosas
UNACH Flex y la mirada sin fronteras de Oswaldo Chacón
La educación superior en México enfrenta una paradoja dolorosa. Miles de personas anhelan formarse profesionalmente, pero sus horarios laborales, responsabilidades familiares o la lejanía geográfica se lo impiden. Las universidades públicas tradicionales, ancladas en modelos presenciales rígidos, han respondido con lentitud a esta realidad. Sin embargo, el rector Oswaldo Chacón Rojas ha presentado una iniciativa que merece atención nacional. Se llama UNACH Flex, un programa de educación flexible, abierta y a distancia que la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas pone en marcha con una claridad conceptual poco común en el ámbito universitario mexicano.
La propuesta es sencilla en su formulación, pero revolucionaria en sus implicaciones. Un estudiante puede cursar una carrera profesional desde cualquier lugar, con solo una conexión a internet. No hay límite de matrícula, tampoco una edad máxima para ingresar. La convocatoria ya está disponible en el portal de la universidad y el requisito principal termina siendo haber concluido el bachillerato, además de presentar un examen de ubicación que identifique fortalezas y debilidades de cada aspirante. Esta última medida resulta inteligente porque permite personalizar el acompañamiento desde el primer día.
El programa arranca con 15 carreras. Seis de ellas corresponden a profesional superior universitario con sus respectivas licenciaturas en modalidad cuatrimestral, mientras que nueve licenciaturas operarán en sistema semestral. La oferta incluye también dos maestrías. Cada alumno recibe una matrícula que le da acceso a un asistente virtual permanente, una herramienta que lo conecta con asesores y le permite programar clases según su disponibilidad. No es menor este detalle. El asistente virtual funciona como un puente humano y tecnológico, evitando la sensación de abandono que tantos desertores de la educación en línea han sufrido.
La visión del rector Oswaldo Chacón merece un análisis aparte. Mientras muchos directivos universitarios se aferran a discursos defensivos sobre la presencialidad como único formato legítimo, Chacón ha entendido que la universidad pública del siglo XXI debe ensanchar sus puertas hasta hacerlas invisibles. La UNACH Flex no solo atiende a estudiantes dentro de Chiapas, ya hay alumnos bajo esta modalidad residiendo en Estados Unidos. Esa proyección trasciende el discurso de la internacionalización académica tan gastado en los folletos institucionales. Chacón está construyendo una universidad que desborda sus coordenadas geográficas sin necesidad de costosos campus en el extranjero.
Millones de personas trabajan jornadas completas, a veces dobles turnos. Muchas son madres o padres solos que no pueden trasladarse a un aula en horarios fijos. Otras viven en comunidades donde el transporte público es precario o inexistente. La educación en línea permite que todas esas personas puedan seguir superándose y actualizándose sin tener que renunciar a sus obligaciones económicas ni descuidar a sus familias. No se trata de una concesión menor. La posibilidad de estudiar desde casa después de una jornada laboral, o durante los fines de semana, convierte a la formación continua en algo viable, no en un lujo reservado para jóvenes sin responsabilidades.
La educación a distancia dejó de ser un recurso de emergencia o una opción de segunda categoría. Universidades como la Nacional Autónoma de México, el Tecnológico de Monterrey o la Universidad de Guadalajara han multiplicado sus ofertas virtuales en la última década. Lo que distingue a UNACH Flex es su apuesta por eliminar el límite de matrícula. Mientras otras instituciones mantienen cupos reducidos en sus programas en línea, la UNACH abre la posibilidad de que cualquier persona que cumpla los requisitos pueda inscribirse.
La infraestructura también recibe atención en el proyecto. Oswaldo Chacón mencionó que varios ayuntamientos han mostrado interés en instalar equipamiento tecnológico en sus territorios para facilitar el acceso a las carreras. La universidad buscará acercamientos con la Agencia Digital estatal y federal para trabajar en conjunto. Esta estrategia resulta clave porque el principal obstáculo para la educación en línea no es la voluntad de los estudiantes, sino la calidad de la conexión a Internet. En zonas rurales de Chiapas, el simple llamado a “estudiar desde casa” resulta burdo si no hay una política paralela de infraestructura. El hecho de que la UNACH esté gestionando apoyos con gobiernos locales y federales indica una comprensión realista de los desafíos.
La educación a distancia exige del estudiante una autodisciplina que no todos desarrollan. El acompañamiento tutorial, aunque promete un asistente virtual, tiene que demostrar su eficacia en la práctica. La calidad de los contenidos y la formación pedagógica de los profesores para entornos virtuales son variables críticas que definirán el éxito o fracaso de UNACH Flex. Sin embargo, el hecho de que la universidad haya optado por un modelo sincrónico parcial, con posibilidad de programar clases, sugiere un equilibrio entre flexibilidad y estructura. El estudiante no queda abandonado a su suerte frente a una plataforma, sino que tiene puntos de contacto regulares con asesores.
Es de reconocer que una universidad pública del sur de México está mostrando un camino que otras instituciones del centro y norte del país aún temen transitar. Oswaldo Chacón ha entendido que la innovación educativa no consiste en comprar pantallas o contratar plataformas costosas. La verdadera innovación es conceptual: aceptar que la universidad debe adaptarse a las personas, no al revés. Mientras miles de jóvenes chiapanecos emigran cada año buscando oportunidades en otras entidades o en Estados Unidos, UNACH Flex les ofrece la posibilidad de formarse sin desarraigarse.
Resta ver cómo evoluciona el proyecto en los próximos dos años. La matrícula efectiva, la tasa de retención y los indicadores de egreso serán los verdaderos termómetros. Pero el simple anuncio, con sus características de inclusión etaria, ausencia de límite de cupo y proyección centroamericana, merece ser seguido con atención. La educación mexicana necesita más apuestas como esta, menos miedo al cambio y una convicción clara. La universidad debe ir a donde está la gente, no esperar a que la gente llegue a ella. El rector Oswaldo Chacón lo entendió. Ahora falta que los resultados le den la razón.
Gracias querido lector, con gusto recibo comentarios, NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA…



















































