Comunidades denunciaron afectaciones por obras inconclusas y abandono de empresas constructoras
CARLOS RUIZ/PORTAVOZ
FOTO: ALEJANDRO LÓPEZ
La promesa de transformar el sur del país con un tren que conectaría Ixtepec con Suchiate se ha quedado varada. 10 meses después del plazo original proyectado, el llamado Tren Transístmico no solo acumuló retrasos, sino que exhibió la falta de coordinación, planeación y supervisión efectiva en una obra considerada prioritaria por el Gobierno mexicano. Lo que debía celebrarse como un símbolo de modernidad en el bicentenario de la anexión de Chiapas a México, hoy luce como una deuda con el sureste.
La ruta de 450 kilómetros, anunciada por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador como una de las obras insignia del sexenio, no solo no estaría lista para agosto de 2024 como se pactó, sino que su avance físico es tan desigual que pone en duda su viabilidad para 2026. Datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelaron que solo el 31 por ciento de los tramos ferroviarios en construcción en la región sur-sureste presentan avances superiores al 50 por ciento. En el caso del Transístmico, zonas como Ciudad Hidalgo, La Libertad y Puerto Chiapas muestran condiciones intactas desde hace meses.
Mientras se acumulan los días, las comunidades afectadas comienzan a perder la paciencia. En Huixtla, Villa Comaltitlán y Pijijiapan, la colocación de durmientes apenas inició. La Secretaría de Infraestructura (SEINFRA) reconoció que los retrasos obedecen en parte a las lluvias, pero también a “ajustes técnicos”, una fórmula que se ha vuelto común para justificar estancamientos. Según el Tercer Informe Trimestral de Gobierno federal, apenas el 42.6 por ciento del presupuesto asignado para la obra había sido ejercido hasta junio de 2024.
En Suchiate y Tapachula, la inconformidad es más visible. Las excavaciones abandonadas han provocado inundaciones, afectaciones en caminos y pérdidas para productores locales. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) reportó en su último ejercicio que al menos el 18 por ciento de las obras de infraestructura federal presenta impactos negativos no resarcidos a comunidades vecinas, sin mecanismos eficaces de reparación.
Más que una vía de desarrollo, el tren se está convirtiendo en un reflejo de las debilidades estructurales que han marginado al sur del país. Mientras Gobierno federal insiste en los beneficios futuros del proyecto, en el presente las afectaciones crecen y la incertidumbre se afianza.











































